Cuando todo está perdido (“All is Lost”) es una película dirigida por J. C. Chandor en 2013 y que cuenta con un veterano Robert Redford de 77 años como único actor de la cinta. El protagonista se despierta en la escena inicial al notar agua en el interior del velero que pilota en solitario en el Océano Índico. Un contenedor a la deriva ha chocado y ha abierto un boquete. Desde ese momento, el protagonista se enfrenta a las dificultades crecientes debido a los daños provocados por el agua en los equipos electrónicos, a los que se añadirán los causados por una gran tormenta.
Una película de un solo personaje
La película es un desafío argumental y de realización. La opción de que solo haya un personaje determina el argumento. No se trata en este caso de un personaje que se dirija a nosotros los espectadores con sucesivos monólogos, o que lo haga narrando con voz en off una historia personal pasada, algo que parece que puede pasar al principio cuando nos lee un fragmento de una carta.

Hay otras películas con un solo protagonista, aunque normalmente oímos a otros personajes. Gravity (A. Cuarón, 2013) o Locke (S. Knight, 2013) son ejemplos conocidos que tienen afinidades argumentales con la película que nos ocupa. En En un lugar salvaje (R. Wright 2021) esas otras voces son personajes que aparecen realmente e interaccionan con la protagonista que está sola la mayoría del tiempo pasando un largo proceso de duelo. Pero en Cuando todo está perdido no hay otras voces. De hecho, solo se le oye a él, y apenas dice palabra alguna en todo el metraje, lo que añade dificultad a la narración obligando a que esta se sostenga por la manera de contar y la actuación del actor. La película solo cuenta el presente (no hay flashback alguno) y no sabemos ni el nombre del protagonista. Todo ello acentúa la soledad que marca al protagonista de esta historia.
A pesar de ello, la película es muy entretenida al alimentar en el espectador una expectación sostenida, un suspense que contiene preguntas sobre cómo resolverá las diferentes situaciones… Narra de modo “documental” los esfuerzos del protagonista, un intenso tour de force por salvar la vida en condiciones muy difíciles. Cuenta sucesos, peripecias que provocan giros en la historia y que exigen del protagonista ingenio y determinación, así como la entereza, a veces quebradiza, que le permite no desesperar en el esfuerzo por vencer peligros en soledad en un medio natural imponente. Gravity tiene un esquema argumental parecido ya que trata de la lucha por salvar la vida en circunstancias extremada y crecientemente adversas. En Locke, el protagonista también se enfrenta en un espacio reducido a grandes dificultades, aunque son de otro tipo, ya que no está en juego la supervivencia física.
Trama argumental con giros y dificultades para el protagonista así como un suspense creado en el espectador hacen de la película una obra que entretiene. La inmensa mayoría de las películas incluye, como otro elemento esencial, la existencia de varios personajes que dialogan. Algo semejantes a estas películas citadas están aquellas obras que solo cuentan con dos personajes. Infierno en el Pacífico (J. Boorman, 1968) es una película bélica de dos personajes, pero se acerca a las comentadas ya que los protagonistas no se entienden al no hablar el mismo idioma (dos soldados, uno estadounidense y otro japonés, en una isla). Normalmente, en las películas con dos protagonistas la trama consiste, básicamente, en la interacción, en el diálogo. La huella (J. L. Manckiewicz, 1972; reflexión aquí) y Persona (I. Bergman, 1966; reflexión aquí y aquí) son películas en la que dos protagonistas interactúan en un lugar solitario. La trilogía Antes de… (R. Linklater, 1995/2013; reflexión aquí) consiste en su mayor parte en conversaciones entre los protagonistas, así como Mi cena con André (L. Malle, 1981). En estas últimas aparecen más personajes, pero tienen un carácter secundario muy marcado ya que solo sirven para explicar algo de la situación que viven los protagonistas.
Poder y vulnerabilidad
La inmensidad del océano y las tormentas dejan clara la vulnerabilidad del protagonista ante una naturaleza tremendamente poderosa. El ser humano ha ido dominando la naturaleza haciendo la tierra habitable, cultivando los campos y, sobre todo en los últimos siglos, siendo capaz de entresacar, con muchas dificultades y excesos, materias primas y recursos energéticos a gran escala. Con la aplicación de la razón humana a la naturaleza circundante el ser humano ha conseguido que la naturaleza dé de sí. Sabemos que hemos caído en el exceso, que no debemos romper el equilibrio, característica básica del mundo natural.

