Los comienzos del expresionismo: “Die Brücke” (1905-1913)

Aunque la palabra “expresionismo” parece haber sido usada en el ámbito artístico, como antónimo del “impresionismo”, en 1911, se considera 1905 el año de inicio de este movimiento estético que surgió en Alemania con el nacimiento de un grupo de artistas que se autodenominó “Puente”, “El puente” (Die Brücke), y al que le seguirá “El jinete azul” (Der Blaue Reiter), fundado por Kandinski y Marc (1911-1914).

Los miembros fundadores de Die Brücke fueron Ernst Ludwig Kirchner (1880-1938), Fritz Bleyl (1880-1966), Erich Heckel (1883-1970) y Karl Schmidt-Rottulff (1884-1976). A ellos se unió Emil Nolde (1867-1956) durante un corto período, Max Pechstein (1881-1955), Cuno Amiet (1868-1961) y Otto Mueller (1874-1930). Como se puede ver, casi todos ellos eran muy jóvenes en esos años. Sobre el nombre del grupo dice Heckel:

Si no vives junto a un río y no entras constantemente en contacto con un puente, difícilmente la palabra “puente” te parecerá tan obvia como a nosotros nos lo parecía. Al mismo tiempo, denota una conexión entre lo que existe ahora y un material pictórico futuro que se encuentra más allá de la corriente temporal respectiva (E. Heckel, Entrevista; cita tomada de aquí).

Las obras y la importancia de Die Brücke se mostraron en diversas exposiciones relativamente recientes en nuestro entorno. En 1993, la Fundación March organizó una muestra sobre el tema de la que podemos tener acceso a su catálogo y a algunas conferencias que la acompañaron. Y en 2005, el Museo Thyssen organizó otra a la que acompañó otro valioso catálogo. 

Tiempos de novedades

Los comienzos del siglo XX son tiempos de fuertes novedades estilísticas. Se intensifica la vocación de ruptura con el naturalismo a la par que se va asentando la legitimidad de realizar propuestas artísticas rompedoras. En la historia de la pintura siempre hay novedades y otras formas de mirar, ya que explorar nuevas maneras de composición pictórica es parte de su dinamismo propio. Pero hay algo que las diversas novedades mantienen (con muchos matices) hasta esta época: ser obras de corte naturalista, en las que la representación pictórica imita la apariencia de las cosas tal como se nos ofrece a la vista, sobre todo, en la representación de la figura humana. En este sentido, se separan de la tradición, aunque la mayoría reconocerán basarse en ella para hacer cosas nuevas.

El último cuarto del siglo XIX es la etapa del florecimiento y la consolidación del impresionismo, considerado como una innovación radical por el uso del color y la pincelada, entre otras cosas. También aparece como la culminación de esa senda naturalista mencionada ya que puede ser considerado como la plenitud de pintar lo que se ve, tal como se ve. Pero esto último, “tal como se ve”, ya introduce en la misma definición y contenido, la visión del artista. El impresionismo se convierte así en el gozne de una etapa de giro en la historia del arte: plenitud de una tradición e inicio de un cambio rupturista con dicha tradición, al hacer de la manera de pintar, tema de la misma obra.

En 1905, año de la fundación de Die Brücke en el Salón de Otoño de París, Matisse, Derain y Vlaminck, entre otros, exponen también sus obras. El crítico Vauxcelles escribió una crónica en la que utilizó la expresión “Donatello entre las fieras (fauves)”, que servirá para denominar como fauvisme (“fauvismo”, “fovismo”) al estilo de estos artistas “salvajes”. Entre el fauvismo inicial y las propuestas de Die Brücke, hay una afinidad especial. En ese año de 1905, Picasso pinta cuadros de su “período rosa”, y en 1907 acabará “Las señoritas de Avignon”, considerada como la obra que da inicio a los desarrollos del cubismo. Por otro lado, en 1911 llega a París Chagall, quien desarrollará su estilo personal entre la efervescencia creativa de esos años (reflexión, aquí). Luego vendrá la propuesta del Dadaísmo (1916-1923; reflexión aquí), precursora del Surrealismo cuyo Manifiesto es de 1924 (reflexión aquí); la Escuela de la Bauhaus será fundada en 1919…   

