“Con la muerte en los talones” (1959), de Hitchcock. Reflexiones sobre el cine

Con la muerte en los talones (“North by Northwest”) es una película dirigida por Alfred Hitchcock en 1959, estrenada en el festival de San Sebastián de ese mismo año. Fue un gran éxito de público que mantiene hoy el prestigio crítico así como una gran aceptación popular. El mayor valor de esta película es que se trata de una obra muy entretenida que mezcla con ingenio el suspense, la intriga y la comedia, una película con la que el espectador pasa un muy buen rato a pesar de su larga duración (136 minutos). Hitchcock trabajó durante un año con E. Lehman para pulir el guion original. La música de B. Hermann colaboró de manera muy eficiente en el resultado final.

El gran director francés François Truffaut, junto con Helen Scott, entrevistó al director inglés entre 1962 y 1965, haciendo un repaso exhaustivo de su filmografía. Estas conversaciones fueron recogidas en un libro de referencia que lleva por título El cine según Hitchcock (primera edición de 1966, con un añadido de 1983; utilizo la edición de Alianza de 1996). Dice Truffaut: 

Ha aceptado usted la idea de que ese film era un poco como el resumen de su obra americana (p. 217).

Un publicista maduro, Roger O. Thornhill (Cary Grant) es tomado por los enemigos por un espía norteamericano (el Sr. Kaplan) que en realidad no existe. Este fue creado por la Inteligencia norteamericana como señuelo para poder desviar la atención de la mujer infiltrada por la misma organización, Eve Kendall (Eva Marie Saint), y que forma parte del séquito del enemigo investigado por ellos (James Mason). La película tiene un argumento rocambolesco, resumido por el mismo protagonista en el último tercio de la película para orientar al espectador perdido, en la que se suceden escenas memorables: la divertida subasta, la persecución con un avioneta de fumigación en un terreno llano y solitario o la huida por la cara de la gran escultura de los presidentes del Monte Rushmore, escultura que tuvo que ser reproducida parcialmente en estudio tras la negativa de las autoridades para rodar in situ, algo que encareció mucho el presupuesto… El ingenio del protagonista para salir de situaciones de peligro, el tono de comedia, el ritmo trepidante dosificado por tranquilas escenas que van narrando una historia de amor y de espionaje, culminan en una escena final llena de tensión.  

A Hitchcock le gustaban los falsos culpables en sus argumentos. Le daban mucho juego en sus historias: sospechas, búsqueda de solución de enigmas… Las falsas identidades son un motor argumental muy potente. Aquí, el protagonista es tomado por el espía que los enemigos buscaban. Para colmo, ese espía no existe, es una identidad inventada, aunque le reservan habitaciones de hotel, etc. Pero al ser tomado por alguien que no existe, el error sirve para llenar ese hueco, error que hace posible que el engaño sea más creíble. 

Una vuelta de tuerca más: en un acto de torpeza mayúsculo (coger el cuchillo con el que es asesinada otra persona) es tomado por asesino, aunque en realidad no lo es. Se convierte en alguien perseguido tanto por la policía como por los enemigos. Para salir de esta difícil situación debe buscar al verdadero Sr. Kaplan. Habrá una falsa muerte… Un esquema argumental ciertamente complicado. Todo es un juego de engaños, de engaños sobre engaños, de falsas apariencias. Nadie es quien dice ser. 

Lo comercial y lo artístico

¿Cuáles son las finalidades principales de las películas? A lo largo del tiempo, las reflexiones sobre el cine, tanto de carácter académico como las más cotidianas, reflejan una tensión. Por un lado, son productos muy costosos, muy caros. Están destinados a la venta. La dimensión comercial del cine es clara, aunque a veces, la financiación de las películas no consigue los retornos necesarios. Sin irnos a cuestiones de debate sobre el modo de financiar películas, que la película tenga un gran público es un objetivo común a la mayoría de las películas.

Por otro lado, está la faceta artística. El cine es una de las artes, el arte del siglo XX, como decía Julián Marías. La dimensión estética y artística subraya cualidades que a veces parecen entrar en contradicción con la dimensión comercial. Se va deslizando la idea de que lo artístico apela a un público más minoritario, “selecto”, frente a lo más comercial que sería más “vulgar”.

Lo comercial y lo artístico no tienen por qué contraponerse. Esta película es un buen ejemplo, como lo son muchas películas de Ford, Mankiewicz, Fellini y tantos otros. También ellos tuvieron fracasos de taquilla, y no todas sus obras tienen el mismo valor artístico. Hitchcock fue un director muy comercial. Esto condujo a que la crítica especializada no lo considerase como un gran artista, algo que con el paso del tiempo se ha ido corrigiendo, sobre todo desde que la crítica francesa de los años 50-60 destacase su valía.

Lenguaje cinematográfico

Hitchcock pasa por ser uno de los cineastas “más puros”. Con ello se quiere decir que él pretendía hacer cine que fuese puro cine, utilizar un lenguaje puramente cinematográfico, visual. Empezó en el cine mudo, forma de hacer cine que admiraba y que contaba sus historias sin palabras (cuantos menos intertítulos, mejor, decía).

Solo se debería recurrir al diálogo cuando es imposible hacerlo de otra forma (p. 52).

