“El séptimo sello” (1957), de Bergman (1). “La muerte como única certeza”

El séptimo sello (“Det sjunde inseglet”) es una película escrita y dirigida por Ingmar Bergman (1918-2007) estrenada en 1957. Le costó encontrar financiación para este proyecto y tuvo que realizarla con un bajo presupuesto. Además, contó con un tiempo de rodaje corto.

Bergman compaginó la dirección de películas con la de obras de teatro durante su larga trayectoria artística de 60 sesenta años. La relación del cine con el teatro es esencial para profundizar en la concepción de este gran autor como, por ejemplo, en Persona (1966), ya comentada aquí. El séptimo sello, de hecho, está basada en una obra de teatro escrita por él mismo, Pintura sobre tabla, que nació como actividad pedagógica con sus alumnos. Por otro lado, la utilización de un personaje alegórico, la Muerte, tienen una clara raíz en el teatro medieval. También utiliza diversas formas de representación dramática en el desarrollo argumental, como las pinturas narrativas de los templos, las obritas de teatro de los juglares, incluso una procesión de flagelantes que tiene un fuerte carácter dramático.

El mismo Bergman nos cuenta que la trama y las ideas fundamentales de esta historia están arraigadas en su niñez. Sus visitas a iglesias acompañando a su padre, pastor, le permitieron conocer las pinturas de sus paredes, donde conoció la obra de Albertus Pictor, La muerte juega al ajedrez, clara referencia en esta historia. A ello se unió todo el poso educativo en el que la presencia de lo religioso y moral en la visión del mundo y de la vida era muy destacada. Esas preocupaciones religiosas y antropológicas estarán muy presentes en su obra, de manera muy explícita en esta película en particular.

La película narra el regreso de Antonius Block (interpretado por Max von Sydow), Caballero que vuelve a su casa, a su castillo en Suecia, tras estar diez años luchando en las cruzadas. Le acompaña Jöns, su Escudero (Gunnar Björnstrand). En este viaje se irán encontrando con situaciones que definirán un clima social y una problemática existencial. El mundo de los juglares y saltimbanquis, las procesiones de flagelantes con presencia de predicadores, la quema de una joven acusada de brujería, serán otros personajes de esta cinta. Todo ello determinado por la presencia de la peste, plaga mortífera de la que quieren huir. En esta obra, actualización del teatro medieval, destaca la aparición del personaje alegórico de la Muerte, soberbiamente interpretado y caracterizado por Bengt Ekerot, y con quien el Caballero jugará una partida de ajedrez a lo largo de este pequeño viaje.

El teatro medieval, tanto en las llamadas “moralidades” como en los autos sacramentales, utilizaba personajes alegóricos. Eran catequesis populares que se representaban cerca de iglesias normalmente (puede verse más información aquí y aquí). Bergman utiliza un recurso del teatro medieval en una película ambientada en la Edad Media, y lo hace de una manera muy cinematográfica, que gusta a la mayoría de los espectadores. También utiliza al final la impactante “danza de la muerte” (o “danza macabra”) con la que se expresaba la universalidad de la muerte, la igualación de todos ante la muerte (más detalles aquí).

Este recurso hace de la película una alegoría. Podría decirse que la película discurre en dos planos: el “real” y el alegórico de la partida, pero, además del Caballero, uno de los personajes verá la Muerte, y todos al final, verán. Con lo cual, toda la película es una alegoría. Como dice Bergman en el Prólogo a su guion:

El Séptimo Sello es una alegoría con un tema muy simple: el hombre, su eterna búsqueda de Dios, y la muerte como única certeza.

La película está ambientada en la Edad Media. No pretendió ser precisa desde un punto de vista histórico, sino enmarcar la historia en un ambiente. Los anacronismos ya han sido señalados por especialistas y no parece que falseen la descripción general de los tipos de vida de esa época en el norte de Europa. En ese sentido algo amplio y elástico, la película realiza una buena ambientación aunque suponga una selección incompleta en una situación muy singular como es la de la epidemia de la peste.

