Comedia y tragedia
Dos máscaras algo cruzadas, símbolo del teatro, una que llora y otra que ríe, dos vivencias propias del ser humano. La tragedia y la comedia son dos formas fundamentales de las artes escénicas, a las que se añade el drama. Sonrisa, risa y carcajadas; ojos llorosos y lágrimas, son expresiones eminentemente humanas que siguen una lógica de desbordamiento, en la que lo vivido sobrepasa el ánimo y liberamos el exceso sentido de esa forma física a veces tan intensa. Todos estos fenómenos hablan de la alegría y tristeza de la que son manifestación, así como de sus diversos grados. Una salvedad conocida: todos hemos experimentado el llorar de emoción ante el triunfo del amor o la superación de una gran dificultad que algunas películas nos cuentan; el llanto no siempre está movido por la tristeza.
Alegría y tristeza son dos emociones o sentimientos opuestos. Se podría colocar a la seriedad como forma intermedia, cuyo género dramático apropiado sería el drama. El drama puede incluir elementos de comedia o de tragedia, lo que lo convierte en el género realista por antonomasia. Respecto de este realismo, la comedia y la tragedia como géneros teatrales tomarían elementos propios de la vida humana cotidiana, llevándolos hacia un extremo. La narración de los asuntos humanos desde estas perspectivas, la tragedia y la comedia, sería irrealista ya que la vida cotidiana tomada en su conjunto no se deja encerrar en ninguna de las dos formas. Según esto, tragedia y comedia solo pueden existir como representación de la vida, no como la misma realidad humana.

Por supuesto que hay situaciones en la vida humana que la hacen parecer una comedia, pero la exageración propia de este género que se expresa en la descripción de situaciones y la misma actuación de actores y actrices no permite identificar una vida entera como comedia. Por otro lado, a veces hablamos de vidas trágicas, en las que la desgracia, los infortunios y la muerte tienen una presencia determinante. Si consideramos lo trágico en este sentido de sufrimiento y muerte, el género de la tragedia sí puede ser, desgraciadamente, realista.
Pero la tragedia como género teatral en su sentido clásico, griego, no tiene en la muerte el elemento argumental definitivo y distintivo. Lo propio de la tragedia teatral consiste más bien en someter imaginativamente al ser humano a la tensión conflictiva vivida en el enfrentamiento con lo definitivo, con lo absolutamente serio, con el destino. Con lo que, en definitiva, tiene valor absoluto, como la ley y lo divino. El conflicto entre dos absolutos hace de la vida una vida trágica. Sófocles, Esquilo o Eurípides exploraron estas problemáticas con obras de validez perenne, y lo hicieron de tal forma que el irrealismo mencionado es un ropaje que desvela algo profundamente humano, algunas de las coordenadas y problemáticas existenciales que mejor nos definen.

Frente a la tragedia, la comedia. Ante lo grandioso de carácter trágico, lo risible de la condición humana común en la que se viven torpezas, enredos creados por mentiras que nos envuelven… La torpeza y los enredos, como elementos argumentales básicos de la comedia, se tratan con buen humor, un deseable medio entre lo serio y lo frívolo. Si lo serio tiene que ver con la estimación y respeto de lo importante y valioso, lo frívolo será su negación. La buena comedia no frivoliza, sino que introduce el buen humor en lo serio, manifestando la parte de ridículo de ciertas pretensiones serias. Relajarse o reírse de uno mismo hablan de la necesidad de no considerar la gravedad radical en todo. Es común afirmar que tomarse las cosas con humor da oxígeno a la vida, que nos permite ver lo ridículo de algunas de nuestras reacciones. La comedia explora estas facetas y nos pone ante un espejo tan necesario como el de la tragedia. Además de lo definitivamente válido ante lo que nos jugamos el sentido y validez de nuestra propia vida, está lo risible de nuestra condición que nos ayuda a relativizar la supuesta absoluta seriedad de todo en la vida.