La famosísima escena de persecución con la avioneta, que dura algo más de siete minutos, es un desafío narrativo que, además, fue resultado de querer hacer lo contrario a lo que se hacía en escenas de persecución de  montaje acelerado y planos cortos. Aquí los planos son largos para que el espectador tenga la conciencia de las distancias, para que vea que el protagonista no puede escapar corriendo, presentando el avión con antelación antes de que empiece a perseguirle… 

Como otros grandes directores, Hitchcock forja el lenguaje cinematográfico que no tiene su principal sostén en la palabra. Al ser efectivo, los espectadores no nos damos cuenta de la proeza narrativa de crear suspense con un montaje de diversos planos que nos hacen saber o no saber lo que está pasando…

Entretener

Hitchcock busca el puro entretenimiento, que el espectador se olvide de sí, que pase un buen rato. El carácter de divertimento y de evasión es muy claro en una película como esta. 

Las películas, sobre todo si son buenas y se ven en el momento oportuno, captan la atención. Algunas de ellas consiguen que el espectador se olvide de sí mismo durante el tiempo de visionado. El carácter de diversión de la película, el provocar que el espectador esté orientado hacia afuera, hacia lo que pasa, está muy marcado. Que una película capte y mantenga la atención se puede lograr narrando aventuras, resolviendo un enigma, relatando una situación social, presente o de tiempos pasados, o contando una historia de amor, por poner algunos ejemplos. Las historias bien contadas nos entretienen. Nos entretiene tanto la forma de contarlo como el argumento. Ambos forman una unidad indisociable.

Algunas películas pueden invitar a la reflexión y dejar un poso sentimental algo duradero. Un drama histórico, una historia de amor, una biografía, ficticia o no, pueden despertar preguntas, plantear cuestiones vitales. Como es frecuente afirmar, el buen cine, así como las demás artes narrativas (y no narrativas), ensanchan nuestra mirada sobre lo humano, enriquecen nuestra experiencia, y pueden abrirnos a un trabajo sobre nosotros mismos tras vernos interpelados o reflejados en la historia.

Esta conversión (lo opuesto aquí a “diversión” como repetía Julián Marías), esta vuelta hacia uno mismo, puede acompañar el visionado de la película y puede mantenerse después de ser vista. El cultivo de sí o la reflexión sobre algún tema, puede ser un efecto beneficioso del cine. El cine no solo entretiene, sino que informa sobre problemáticas y situaciones de muy diversa índole, plantea cuestiones morales y políticas, etc. 

Una película como Con la muerte en los talones, parece que solo cumple la función de entretener. No se logra más. No lleva a la reflexión sobre la condición humana ni sobre nuestra propia vida. Es un puro divertimento, algo necesario a veces. Necesitamos descansar. A veces solo eso. La famosa catarsis de la que habló Aristóteles, a veces consiste solo en una purificación de nuestro ánimo derivada de la despreocupación del puro divertimento que no tiene más pretensión que la de entretener. A veces usar bien el tiempo es solo “pasar un buen rato”. Hitchcock sabía cómo hacerlo.

Suspensión de la incredulidad

Hitchcock juega con las historias, con la credibilidad del argumento y de las situaciones de cara a crear un estado de diversión en el espectador, de cara a captar su atención para que se deje llevar por la historia. En 1817, Samuel Taylor Coleridge usó la expresión “suspensión de la incredulidad” para nombrar un acto voluntario del espectador, de obras de teatro en principio, que admite como verdaderos los mecanismos de ilusión de realidad que pueden ser vistos como tales. Esas olas de cartón que se mueven en varias líneas en paralelo sobre el escenario de una obra de teatro o de una ópera se aceptan como una representación del mar, por ejemplo. 

Esta suspensión del juicio crítico se puede ampliar. El género fantástico, de lo maravilloso, de todos aquellos cuentos e historias en los que los animales hablan, las personas vuelan… Bien, decimos: en este mundo imaginado este tipo de cosas son posibles. En este mundo, aceptamos, rigen estas normas. Lo verosímil en este mundo será lo acorde con esas reglas y la coherencia en el respeto de las mismas.

Umberto Eco utilizó la expresión “pacto ficcional” (Seis paseos por los bosques narrativos, 1996, p.85) para nombrar el pacto tácito entre el autor y el lector en el que se admite como verdadero lo que se cuenta. Verdadero en este libro de ficción que narra una historia imaginada (“la verdad de las mentiras” de las que hablaba Vargas Llosa).

El guion de Con la muerte en los talones, las peripecias del protagonista, no tienen mayor credibilidad. La suspensión y el pacto citados funcionan desde el principio. Ver a un Cary Grant de 55 años cuando hizo esta película, al lado de su madre en la ficción (Jesse Royce Landis, con 63 años) nos da bastante igual. Que coja el cuchillo del muerto en la ONU, que se le pretenda matar con una avioneta… Son escenas “vacías de verosimilitud” como le dice Truffaut en el libro-entrevista citado, afirmando el gusto de Hitchcock por “la fantasía fundada en el absurdo” (cf. p. 222).

El hecho es que este gusto por el absurdo lo practico de manera totalmente religiosa (p. 222).

Las escenas pueden ser, según el parecer de Hitchcock, totalmente “gratuitas”, sin fundamento, siempre que guarden cierta coherencia con el resto de la historia:

por muy gratuita que sea una escena no puede introducirse de una manera totalmente gratuita (p. 224).

Hitchcock subraya el carácter “gratuito” de muchas escenas, de muchas de las cosas que pasan en esta película. A nada que se piense un poco, son “absurdas”. No siempre es así, ni mucho menos, en Hitchcock. Vértigo (1958) o La ventana indiscreta (1954) pueden dar lugar a reflexiones de cierto calado sobre la condición humana. En Con la muerte en los talones, su “gusto por el absurdo”, por lo “gratuito”, es más intenso que otras obras suyas. 

El mismo título original, North by Northwest, al norte por el noroeste, es una dirección que no está presente en las brújulas. Ya indica el tono de la película.

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