“Rebelión en la granja” (1945) de Orwell, una crítica al totalitarismo

Rebelión en la granja («Animal Farm») es una novela escrita por George Orwell (pseudónimo de Eric Blair, 1903-1950) publicada en 1945 tras haber sido rechazada antes por cuatro editoriales. Ha sido traducida a más de 70 idiomas y con ventas que superan los 20 millones de ejemplares. Su otra gran novela, todavía más famosa y comentada, es 1984 (publicada en 1949).

Esta breve novela narra la rebelión de los animales de una granja contra su dueño. Les hace trabajar muchísimo para, al final, matarlos. La gota que colma el vaso de esta explotación es la hambruna a las que se les somete debido a una negligencia en el cuidado por parte del granjero. La novela narra la evolución y dificultades de la gestión de la granja gestionada por los propios animales y, sobre todo, los cambios en la relación entre los animales con la reaparición de los antiguos vicios del poder.  La novela, una fábula política, está pensada como crítica feroz a Stalin quien traicionó los ideales revolucionarios.

Parece ser que la idea de la obra surgió al ver a un niño que azotaba a un animal que trataba de desviarse del camino marcado (tomado de aquí).

Pensé que si los animales llegaran a ser conscientes de su fuerza, no tendríamos poder sobre ellos, y que los hombres los explotan del mismo modo que los ricos al proletariado.

Es un libro de fácil lectura e interpretación, razón por la cual ha sido lectura escolar para muchos niños y adolescentes. Pero eso no lo convierte en un libro infantil. Es un libro para todas las edades que utiliza una metáfora de fácil interpretación para una reflexión sobre la concepción de la política y del poder en el totalitarismo.

La estructura amigo/enemigo como clave de la vida social

Tras la victoria en su rebelión, los animales se tienen que organizar. Al uso de símbolos de identidad como la bandera y el himno, se une el programa de acción condensado en los Mandamientos que desempeñan un papel clave en la obra.

  1. Todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo.
  2. Todo lo que camina sobre cuatro patas, nade, o tenga alas, es amigo.
  3. Ningún animal usará ropa.
  4. Ningún animal dormirá en una cama.
  5. Ningún animal beberá alcohol.
  6. Ningún animal matará a otro animal.
  7. Todos los animales son iguales.

En estos mandamientos late la idea de igualdad entre todos los miembros de todas las especies animales, valor que justifica y prescribe la prohibición de matar. Además de la igualdad, se expresa la conciencia de especificidad animal que debe manifestarse no actuando como los humanos (dormir en cama, beber alcohol). Somos animales: debemos comportarnos como tales, y respetar la fundamental igualdad entre nosotros a pesar de nuestras diferencias. Esta parece la idea de fondo que se concreta en estos mandatos.

Todo ello está enmarcado en la dialéctica amigo/enemigo. Además de iguales, los animales son amigos. Se define qué es ser animal por propiedades que no son comunes a los humanos: cuatro patas, nadar (agua como lugar natural), tener alas. O sea, se realiza un gran esfuerzo para definir lo que son los animales, no solo por su características propias, sino por ser distintas a las de los humanos. Los humanos son los enemigos. Y eso también les define: somos amigos no solo porque seamos iguales, sino porque tenemos el mismo enemigo que nos ha tratado igual de mal a todos.

Esta caracterización amigo/enemigo es esencial en la novela  y es expresada en los dos primeros mandamientos como respuesta al ser tratado como mera fuerza bruta, a la explotación. El antagonismo define la estructura social y, por lo tanto, la lucha será la actividad política por excelencia. En esta fábula, la sociedad pasa de explotador/explotado a amigo/enemigo, lo que recuerda la tesis del controvertido Carl Schmitt (1888-1985) que utiliza este binomio para caracterizar lo político (El concepto de lo político, 1932).

Una distinción que atraviesa las culturas es la distinción nosotros/ellos. El grupo (en realidad, los grupos) al que pertenecemos es fuente de identidad personal. El grupo (y cada uno como miembro) se define por tener una identidad que permite diferenciarse de la de los demás. O sea, nos definimos por lo que somos y por lo que no somos, por no ser como los otros. A veces, ellos son un grupo de referencia, un grupo dotado de características de las que nos gustaría disfrutar. Pero muchas veces, la distinción está asociada a la minusvaloración de los otros. Nosotros, los auténticos; ellos, los extraños que son menos en algún aspecto.

Una variante de esta definición social es la referida de amigo/enemigo en la que la oposición ya es neta, y que permite explicar la vida social  y política como lucha entre antagonismos que se disputan el poder. Tener el poder se considera como la condición de posibilidad de la desaparición de la explotación: si tenemos el poder, nadie nos explota ya que somos los que organizamos el trabajo en libertad. Orwell señala en esta novela una problemática fundamental de la historia de la política. Los animales se dan a sí mismos las reglas de derecho, los mandamientos, que expresan cómo deben ser las relaciones entre ellos y con el resto. De manera sencilla se señalan elementos fundamentales de la política como son el poder, la explotación y el derecho. Eliminar cualquier explotación pasará por una organización del poder en el marco del derecho.