En todas estas propuestas hay elementos comunes:

L. Kirchner, Fränzi ante una silla tallada (Museo Thyssen, 1910)
  • El trazo y el color son señales distintivas, como ya nos enseñó el impresionismo. La diferencia será la ruptura con el naturalismo figurativo. Aparece la deformidad en el dibujo, el uso no realista de los colores, aunque algunos pasan de un impresionismo radical a este nuevo estilo.
  • Ruptura con la tradición académica. No con la tradición o con la historia del arte: los miembros de Die Brücke mencionan como referencia su propia tradición alemana. Pero sí se da un rechazo del canon académico en el que parece concentrarse la sabiduría de la tradición. Los miembros fundadores del grupo, estudiantes de arquitectura, valoran el ser autodidactas, aunque conocen la historia del arte. 

Llenos de felicidad, descubrimos una perfecta consonancia en el afán de liberación, en pos de un arte lanzado hacia adelante como un huracán, no refrenado por convención alguna (Pechstein, en sus Memorias).

Los dos pintores cercanos que tuvieron una fuerte influencia en las propuestas de Die Brücke son Van Gogh (1853-1890) y Gauguin (1848-1903; reflexión aquí). También reconocerán la importancia e influencia de Munch (1863-1944),  que ya había pintado El grito en 1893, y al que invitaron a sumarse al grupo, aunque no aceptó, como tampoco lo hizo Matisse. 

Nos percatamos de la identidad de nuestros anhelos y nuestro entusiasmo ante la visión de las obras de Van Gogh y Munch… Fue este quien más entusiasmó a Kirchner (Pechstein, 1918).

Unir arte y vida

En los catálogos citados, la profesora Moeller destaca como propio del grupo Die Brücke el ideal de unir arte y vida. Buscan nuevas formas artísticas que tengan una fuerte dimensión vitalista. En el programa escrito, grabado en madera por Kirchner y publicado como hoja volante en 1906, se dice:

Pechstein, Mujer joven con abanico rojo (1910)

Con la fe en la evolución, en una generación nueva tanto de creadores como de gozadores de arte, convocamos a toda la juventud y, como juventud portadora del futuro, deseamos procurarnos libertad de brazos y de vida frente a las fuerzas bien establecidas y más viejas. Está con nosotros todo el que refleja, directamente y sin falsearlo, aquello que le impulsa a crear (cita tomada de aquí).

El empuje vital que apunta a la novedad se opone a lo “establecido” y “viejo”, como dicen, que en el ámbito del arte en esta época es lo académico. Hay que romper con lo viejo, con lo canónico, ya que la lógica del arte es la lógica de la novedad y la creatividad, propiedades también de la vida. Vida y arte comparten un modo de ser que apunta a la novedad. Esta unión se ve tan fuerte que ven en el arte el modo de ser propio de la vida humana, una vida llamada a ser configurada según la lógica del arte.

Esta valoración de lo vital estaba muy presente en el mundo de las ideas con el vitalismo, movimiento de ideas internamente plural. Para estos artistas, la referencia principal será Nietzsche. No está de más mencionar que un importante libro de Bergson, La evolución creadora, se publicó en 1907, los años de actividad de este grupo. Su idea del élan vital parece estar presente en el proyecto artístico de este grupo.

El hombre es una cuerda, anudada entre el animal y el superhombre, una cuerda sobre un abismo. Una peligrosa forma de pasar, una peligrosa forma de subir, una peligrosa forma de mirar atrás, una peligrosa forma de estremecerse y quedarse quieto. Lo grande del hombre es que es un puente y no un fin: lo que se puede amar del hombre es que es una transición y una caída (Nietzsche, Así habló Zaratustra, Primera parte, Prefacio de Zaratustra, 4). 

Espontaneidad

Tuvieron la oportunidad de estudiar el desnudo -base de todo arte visual- en su libertad natural. Del dibujar de ese modo nació el deseo, común a todos ellos, de inspirarse en la vida misma y de someterse a la experiencia directa (Kirchner, Crónica del “Brücke”, 1916).

