En una entrada anterior reflexioné con Munch y Picasso sobre la representación del sufrimiento en la pintura. En esta ocasión propongo ver algunas facetas de la alegría, uno de los sentimientos y estados de ánimo fundamentales de la vida humana, ingrediente de una vida con sentido, de una vida plena.
Alegría, fiesta, diversión

Juntarse con familiares de distintas generaciones es una forma común de celebrar. Muchas veces, este tipo de encuentros festivos tiene un tono bullicioso cuando son muchos los que se juntan, y más si hay música que aparece, normalmente, después de comer y beber. Jan Steen refleja bien el jolgorio y el desorden, la alegría desenfadada, aunque no sin una advertencia con intención moralizadora que aparece en el papel que cuelga en la chimenea: Soo D’Oude Songen, Soo Pypen De Jonge (“Como canta el viejo, el joven toca” o “de tal palo, tal astilla” diríamos nosotros).

En este famoso cuadro de Peter Brueghel el Viejo (La boda campesina) también hay música, comida y bebida. Es una reunión familiar, aunque está convocado todo el pueblo (muchos se agolpan a la entrada). Pero no hay risas. Es una fiesta más comedida que la que pinta Steen, más recatada. Una fiesta debería ser alegre, y si la celebración es en grupo a la hora de comer, parece lógico que la alegría fuese manifiesta, algo que sí aparece en Danza campesina que, argumentalmente, bien podría ser una escena posterior a la de la comida. Podemos pensar que los usos sociales pedían cierto decoro en la comida a la espera de una alegría jovial posterior.

Las fiestas tienen que ver con la lógica de la sobreabundancia. Si se puede, organizamos un banquete, una comida especial. En este exceso, concordante con la alegría que se desborda, podemos experimentar una alegría sensual, una alegría muy sensible, muy física. Esta es una forma palpable de vivir el sentido de la vida. No afirmo que este sentido consista solo en comer y beber en banquetes o cosa parecida. Lo que pretendo expresar es que el bien de la vida es algo que podemos, y debemos, experimentar físicamente, corporalmente. Comer y beber en una alegre fiesta tiene un valor y significado espiritual y humano.
En todas estas obras reconocemos experiencias vitales donde la alegría se une a la fiesta (sobre la fiesta reflexioné en esta otra entrada). Elementos comunes y universales en ella son la comida y la bebida, la música y el canto, los bailes. Si se da un buen ambiente, puede ocurrir que los comportamientos sean desenfadados, como si el ambiente propiciase una cierta ruptura o relajación de normas sociales ordinarias, algo que se considera legítimo aunque, como sabemos, puede haber excesos intolerables. El ambiente jovial, que libera de ciertas etiquetas o expectativas sociales, puede ayudar a expresar una alegría de formas no acostumbradas aunque sí deseadas, como en la bonita escena final de El festín de Babette (G. Axel, 1987; reflexión aquí) donde los vecinos bailan juntos en corro con el corazón alegre después de la exquisita cena. Es la alegría como ligereza, lo opuesto al vivir la vida como carga que oprime.

No sé si se puede calificar de fiesta lo que vemos en el cuadro de Renoir del Baile en el Moulin de Galette, pero sí hay un aire festivo y alegre en esta reunión social. Un parque de la ciudad en el que suena música, al que se va a conversar, estar juntos y bailar. Una escena que, aunque no haya risas, sí refleja la alegría de vivir. Un gran cuadro en el que la amistad y la diversión están muy bien expresadas.
La fiesta puede ser jolgorio, puede ser bulliciosa, de una ruidosa y movida alegría. La alegría festiva también puede ser mucho más sosegada, como en los cuadros de Renoir.

Otro famoso ejemplo de este pintor es El almuerzo de los remeros. Es una terraza a orillas del Sena, cerca de un lugar en el que se alquilaban barcas para el paseo por el río, este local en el que, además de comer bien, se bailaba hasta altas horas de la noche. Renoir visitaba el sitio con frecuencia, y compone el cuadro pintando retratos de sus amigas y amigos, un bodegón… Un cuadro donde la luz que atraviesa el toldo lo ilumina todo. En una frase muy citada, el pintor expresa con claridad su visión:
Para mí, un cuadro debe ser algo amable, alegre y hermoso, sí, hermoso. Ya hay demasiadas cosas desagradables en la vida como para que nos inventemos más.
Alegría: sensación vital
Jorge Guillén concebía la alegría como dicha de ser y concordancia que colma (traté este tema en esta entrada). En estos ejemplos pictóricos citados se vincula la alegría a la exitosa sensación de vivir, una sensación muy física, propia de la comida, la música, el movimiento del baile… Nada de ello lo solemos considerar como la plenitud de la vida, algo que asociamos al amor, al sentido o al reconocimiento de la dignidad, por ejemplo.

Pero en el baile alegre, ¿no experimentamos la plenitud del vivir? ¿No puede ser el baile una experiencia de una intensa vitalidad? ¿Un baile a solas, con auriculares en nuestra casa, sin pasar ninguna clase de vergüenza por el tipo de movimientos libres que realicemos, o en grupo con confianza libre, no es una experiencia fuertemente sensible de una “concordancia que colma”? Si estamos alegres nos resulta natural bailar. Y la viceversa también se da: bailar es causa de alegría, anima.
Si somos un “alguien corpóreo”, como decía Marías, la alegría, sentimiento vital por excelencia, se vive como la misma sensación de vivir en plenitud. Chagall, con su estética colorista, expresó la alegría en diferentes formas. El cuadro de 1951, La danza, reúne muchos de sus motivos tradicionales. En la parte de abajo se ve esa forma común de bailar en grupo.