Tal y como está descrita la historia, nos queda claro que el protagonista puede seguir sobreviviendo a las dificultades iniciales porque cuenta con un velero muy bien equipado. La historia se basa, entre otras cosas, en que no puede comunicarse por radio debido a que el agua que entra ha inutilizado el sistema de comunicación. Pero tiene otras herramientas, principalmente una balsa bien equipada, un sextante que tiene que aprender a utilizar, comida envasada, posibilidad de agua potable al principio… El barco muestra que el protagonista proviene de una sociedad con muchos medios técnicos a su disposición.
Estas películas citadas situadas en medios inhóspitos (el mar, el espacio, un desierto, unas cumbres montañosas… ) recuerda que la ciudad, emblema de la forma humana de vivir, ocupa lugares más habitables y con mayores capacidades de defensa ante la misma naturaleza. A pesar de ello, las murallas y la técnica no protegen del todo. Basta un movimiento brusco de la corteza terrestre, la erupción de un volcán, una gran tormenta que provoque inundaciones… para saber que el poder de la naturaleza es siempre superior, que no se puede rebasar, haciendo patente la fragilidad humana, tanto a nivel individual como grupal.
Entereza
Lo conseguido a través del trabajo de producción, del poderío técnico, son recursos con los cuales poder vivir. Estos recursos abren posibilidades vitales: si hay luz eléctrica de fácil acceso podremos hacer muchas cosas que serían muy difíciles de realizar si no contáramos con ella. Pero con los recursos pasa lo mismo que con las aptitudes naturales: lo importante es qué hacer con ellos; nuestra libertad está, o debería estar, por encima de las posibilidades de acción que abren aptitudes y recursos (tesis también mantenida en Gattaca, de A, Nocol, 1997; reflexión aquí).
El poder humano no es solo técnico, sino de actitud. Esta historia destaca, sobre todo, por la actitud del protagonista, por su entereza y determinación para superar las dificultades. Siempre hay contención y dominio en su comportamiento; el protagonista no se deja llevar por el miedo que obnubila. Hay una aceptación de lo inevitable: el barco se va a hundir, la tormenta va a llegar. Se trata de luchar para sobrevivir, para mantenerse en esas circunstancias contra las que no se puede luchar. Todos sabemos que con tranquilidad se piensa mejor, que se toman decisiones más realistas en situaciones de peligro. Contener y dominar el miedo no es fácil, y requiere un trabajo sobre sí previo para no sentirse vencido. El protagonista comunica un cierto aire estoico, de aceptación y serenidad.

Mantener la entereza y seguir luchando por sobrevivir es mantener el arrojo, la determinación y la esperanza a un cuando “todo esté perdido”. A veces se utiliza esta expresión en referencias a enseres y bienes materiales, cosechas, etc. que se pierden por una catástrofe natural o algo similar. En otras ocasiones, el “todo” se relativiza algo: “todo está perdido salvo…”. Puede aplicarse a lo anterior: toda la cosecha se ha perdido, pero se puede volver a empezar; todo se ha perdido (en batallas), salvo el honor, como se ha dicho a menudo en el mundo antiguo.
Esta película va contando una sucesiva serie de pérdidas de recursos a lo que se añade el agotamiento de la fuerza física. La experiencia de pequeñez y vulnerabilidad ante el imponente poder del océano se va acrecentando con las pérdidas. Es un progresivo sentirse sin suelo en el que apoyarse. Conservarse entero es esta situación de pérdidas y de progresivo agotamiento, es una cualidad básica para no perderse a sí mismo en la lucha, para “no naufragar”.
La embarcación naufraga aunque el protagonista puede disponer de una balsa. El protagonista es un náufrago en medio del mar. Otros náufragos sobreviven al llegar a tierra firme, normalmente en una isla, con lo que la historia que cuenta adquieren otros matices diferentes aunque también muy interesantes de cara a una exploración antropológica. Náufrago (R. Zemeckis, 2000) es un buen ejemplo de todo esto y se parece algo a la película que nos ocupa ya que la mayor parte de la historia el protagonista está solo luchando por sobrevivir. Muy interesante es también El señor de las moscas, la novela de W. Golding, de la que P. Brook hizo una excelente versión para el cine en 1954 (reflexión aquí).
“La esperanza es lo último que se pierde”. Esta famosa expresión tiene su origen en la mitología griega, en el mito de Pandora, aquella que abrió la caja en la que estaban contenidos todos los males del mundo y en la que quedó encerrada la esperanza. Estaba en la caja de los males porque no era algo necesario para los inmortales. La esperanza sería algo propio de los mortales precisamente porque son mortales. Esta última tesis es clave en esta película que tiene en la mortalidad uno de sus temas fundamentales.
Spinoza señaló con acierto que es propio de todo lo que es el conatus essendi, el conato de ser, el impulso y el esfuerzo por seguir siendo, por perseverar en el ser. Aplicado a los seres vivos, este esfuerzo se concreta como impulso por crecer y cuando aparece el conocimiento, como deseo de ser, como deseo de vivir. Vivir es querer vivir. En situación de peligro, es el ímpetu por la supervivencia que encuentra fuerzas en la flaqueza para luchar. Pero este ímpetu necesita de la serenidad para poder luchar por la supervivencia de forma más eficaz.
Final
Esta determinación y entereza ha llevado a muchos críticos a comparar esta película con la novela de Hemingway El viejo y el mar (1952). En esta historia, tras más de ochenta días sin pescar, logra capturar un enorme pez con el que lucha a vida y muerte para poder llevarlo a tierra. El denuedo mostrado por Santiago, el viejo y pobre pescador, se condensa en este pensamiento muchas veces citado:
El hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado.



