Ser o no ser («To be or not to be») es una película dirigida por Ernst Lubitsch en 1942. Lubitsch también es autor del guion que escribió junto a E. J. Mayer sobre un relato de Melchior Lengyel. Considerada hoy como una de las grandes películas de la historia del cine, como una de las mejores comedias, trata en clave de humor un tema tremendamente delicado: la ocupación por parte de los nazis de Polonia, de Varsovia (1939). La película cuenta los diversos engaños que los miembros de una compañía teatral hacen a los militares alemanes para salvar el anonimato de los miembros de la resistencia polaca.
Tratar el horror en tono de comedia
En su día fue bien valorada, pero también recibió muchas críticas negativas por tratar en clave de humor la figura de Hitler y los nazis. La película, realizada y producida en Estados Unidos, es de 1942, un poco posterior al ataque de Pearl Harbor. Si hoy mismo, en 2022, pensamos que dentro de pocos meses se estrenará una película satírica de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, tal vez nos haría sentir incómodos. Ciertamente, tratar estos temas en tono de comedia puede parecer una gran frivolidad. A este tipo de dificultades, el mismo director, judío nacido en Berlín, contestó en un artículo publicado en The New York Times (citas de Lubitsch tomadas de aquí):
No muestro ninguna cámara de tortura, ni flagelaciones, ni primeros planos de nazis excitados usando látigos y poniendo los ojos en blanco lascivamente. Mis nazis son diferentes: pasaron esa etapa hace mucho tiempo. La brutalidad, las flagelaciones y la tortura han llegado a ser su rutina diaria. Hablan de ello con la misma desenvoltura con la que un vendedor habla de la venta de un bolso.
Este comentario es tremendo. Que la crueldad se pudo haber convertido para ellos en algo normal, habla de una caída moral abismal. Recuerda a lo comentado por Arendt sobre Eichmann (responsable de los campos de exterminio) cuando cubrió como corresponsal su juicio en Jerusalén muchos años después, en 1961. Imaginando que iba a ver a un monstruo, a un ser repulsivo, se encontró, para su sorpresa, con una persona de aspecto absolutamente normal, sin personalidad, anodino. La idea de Arendt sobre la “banalidad del mal” es la misma que expresa Lubitsch: lo atroz pierde su carácter, y por eso se puede hablar de que es algo banal, sin importancia. Tal es la pérdida de sensibilidad moral.
Este retrato de la bajeza moral está hecho a través de la sátira de los nazis y de su ideología. El tono de comedia de esta película no es, ni mucho menos, el de un tratamiento ligero del tema. La película no frivoliza, sino que denuncia de manera clara utilizando la sátira, recurso perenne, con la que se pretende tanto censurar como ridiculizar. Al ridiculizar se pone en evidencia la inconsistencia de lo criticado y se desvela su verdadera fisonomía. Pero es verdad que el tratamiento descarado de una situación horrible (la invasión de Polonia, la guerra, la mención a los campos) es más fácil de aceptar pasados muchos años.
Alain Resnais acertó cuando consideró que el horror es irrepresentable en Hiroshima, mon amour (1959), ya comentada en este blog. En Ser o no ser no se alude a lo extremo, pero no por eso dejan de ser horribles la realidad de la guerra y la amenaza de un tirano criminal. Esto lleva a pensar que la comedia es un género peculiar aunque en esta película no se frivoliza. Aquí se utiliza la caricatura, el humor y el ingenio, ingenio que los mismos personajes tienen, para denunciar de manera figurada, no de manera directa. El ver la posibilidad de engañar al tirano cruel no teniendo que soportar las imágenes cruentas supone una experiencia placentera de alivio que descarga y fortalece la esperanza de victoria. Ya sabemos que “la vida no es como las películas”. Queda claro que el nivel semántico que se utiliza no es documental, pero sí sirve para hacer ver que todos podemos hacer algo, que el comportamiento heroico no es algo solo al alcance de pocos. En su día, este aspecto pudo ser importante.
Cuando la tiranía puede ser ridiculizada, se debilita. Hacer ver el carácter ridículo para la razón de la tiranía es una de las armas que el teatro, el cine, etc. pueden utilizar como forma de fortalecer a la población amenazada. La ideología que sustentaba todo esto era objetivamente ridícula; no se sostiene desde el punto de vista racional. Daría risa si no fuera porque estuvo en la base de crímenes sin medida. Repito: hacer ver lo ridículo de una ideología y de los actos de los nazis sin frivolizar, sin lesionar el honor de las víctimas, sin obviar el carácter horrible de los acontecimientos, es un equilibrio difícil de alcanzar. Podemos pensar en actos violentos de naturaleza politica o cultural más cercanos: terrorismo, delitos de odio… y veremos con facilidad lo difícil que es ridiculizar comportamientos en el marco de lo horrible sin frivolizar.