La sensualidad de la alegría se vive muchas veces de forma sosegada, sencilla. En Después del baño, estupenda pintura de Sorolla, vemos con claridad la alegría. Aquí, la presencia amable del niño lo colorea todo. Al ser alguien querido, las que lo acompañan comparten la alegría que entendemos también experimenta el niño. Sorolla tiene el arte de presentar las figuras femeninas de tal forma que, sin casi ver sus rostros, adivinamos su semblante. Un baño es también algo sensible. En el marco del cariño, el niño experimenta que la vida es un bien, que es amado, que él mismo es un bien para ellas.
En esta obra se ve con claridad la vinculación de la alegría con la presencia. Toda alegría se despierta por la experiencia de un bien, de algo valioso. La sola presencia del niño, saber que habrá disfrutado en el baño, es fuente de alegría compartida. Es un momento, sin querer hacer un juego de palabras, de vivencia del presente que llena la atención de los participantes en este sencillo hecho.
La alegría del juego

El juego es otra de esas actividades en las que la alegría puede estar muy presente. En los deportes de competición la alegría no será el sentimiento dominante, aunque al final se pueda decir que “lo hemos pasado bien”, sobre todo si se gana, claro.
Otras muchas veces el juego es vivir una historia imaginada en la que los participantes encarnan diversos personajes jugando a aventuras. Convertir en juego y, por lo tanto, en una actividad llena de sentido, actividades como el subirse a un árbol, es algo que reconocemos. Puede haber aventura en el intento, diversión en el desafío, vivir cierta liberación al contravenir alguna norma… Es una diversión no exenta de riesgo que alimenta una sensación gozosa de miedo contenido.

El juego se asemeja a la fiesta porque en él también se suspende la dimensión utilitaria o de producción, faceta muy ligada al trabajo. Como si el juego fuese una actividad en la que la finalidad exterior no fuese relevante, sino que se viviese una actividad plena de sentido en sí misma, sin realizarla en vistas a otra cosa. La atención está puesta en lo que hacemos de forma tal que disfrutamos de hacer lo que hacemos. Esto mismo pasa en el baile. En el juego, como en el baile, nos experimentamos corporalmente, en un movimiento que intensifica la sensación de vivir en la que consiste la misma vida en cierto sentido.

Todas estas actividades no tienen carácter instrumental. En ese sentido, son más libres, no se realizan como algo necesario, como medios para conseguir un fin. Claro que podemos proponernos hacer ejercicio con ellos, buscar amistades… pero eso es algo añadido. Baile y juego son actividades con reglas propias que, como siempre se dice al hablar del juego, nos las tomamos muy en serio. Se pueden observar afinidades entre, por ejemplo, El baile de los aldeanos de Rubens y El juego de la gallina ciega de Goya.
Alegría y buen humor
La risa es relativamente infrecuente en la historia del arte (puede consultarse este buen estudio al respecto). Para todos es muy clara la diferencia entre sonreír y reír. Reír tiene en la carcajada explosiva y espontánea su máxima realización. Algo nos hace mucha gracia y nos reímos. La risa libera tensiones, relaja, alegra. Si estamos alegres estamos más dispuestos al buen humor, y si nos hacen reír nos alegramos, aunque sea momentáneamente. Buen humor y alegría están unidos.

Fran Hals, pintó muchas sonrisas y risas, como el citado Jan Steen. Las risas y las sonrisas pueden ser expresión y vivencia de alegría, pero también las habrá irónicas, maliciosas… A veces la sonrisa es expresión de burla, de un humor de quien se ríe-de, de alguien que ridiculiza a otro. No todo humor es alegre, pero el buen humor, aquel que ve lo gracioso sin herir, causa alegría.
En las fiestas y juegos, en los bailes populares que hemos visto, aparece el buen humor. Pueden aparecer las broncas también porque, al final, sale lo que llevamos dentro. Pero, por sí mismas, son realidades expansivas, en las que el exceso, ese más tan propio de la alegría, se hace presente.
Final

La alegría es uno de los sentimientos básicos. La experimentamos al percibir algo como bueno y valioso: la misma convivencia, la presencia de alguien a quien queremos, algo bello… En esa vivencia, experimentamos la vida como un bien, tenemos una vivencia llena de sentido muy ligada a la misma experiencia sensible del vivir.
Hay actividades con las que expresamos y vivimos esta alegría que, a su vez, pueden ser causa de la misma al vivir esa misma sensación de vivir. La fiesta como celebración, el juego, el buen humor, son ingredientes y ámbitos de expresión de la alegría, ese ser-más al que apunta la lógica de la vida.
Los pintores, atentos siempre a lo humano, han reflejado esta realidad básica en diversas facetas y con diferentes acentos. Contemplar esas imágenes ilumina algo nuestra vida ya que aciertan a expresar lo que vivimos o desearíamos vivir. Disfrutamos al verlas.