Utilizando ideas de Aristóteles, se puede caracterizar un ideal político; el ideal de una democracia deliberativa en la que los ciudadanos, sujetos de derecho, discuten junto a sus iguales sobre lo justo e injusto de cara a la organización de la convivencia. Se puede decir que este ideal estaba presente en el sueño revolucionario, en las primeras decisiones que los animales deben tomar para organizar la granja, la nueva sociedad. Aunque este ideal pronto dejará de funcionar como idea motriz ya que aparecerá un gobierno fuerte entre ellos: los cerdos, especialmente uno de ellos.

El gobierno es algo necesario en la nueva organización. Pero sus prácticas se irán revelando como corrupción del ideal dando lugar a la aparición de un régimen igual de explotador que el anterior. ¿Es esto algo necesario? ¿Es irrealizable el sueño de la igualdad? No creo que este sea el pensar de Orwell. La clave explicativa que maneja es el tratamiento de los mandamientos citados a través de un uso concreto del lenguaje político.

El lenguaje político

En los análisis de esta obra, se señala muchas veces la importancia del lenguaje como herramienta política, como arma política. Orwell escribió muchos artículos en los que criticaba el totalitarismo. Orwell, que perteneció al partido laborista, escribió una introducción explicativa  a Rebelión en la granja que nadie quiso publicar en su día. Este texto se conoció en 1971, año en el que se encontró el manuscrito que llevaba por título “La libertad de prensa” y que ya aparece como prólogo a las ediciones desde entonces. Por otro lado, en 2017, se publicó una selección de diez artículos en un libro que lleva por título El poder y la palabra. 10 ensayos sobre lenguaje, política y verdad al que haré referencia a continuación.

El lenguaje es una actividad intrínsecamente humana presente en todas las esferas de la vida. La presencia en la vida política de discursos con un fuerte componente retórico es bastante intensa en nuestras vidas y en esta novela. Son discursos persuasivos con los que se quiere motivar a la rebelión, con los que se “canta” la grandeza de la lucha, con los que se quiere persuadir a todos de realizar un proyecto muy costoso (la construcción de un molino, proyecto clave en esta novela). Son también discursos con los que se explican y se van legitimando las inconsistencias del ejercicio del poder que van apareciendo en el desarrollo de los hechos.

El que haya retórica en el  lenguaje político es permanente en la historia. La retórica es el estudio o ejercicio de los discursos persuasivos de cara a la acción, con los que se pretende hacer sentir, motivar, convencer para tomar una decisión. El uso retórico del lenguaje ha estado lastrado de mala fama porque el poder de persuasión puede ser muy grande y cabe quererlo utilizar para justificar lo injustificable. Ciertamente, esa posibilidad está ahí. La retórica es poderosa por su capacidad de producir efectos en los destinatarios de los discursos pero, a la vez, frágil desde un punto de vista moral, ya que la verdad es el valor con el que se puede jugar, aquello que se manipula para manipular la conciencia. Como toda actividad humana, la actividad retórica apela a la responsabilidad de quien la ejerza.

La tensión entre retórica y verdad está presente en nuestra tradición desde la discusión entre sofistas y socráticos. Estamos en el ámbito del uso del lenguaje relativo a la acción, no en el plano de la argumentación científica o de la lógica. La posibilidad, siempre denunciada, de la manipulación a través del lenguaje, es siempre real. También se puede manipular con datos científicos verdaderos pero tratados de modo torticero. La ciencia no es retórica, pero sí cabe uso retórico de los datos científicos con vistas a la toma de decisiones. Basta con pensar en la lucha de discursos en referencia al cambio climático encaminados a la toma de decisiones que afectan al modelo de producción y consumo vigentes.

El lenguaje, el discurso político, es un gran poder, ciertamente. Orwell lo explica muy bien en el libro citado, y es algo presente en Rebelión en la granja. Orwell fue un crítico tenaz y lúcido del totalitarismo, esa novedad indeseable del siglo XX (Hitler, Stalin). Analizó el uso del lenguaje como herramienta poderosa de sometimiento de nuestro pensamiento. A través del lenguaje se gobierna “nuestra vida emocional al tiempo que establece un código de conducta” (p.32, ed. cit.). El totalitarismo, aquella concepción para la cual todo es política, persigue definir todos los aspectos de la vida humana negando para ello la libertad de pensar, el juicio crítico, la responsabilidad y dirección moral de nuestra vida; negando, en definitiva, nuestra condición personal (recomiendo la lectura de este artículo de Julián Marías, que recuerda las famosas tesis de los análisis de Arendt).

