La amabilidad de los extraños («The kindness of strangers») es una película danesa dirigida por Lone Scherfig con la que se inauguró la Berlinale de 2019. Ha dirigido otras películas conocidas: Italiano para principiantes (2000), Wilbur se quiere suicidar (2002), An education (2009) entre otras, que han sido muy bien valoradas por la crítica. No es el caso de esta película, La amabilidad de los extraños, que se considera, por lo general, una película endeble.
Estoy de acuerdo con las opiniones que ven debilidades en la película: poco desarrollo en la definición de los personajes, una débil ambientación de la vida en Manhattan (lugar que la directora no debe conocer bien), una articulación narrativa pobre… Pero no estoy de acuerdo con los que dicen que el argumento no es realista ya que no son posibles estos comportamientos en esta sociedad individualista y cínica. Una crítica bien ponderada de la película, en mi opinión, se puede encontrar aquí.
La película nos cuenta la huida de Clara (Zoe Kazan) con sus dos hijos de su pueblo a Manhattan. Escapan del marido/padre, policía de oficio, que maltrata físicamente a los hijos. Ella presenta a sus hijos el viaje a Nueva York como una excursión emocionante pero pronto se encontrarán a la intemperie, sin recursos, tremendamente dependientes en cuestiones básicas. Aunque van a albergues, duermen varias veces en el coche. Poco a poco encontrarán una red de apoyo gracias a la ayuda de distintas personas que, por otro lado, se irán conociendo entre sí a lo largo de la película y que también viven situaciones diversas de fragilidad. Un ex-presidiario que se irá haciendo cargo de un restaurante en declive tiene el peso de su pasado, pero también ganas y oportunidad de salir adelante. Un abogado con mucho trabajo que asiste a un grupo de terapia de perdón. Un joven bastante incompetente y con buenos sentimientos que se queda sin trabajo y sin vivienda. Una enfermera, insatisfecha con su trabajo, que se ocupa del grupo de terapia.
En todos ellos hay soledad y debilidades varias, pero también ganas de vivir y de mejorar. Esa disposición de mejora incluye a los demás y esa debilidad les hace sensibles a las debilidades de los otros. La película nos dice que el altruismo también existe hoy, que esos comportamientos que nos cuenta son posibles a pesar del perenne egoísmo humano y de vivir en sociedades muy competitivas.
Depender de la amabilidad de los extraños es algo que en principio no queremos. Los extraños, por definición, están más alejados afectivamente que los cercanos y, por lo tanto, están menos predispuestos a ayudar a quienes no conocen porque se sienten menos responsables de ellos. Se suele sentir más responsabilidad por los cercanos que por los lejanos y por eso distinguimos entre las personas que “están a nuestro cargo” y las que no lo están (por lo menos en primera instancia). De hecho moralmente estamos más obligados con los cercanos que con los lejanos precisamente porque lo son (en igualdad de circunstancias). Por otro lado, para el que recibe la ayuda puede ser más cómodo recibir ayuda de un extraño porque puede hacerle sentir menos vergüenza. Las situaciones pueden ser muy variadas, ciertamente.
Si dependemos de la amabilidad de los extraños es que falla la amabilidad de las personas cercanas de nuestro entorno: familia, amigos, compañeros de trabajo, vecinos… aquellos con los que mantenemos relaciones personales regulares. “Yo he dependido siempre de la amabilidad de los extraños”. Esta es una famosa frase pronunciada por Blanche (acto III, escena 5) en la obra de 1947 de Tennessee Wiliams, Un tranvía llamado deseo, muy conocida por su versión cinematográfica (Elia Kazan, 1951). Con esta frase, Blanche expresa que durante su vida siempre se vio forzada a depender de personas extrañas porque nunca obtuvo ayuda de los suyos, los seres cercanos.
Los cercanos también pueden ser indiferentes y hacer daño. La violencia doméstica, la que se produce en casa, es una lacra social que sufren los más débiles, sobre todo las mujeres. También los niños y los mayores a cargo de sus padres e hijos, respectivamente, sufren a veces violencia. Esta violencia se produce regularmente, es persistente, y adopta formas tristemente variadas de un enorme impacto emocional.
Pero esta amabilidad de extraños no siempre se vive en circunstancias dolorosas en las que vivimos esa carencia de buena relación con las personas cercanas. En pequeños detalles todos dependemos de esa amabilidad en algún momento. Si preguntamos en la calle cómo se va a tal sitio, lo normal es que la respuesta sea positiva y nos fiamos de la respuesta. Cuando no sabemos cómo tramitar algo, a veces nos sorprende la amabilidad de la persona que nos atiende ya que juzgamos que hace muy bien su trabajo yendo incluso más allá de su deber. Los gestos de consuelo que recibimos del personal sanitario cuando tenemos miedo son otro buen ejemplo. Todos somos conscientes de que los extraños no son siempre amables. Pero la amabilidad se da, forma parte de la vida social.