“La muerte como única certeza”

Uno de los aspectos más llamativos de esta historia es la presencia del miedo. Todos tienen miedo intenso por algo. La causa más inmediata, que todo lo rodea, es la cercanía de la muerte. La peste es muy contagiosa, provoca una muerte prácticamente segura antecedida por enormes sufrimientos. La probabilidad de morir pronto es muy alta, lo cual le da una coloración intensamente dramática a la vida. No se trata solo de la certeza del hecho de la muerte, de que moriremos aunque no sepamos cuándo (mors certa, hora incerta).

La “peste negra” alcanzó su punto culminante en Europa desde 1347 a 1351, y se propagó siguiendo la ruta de la Seda por Eurasia y norte de África provocando la muerte de hasta 200 millones de personas (información detallada, aquí). Se calcula que en Europa murieron entre 25 y 40 millones, cerca de la mitad de la población.

La muerte les es presente a estos personajes, por lo que la conciencia de mortalidad y de fragilidad es altísima. La situación es muy diversa si se confía en tener un futuro relativamente largo por delante. Plantearse de manera seria cómo vivir es una exigencia derivada de vivir esta situación atroz, como también lo es el analizar cómo se ha vivido hasta ahora, cosa que explícitamente hará el Caballero en una especie de confesión de pecados que realiza en un momento dado.

He gastado mi vida en diversiones, viajes, charlas sin sentido. Mi vida ha sido un continuo absurdo. Creo que me arrepiento… ¡Fui un necio! En esta hora siento amargura por el tiempo perdido, aunque sé que la vida de casi todos los hombres corre por los mismos cauces..

Pero no solo la muerte provocada por la peste llena el horizonte. En la película se da una presencia muy alta de la violencia física: violentar a las mujeres o herir con arma blanca a personas que hayan ofendido son tipos de actos frecuentes que hoy declaramos delictivos y que se persiguen. Entonces, como hoy, vivir en un ambiente donde la posibilidad de la muerte violenta es muy alta por la presencia de una alta delincuencia, por vivir en zonas de guerra o con una tasa alta de terrorismo, da a la vida un tono diferente al de vivir en tiempos de seguridad estable. Lo mismo se puede decir de la seguridad que ofrece un sistema sanitario fuerte a pesar de que también sabemos que nadie está libre de sufrir plagas. Vivir la contingencia de la vida, la inseguridad, explica la aparición del miedo así como la necesidad de un planteamiento radical de la vida. Y esto aparece en esta película con claridad.

La muerte juega al ajedrez c. 1480, Albertus Pictor, pintor alemán (1440-1507) (Iglesia de Taby, Suecia)

La violencia física se ejercita también en el ámbito religioso, como con la quema de personas (de “brujas”), o la existencia de penitentes que se flagelan con dureza. Se menciona con fuerza la idea de que la peste es un “castigo divino” por el mal comportamiento. De todo ello se da una visión muy física, muy corporal, muy externa a la subjetividad y a la interiorización, lo que compromete la comprensión de la libertad. Por lo tanto, en esta visión se une de manera muy estrecha la muerte con la vida moral. Si se considera la peste como un castigo, se entiende que hay una relación estrecha entre el comportamiento y el mal sufrido. Comportamiento, enfermedad, violencia, muerte se presentan unidos. La resultante es la presencia de un intenso miedo que modula este tipo de vida.

El miedo también está presente por otra razón. Ante la inminencia de la muerte, el miedo sobre si habrá o no un después, un Cielo, o será la nada, lo que provocaría angustia y crisis de sentido. Este temor lo sienten muchos de los personajes de esta historia.

De entre los personajes de esta historia, dos de ellos se distinguen del resto. Son los saltimbanquis José y María. Son alegres, sencillos, infantiles. Se quieren. Su vida es luminosa, lo que contrasta de manera muy neta con todo el ambiente que les rodea.

Bibi Andersson y Nils Poppe, como José y María (Jof y Mia), que llevan en sus brazos a su hijo en El séptimo sello (Bergman, 1957). El tratamiento iconográfico de esta imagen alude a María y José, con el niño Jesús. El niño en la historia se llama Miguel, en referencia al arcángel San Miguel que en la tradición cristiana vence al diablo.