Transcribo un sagaz análisis de Orwell (1941, p. 34, ed. cit.):

La peculiaridad del Estado totalitario es que, si bien controla el pensamiento, no lo fija. Establece dogmas incuestionables y los modifica de un día para otro. Necesita dichos dogmas, pues precisa una obediencia absoluta por parte de sus súbditos, pero no puede evitar los cambios, que vienen dictados por las necesidades de la política del poder. Se afirma infalible y, al mismo tiempo, ataca el propio concepto de verdad objetiva .

Los sucesivos cambios de los mandamientos en la novela son muestra de ello:

  • Ningún animal dormirá en una cama con sábanas
  • Ningún animal beberá alcohol en exceso
  • Ningún animal matará a otro animal sin motivo

De una forma muy sencilla, Orwell nos va mostrando cómo los mandamientos van cambiando. Se supone que decían lo que ahora dicen desde el comienzo, aunque algunos animales manifiestan dudas. Las circunstancias cambian, las justificaciones también (el mandamiento de no matar ya hace tiempo que no se cumple). La adecuación de la realidad y, por lo tanto, de la verdad, a la voluntad de los poderosos rompe con el prestigio de la misma verdad. Orwell no utiliza la palabra actualmente de moda, pero ciertamente, es aplicable aquí. Estamos en “tiempos de posverdad” cuyo ámbito propio es el de la política, el ámbito de la acción y de la opinión pública. Hay un fuerte nihilismo de fondo porque nada parece consistente. Dice Orwell (1944, p. 43, ed. cit.):

Las doctrinas no solo son incuestionables, sino también inestables (…) susceptibles de ser alteradas en cualquier momento.

No hay nada a lo que aferrarse y que permita un juicio crítico frente al poder. Si se intenta, se elimina al discrepante (cosa que también ocurre en la novela). La razón, la conciencia, son los enemigos del poder. De ahí el uso abusivo de la propaganda, de la manipulación ideológica.

La corrupción de la razón es efecto, pero también causa, del éxito del totalitarismo. Hay una dejación por nuestra parte: hemos podido ser manipulados, pero eso se une al miedo, al querer ser reconocido “de los buenos”. El totalitarismo ejerce un poder de absorción tremendo que apela a nuestras debilidades para su éxito. Esto también lo vio muy bien Ionesco en su obra Rinoceronte (1959) ya comentada en este blog. Dice Orwell (1946, pp. 75, ed. cit.):

La clave es que todos somos capaces de creer cosas que sabemos que no son ciertas, y luego, cuando finalmente se demuestra que estamos equivocados, manipular descaradamente los hechos para demostrar que teníamos razón.

Pero no todo es perversión del lenguaje y del pensamiento a través de la manipulación. El uso de la violencia contra los discrepantes es explícito en la novela. Manipulación y violencia, los dos grandes mecanismos con los que se quiere imponer una visión de la cosas, una explotación que parezca necesaria y, por lo tanto, justificada.

Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros

Esta es una de las últimas frases de la novela. Todos los mandamientos han sido adulterados, y esta última corrupción del lenguaje y del pensamiento se presenta como conclusión.

La fuerza expresiva de esta frase, su carga tristemente irónica, muestra bien cómo el valor de la igualdad básica, irrenunciable, es adulterado en la práctica. La “paradoja política” de la que hablaba Ricoeur incluye la idea de que en política se pretende garantizar la igualdad fundamental estableciendo jerarquías entre seres humanos libres. Que la jerarquía de gobierno y de mando no se traduzca en la minusvaloración injusta de los conciudadanos es un desafío. De ahí la importancia de la dignidad básica igual derivada de nuestra condición personal que actúa como referente. La atracción por el poder se traduce muchas veces, demasiadas veces, en la búsqueda de privilegios que se disfrutan a costa de los demás, de aquellos que eran los iguales. Como si la lógica del poder fuese perversa de forma intrínseca. No tiene por qué ser así, pero la necesidad constante de control del poder es algo que se muestra como evidente por poca historia que sepamos.

La vigencia del derecho y de la razón no manipulada son herramientas necesarias para evitar la corrupción del poder que lleva a la explotación de unos sobre otros, verdadera negación de la igualdad basada en la común humanidad. Son herramientas que pueden hacer difícil esa gran impostura de lo político que se da cuando algunos políticos creen (algunos, además, lo dicen) que solo ellos saben lo que a todos conviene. Dice Orwell (1946, p.76, ed. cit.):

Ver lo que uno tiene delante de las narices precisa una lucha constante .

En tiempos de posverdad como los actuales, la última frase citada de Orwell expresa bien una dificultad que no debería darse. Señala muy bien la necesaria función vigilante de una razón crítica en el ámbito de la política.

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