Creo que aquí es oportuno recordar la distinción que hizo Paul Ricoeur entre prójimo y socio. Ser prójimo y ser socio son dos maneras fundamentales de relación con los otros. Ser prójimo es algo más que ser próximo. La parábola evangélica del Buen samaritano (Lc 10, 25-37) en la que se basa esta categoría habla no solo de proximidad sino de aproximación. Prójimo es uno mismo en cuanto que se acerca al necesitado; prójimo es el necesitado al que me acerco.
A diferencia de esto, en el trato con el otro como socio prima la funcionalidad de cada uno y el acuerdo, muchas veces en forma de contrato (tácito o expreso). Todos desarrollamos funciones sociales diferentes. Somos clientes, vecinos, alumnos, votantes, vendedores… Estos papeles sociales están bastante codificados socialmente y sabemos a qué atenernos, sabemos de las expectativas de comportamiento que se derivan de la imagen social del rol. Una sociedad es un conjunto de socios, es un conjunto de relaciones mediadas por los diversos papeles que desempeñamos. Pero la vida personal puede estar llena (y eso deseamos) de relaciones de proximidad afectivamente positivas en las que la otra persona se hace presente con fuerza en su identidad propia más allá, o más acá, de ese papel institucional y de esas funciones sociales que todos desempeñamos. En esta película emerge esa experiencia de contacto personal entre los diversos personajes que convive con el anonimato como rasgo permanente en las grandes ciudades.
La amabilidad de los extraños es una película llena de buenas intenciones. Pero no creo que sea una película ingenua. El mal aparece en la película con crudeza. En primer lugar, la violencia del policía de quien escapan los protagonistas. La violencia de este mismo contra su padre y la amenaza constante y ominosa de su presencia. Por otro lado y de manera indirecta (la película no entra en detalles), aparecen las historias de los diversos participantes en ese grupo de terapia de perdón. Se puede ser víctima o culpable para necesitar el perdón que libera. El trabajo del culpable está encaminado a aceptar ser digno de ser perdonado, o sea, perdonarse a sí mismo. El de la víctima a superar el resentimiento, el dolor de la injusticia y su sinsentido. Aunque este es un tema secundario en la película, en sí mismo es muy importante.
La película tendrá sus debilidades narrativas, pero en mi opinión la visión del ser humano es certera. Existe la amabilidad de los extraños así como la violencia de los cercanos. Por supuesto que existe la indiferencia de los extraños, lo cual también se refleja en la película de hecho. Pero lo que la película subraya es que existe la disposición de ayuda, y en este caso, la ayuda de personas que experimentan y han experimentado en su propia carne la fragilidad que los hace dependientes. El abanico de posturas existenciales que se muestran es amplio: distintas personas se comportan como prójimo, como socio, como delincuente. El abanico de formas de realizar la sociabilidad es muy variado.
A nivel general, la vida social se desarrolla entre dos polos opuestos entre los que existen muchos grados intermedios. La vida social se realiza desde el conflicto y la competición a la paz y la cooperación; desde la insociable sociabilidad de la que hablaba Kant a la solidaridad de los que llevan las cargas de otros, de aquellos que acogen la vulnerabilidad de los más frágiles. Desde el punto de vista de los individuos, de cada uno de nosotros, la vida social se desarrolla entre el perseguir solamente el propio interés por un lado, y el buscar el bien de los demás y el bien común, por otro, y todo ello de manera individual o concertada.
Hay otro aspecto que me gustaría resaltar y es el papel de las instituciones como sistema de protección de vulnerabilidades. Además de las personas cercanas, está la sociedad en su conjunto la que a través de estas instituciones ayudan a los más vulnerables. Más necesaria será su presencia allí donde no haya cercanos que ayuden. En la película se señalan dos principalmente.
- La protagonista y sus hijos también son defendidos por el entramado judicial, a través del derecho. Hay un juicio por el cual se pretende alejar al marido y padre de los protagonistas.
- Hay un sistema de albergues para los más necesitados, para las situaciones más extremas. Es una red compleja de ayuda que se puede organizar de diversas maneras (pueden ser pública o privada, o una mezcla de los dos). Lo importante es que lo haya.
En definitiva, una película que nos recuerda la necesidad y la presencia de actitudes humanizadoras en nuestra sociedades, de la presencia del altruismo que acoge situaciones de fragilidad, algunas de ellas, muy radicales.