Poner la vida al tablero

“Poner la vida al tablero” es una locución en desuso con la que se expresa la idea de arriesgar la vida como un jugador lo hace con su dinero. Hay ejemplos en nuestra tradición literaria, como en La Celestina o en las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique:

    Después de puesta la vida

    tantas veces por su ley

    al tablero;

    después de tan bien servida

    la corona de su rey

    verdadero;

    después de tanta hazaña

    a que no puede bastar

    cuenta cierta,

    en la villa de Ocaña

    vino la Muerte a llamar

    a su puerta.

    (Copla XXXIII)

Es esto precisamente lo que hace el Caballero: poner la vida al tablero.

 – Antonius, el Caballero: Por eso quiero emplear esa prórroga en una acción única que me dé la paz.

– La Muerte: Por eso juegas al ajedrez con la muerte…

Famosa imagen de El séptimo sello (Bergman, 1957) donde la Muerte y el Caballero se juegan el color de las piezas antes de empezar la partida. Los dos rostros están iluminados de frente, como si hubiese dos soles, o dos lunas, construyendo una imagen de una fuerza dramática singular. Bergman afirmó en relación a este punto que si el espectador acepta que se pueda jugar una partida con la Muerte, también aceptará que haya dos focos de luz naturales.

Tras constatar la insatisfacción por su vida, y ante la inminencia de la muerte, quiere realizar una acción que le dé la paz que ahora no tiene. La Muerte accede a jugar, y el Caballero hallará la ocasión para realizar esta acción. Para ello engañará a su oponente con un sencillo ardid facilitando la huida de los dos personajes más bondadosos de la historia, María y José, junto a su hijo Miguel.

En esta apuesta, se da a entender que una sola acción, esa buena acción que busca, equivale en cierto modo a las innumerables acciones de toda una vida pasada. Parece que las matemáticas fallan. Si las acciones pasadas causan insatisfacción, una sola futura puede dar la serenidad anhelada. Pero las “matemáticas” no fallan si hay acciones que consideramos que tienen una validez absoluta, que realizan el bien por sí mismas. Siendo finitas, son válidas y, por lo tanto, tienen sentido.

  • Alcanzar y hallar la verdad, sobre todo si hay un esforzado proceso de búsqueda, es alcanzar algo que tiene valor definitivo en su orden.
  • Una bella obra de arte muestra un carácter literalmente in-mejorable. En su limitación, tiene una validez que merece conservarse.
  • Las buenas acciones en sentido moral participan de esa característica de validez. Ayudar a alguien que se ha caído y que manifiesta con claridad su fragilidad, es una buena obra, válida por sí misma.

Esta validez intrínseca de algunas obras no agota la capacidad de obrar. Siempre se pueden realizar otras obras de arte, incluso mayores. La historia de la investigación nunca se agotará. La vida moral continúa. Toda obra es finita, pero estas obras tienen una validez intrínseca en la que se da, por lo tanto, una desproporción. En lo limitado se realiza lo definitivo en cierto orden, algo que se ajusta al anhelo humano.

En este sentido, creo que el Caballero acierta en el planteamiento de la apuesta. Y, además, como él mismo cree, ha ganado. Su corazón estaba vacío como él dice, y el bien hecho y recibido es lo que le da paz. Ha hecho el bien a los saltimbanquis de corazón puro, y de ellos lo recibió cuando compartió un momento de amistad inolvidable.

Siempre recordaré este día. Me acordaré de esta paz, de las fresas y del cuenco de leche, de vuestros rostros a esta última luz. Me acordaré de Miguel así dormidito y de José con su laúd. Conservaré el recuerdo de todo lo que hemos hablado. Lo llevaré entre mis manos, amorosamente, como se lleva un cuenco lleno de leche hasta el borde… Me bastará este recuerdo como una revelación

Estas reflexiones continuarán en una segunda entrada, con la segunda parte de su afirmación: la eterna búsqueda de Dios.

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