Aristóteles subrayaba la catarsis, la purificación de la compasión o del miedo en los espectadores ante la historia trágica representada. En el segundo libro de la Poética, que se ha perdido, que versaría sobre la comedia, no sabemos si hablaría también de catarsis referida a otras emociones. Pero, tal y como empleamos hoy esta palabra, la liberación emocional en el espectador ante una buena comedia sí tiene lugar. Tiene que ver con el relajamiento de tensiones provocado por la risa. Además, una buena comedia nos puede ayudar a tomarnos la vida con más humor, a relativizar algunas problemáticas.
Algunos ejemplos de la comedia disparatada clásica
Screwall comedy (comedia alocada, disparatada) es el nombre que la crítica puso a un subgénero cinematográfico que tuvo su época dorada en el Hollywood de los años 30 y 40. Diálogos rápidos, confrontación ingeniosa entre hombre y mujer, protagonistas en una situación inicial de paridad y con relaciones complicadas, presencia recurrente de personajes de la llamada “alta sociedad”, situaciones absurdas… Siendo películas hechas para distraer y divertir, generalmente fueron muy bien aceptadas por crítica y público en un marco social de fuerte crisis. Hoy, ochenta años después, en una época muy diferente en muchos aspectos, se siguen viendo con agrado, con una sonrisa.
Las comedias de este estilo llevan a un cierto límite lo propio de la comedia explorando con agudeza lo risible de la condición humana. Los personajes son tipos humanos puros, o sea, están imaginados e interpretados según un aspecto de carácter real pero que se abstrae de la complejidad de la psicología de cualquiera de nosotros. La ingenuidad, el cinismo, la determinación en la búsqueda de un objetivo, el ser despistado… Estos rasgos de carácter se someten a situaciones exageradas, triviales o no.
Señalemos solo algunos ejemplos destacables (listas más completas, aquí y aquí).
- Sucedió una noche (“It Happened One Night”) dirigida por Frank Capra en 1934. Clark Gable interpreta a un pícaro periodista que acompaña a una joven heredera que se escapa de casa, interpretada por Claudette Colbert. Está considerada como la película que inició el género.
- La fiera de mi niña (“Bringing Up Baby”) dirigida por Howard Hawks en 1938. Protagonizada por Cary Grant, un despistado paleontólogo a punto de casarse, y Katherine Hepburn, una joven de familia adinerada que se enamora de él. Fue un fracaso de taquilla, pero hoy es considerada como una de las grandes comedias de todos los tiempos.
- Vive como quieras (“You Can’t Take It Whit you”), de F. Capra (1938; reflexión aquí). El hijo de un banquero se enamora de una secretaria que pertenece a una familia “original” que rompe con los modos de vida establecidos.
- Luna nueva (“His Girl Friday”), dirigida por Howard Hawks en 1940. Con Rosalind Russell en el papel de la apasionada periodista Hildy Johnson, y Cary Grant como Walter Burns, su exmarido y director del periódico The Morning Post. Ella, a punto de casarse con un hombre apacible y algo inocente, se va a despedir de Walter quien la convence para que redacte una última historia para el periódico.
- Bola de fuego (“Ball of Fire”), también de Howard Hawks, de 1941. Cuenta con Barbara Stanwyck y Gary Cooper en los papeles protagonistas. No está en todas las listas que se hacen sobre este subgénero, pero participa de bastantes de sus características. Una mujer, artista de variedades, huye de la policía y se refugia en una casa de entrañables y sabios eruditos.
Comedias románticas
El amor es uno de los elementos centrales de estas películas. Dos personas de personalidad muy diferente, que ocupan posiciones sociales muy distintas la mayoría de las veces, se conocen, se buscan, alguno de los dos rechaza o decepciona al otro…. El carácter tímido y apocado de los protagonistas masculinos de La fiera de mi niña y Bola de fuego, contrasta con el carácter decidido de ellas, algo muy presente también en Vive como quieras. Ese contraste de carácter, esas posiciones vitales diferentes, da a la historia de amor un aire de persecución siempre divertida. Se corre, se lucha, por conseguir el amor. Un amor que triunfa, claro: las comedias tienen finales felices.