Kirchner, Playing Naked People, 1910

En la vida social, hay una fuerte presencia de usos y vigencias. Uno de esos usos hace referencia al vestir y al significado de la desnudez, algo transversal en las diversas culturas. Los miembros de Die Brücke querían vivir una especie de sueño utópico que ve en la desnudez un naturalismo opuesto a la artificiosidad de la cultura. La importancia de los desnudos en sus obras es grande. Esto recuerda algo de ese sueño de Gauguin que viajó al Pacífico en busca del “paraíso perdido”.

En este grupo hay una fuerte valoración de la espontaneidad tanto en la ejecución de la obra como en los motivos representados. La espontaneidad es una característica ligada al impulso vital, al dinamismo propio de la vida. La rapidez del dibujo, base del arte para ellos, y de las pinceladas al pintar el movimiento de los cuerpos, pretende comunicar ese dinamismo. Se quiere captar la experiencia sensorial y vital, no al modo impresionista, no pintando la impresión fugaz del sujeto que ve, sino la experiencia producida. Captar la vida como es, en movimiento. La danza se convertirá en una síntesis de dinamismo vital y arte, donde el cuerpo en movimiento expresa la unión de arte y vida. Ellos decían a sus modelos que se moviesen. Tenían como criterio que solo podían estar quince minutos en la misma postura. O captar la postura de otro pintor del grupo en una posición “que no mira a la cámara”: dormido, por ejemplo, en postura poco elegante, se podría decir.

Al dinamismo expresado en el trazo apresurado se une la exaltación del color. Gauguin y Van Gogh fueron inspiración directa para ellos como decía.

Entre el arte primitivo y la ciudad

L. Kirchner, Escena de calle en Berlín (1913-1914)

Una variante de la naturalidad buscada es el aprecio que tuvieron por el llamado “arte primitivo” del Pacífico y África que conocieron en los museos etnográficos, en torno a 1910. Esto recuerda, otra vez, a Gauguin, a ese ideal que interpreta lo primitivo como algo auténtico, más natural, alejado de un modo de vida regulado por la razón, planteamiento que ellos rechazan. Todo esto es un tópico ilustrado demasiado etnocentrista. Las piezas que valoran se califican como “primitivas” desde una supuesta modernidad respecto de la cual lo antiguo se considera primitivo. Que los estilos artísticos, animados por una concepción diferente del arte, sean estables a lo largo del tiempo, no significa que sean primitivos. Son antiguos, ancestrales y duraderos.  

Pero todo esto sí habla de que el uso de la razón y sus obras, entre ellas, las obras de arte, está ligado a un modo de vida. Según los intereses y valoraciones que se tengan se acentúan algunos usos de la razón en detrimento de otros, lo que contribuye a forjar diferentes estilos de vida. La fugaz propuesta artística de Die Brücke pretendía expresar esos ideales de nuevas formas de vida a través de formas de arte liberadas de cualquier canon.

Todos estos ideales “naturalistas” cambiarán cuando se desplacen a Berlín desde Dresde. Los estudiosos subrayan los cambios producidos entre 1911 y 1913 tras el contacto con la gran ciudad y sus formas de vida, alejadas de esa armonía soñada. El estilo común que habían trabajado por lograr, se va rompiendo. Los estilos individuales se irán diferenciando.

Conclusión

Die Brücke: una propuesta que inició una corriente estilística que recibirá en nombre de “expresionismo”, corriente central del siglo XX que tendrá desarrollos diferentes y plurales. En esta nueva propuesta domina el ideal de vida artística, el dibujo rápido, el uso “salvaje” del color… Se rompe con el naturalismo figurativo para expresar una nueva forma de vida natural, primitiva. Es una pintura figurativa pero no naturalista. Como si se dijese: para ver la realidad tal como es, ya tenemos la vista. Estos artistas representan lo que se ve de formas extrañas, llamativas, donde el carácter de imagen del cuadro es evidente. Llaman la atención sobre aspectos que nos hacen ver lo real con otros ojos. Ven en la vida un dinamismo que quieren transmitir para recordar el impulso vital que define esa vida.

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