Que el amor es transformador es una idea que estas películas muestran con sencillez. Antes situaciones exageradas como las que vemos, estas comedias señalan algo verdadero y reconocible de nuestra experiencia vital. En el fondo, debajo de la peripecia, describen algo en lo que podemos vernos reconocidos o que desearíamos que pasase. Experimentar la alegría de vivir en la experiencia amorosa auténtica que despierta nuestros deseo de vivir más puro lo viven varios de los protagonistas de las películas mencionadas.
La imagen de la mujer
La presentación de los personajes femeninos en estas obras es de una cierta paridad con el varón. Casi siempre son mujeres profesionales y con carácter decidido. Destaca en este aspecto Luna nueva, aunque, precisamente por ese motivo, parecería que esta película podía acabar de otra manera ya que la mujer se mantiene al final en una posición subalterna que decepciona un poco. Sabemos que esto es así no solo porque así eran las vigencias sociales de la época, sino porque ella las tiene interiorizadas, y porque las productoras cinematográficas querían o aceptaban seguir determinados códigos. En este aspecto, es un personaje más entero la protagonista de Vive como quieras.

Este aspecto nos habla de la importancia de las vigencias sociales, aquel conjunto de ideas y valoraciones sobre aspectos importantes de la vida personal y social que ejercen un papel director sobre los miembros de una sociedad. No todos los miembros comparten con igual adhesión estas vigencias, claro está, y el grado de adhesión es también diferente, pero dichas vigencias ejercen una influencia innegable. Muchas veces las aceptamos de manera pacífica al mostrarse para nosotros como lo natural, como interpretación recta de lo que las cosas son. También ejercemos un espíritu crítico sobre ellas cuando juzgamos que tienen aspectos mejorables. Estas películas son un reflejo de estas formas estables de pensar y valorar. Otras como El gran dictador (C. Chaplin, 1940), Philadelphia (J. Demme, 1993) o Thelma y Louise (R. Scott, 1991) han jugado un papel crítico o han contribuido a fortalecer otras nuevas.
Crítica social
Otro elemento común de las películas de este género es el uso de la sátira para ridiculizar y criticar tipos sociales. El político corrupto, el empresario sin escrúpulos o el periodista capaz de todo por dar una noticia, son tipos que son tratados con aire de caricatura.
La sátira social ha tenido una presencia constante en las artes. En el terreno de las comedias hay que nombrar al griego Aristófanes, así como la fuerte presencia de este género en Roma con Juvenal, Marcial y muchos otros. En nuestra lengua, por acotar esta somera enumeración, destaca la novela picaresca clásica, así como obras diversas de Quevedo y Lope de Vega… En la pintura y, más aún, en dibujos y grabados, los artistas han utilizado la caricatura como forma de denuncia.
Las fiestas de pueblos y ciudades son un marco idóneo para la aparición de muchas formas de sátira social y política: los monumentos falleros, los carnavales, las fiestas de disfraces… son ejercicios de crítica y denuncia que se han convertido en algo rutinario. Siempre pueden hacer gracia, aunque muchas veces son actividades subvencionadas por el mismo poder del que se burlan.
Se podría suponer que con las obras de teatro y de cine la denuncia no sería algo tan normalizado, asumido por la misma estructura política. Es posible que su grado de influencia sea mayor, pero si vemos los clásicos, estas películas o asistimos a espectáculos actuales, vemos que las personas cambian, que algunas conductas particulares se han podido ver muy afectadas por estas denuncias, pero el tipo de mal denunciado persiste. En cualquier caso, la actividad de ridiculizar el poder, ironizar sobre comportamientos públicos, es algo sano en una sociedad. Ayuda a tomar conciencia de algunos males. Todo ello es sinónimo de libertad. Pequeña, pero, sin duda, mejor que nada.