Por otro lado, en la película se ve de forma repetida el comienzo del más famoso monólogo de Hamlet, cuyas primeras palabras dan título a la película.
Ser o no ser. He ahí el problema. ¿Qué es más elevado para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante Fortuna, o tomar las armas contra un piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas? (Shakespeare, Hamlet, acto III).
En estas escenas vemos cómo un espectador de las primeras filas se levanta cuando Hamlet comienza este discurso y la reacción del actor ante este hecho. Es graciosa para nosotros la situación en la que el actor vive como persona algo distinto a lo que vive el personaje. Esa duplicidad es una dificultad muy bien interpretada por el actor Jack Benny.
Está claro que la elección de este fragmento de la obra se debe a la fama de las primeras palabras. Pero es llamativo (como bien se indica en esta crítica) que las que siguen se podrían aplicar perfectamente tanto a la situación de guerra que se vive en la película como a esa misma situación de guerra que vivían los espectadores de la película cuando se estrenó. De hecho, se puede entender como una llamada a la defensa, a la resistencia ante el ataque.
Una película sobre el teatro
Ser o no ser es una “película de guerra”, y es también, una película sobre el teatro. La primera escena de la película es una escena de una obra de teatro, “Gestapo”, que no se llegará a estrenar. No sabemos que es una escena de teatro hasta que la cámara se aleja. También vemos los monólogos de Hamlet como he comentado, la sala con público… Destaca también otro monólogo de El mercader de Venecia, también de Shakespeare, interpretado por un actor que sueña con representar algún día al personaje de Shylok, judío, por cierto. Lo recita varias veces. (Copio de aquí, con las tachaduras sobre las palabras que no se mencionan en la película; así Lubitsch salvaba la censura de su tiempo poniéndola en evidencia de manera indirecta).
Soy judío.¿No soy humano? ¿Notiene un judíotenemos ojos? ¿Notiene un judíotenemos manos, órganos, dimensiones, sentidos, afectos, pasiones; alimentado con la misma comida, herido con las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades, curado por los mismos medios, calentado y enfriado por el mismo invierno y verano, igual que un cristiano? Si nos pinchan, ¿no sangramos? Si nos hacen cosquillas, ¿no nos reímos? Si nos envenenan, ¿no no morimos? Y si nos agravian, ¿no nos vengamos?
Esas palabras serán “reales” en una escena de la película en la que los personajes utilizan su saber hacer teatral para engañar a los nazis.
Este uso del teatro en la vida nos recuerda algo importante. Uno de los papeles que la literatura, el teatro o el cine, pueden jugar en la vida humana es el de expresar de manera certera sentimientos, ideas… A veces aprendemos de memoria fragmentos de poemas, frases de películas, no solo porque ponen nombre a ideas o sentimientos, sino porque ayudan a configurarlos. También lo hacemos porque nos puede gustar jugar a representar papeles que hemos visto en el cine…
Otro aspecto claramente presente en la película es cómo Lubitsch caricaturiza también a los actores, riéndose un poco de ellos. Destaca Joseph Tura que habla de sí mismo en tercera persona como un gran actor poniendo en peligro el propio engaño…
Engañar, fingir
El hecho de fingir es una clave argumental de la película: los actores fingen al representar papeles, lo cual hacen tanto en el teatro como en la vida real en esta película. En eso consistirá el engaño, clave en la trama. María Thura (Carole Lombard) se dejará seducir por un capitán de aviación y fingirá ante su marido. Los protagonistas fingen ser otros utilizando su saber hacer, las indumentarias y papeles que ya habían ensayado para la obra “Gestapo” que no se llega a estrenar.
En la película, los personajes utilizan el engaño como arma creando una ficción de realidad, haciendo un uso continuado de dobles sentidos. Se juega constantemente con el choque entre realidad y ficción.
En el argumento domina el engaño como arma de guerra, decía. En otro nivel, la película, que no engaña al espectador, es en sí misma, una comedia que es un arma de guerra. Esta comedia utiliza la caricatura, la sátira, como forma de ridiculizar. Lubitsch pretende ridiculizar a los nazis y a los mismos actores como decía. Se ríe de ellos, busca lo risible en ellos. Para ello, como siempre hace la comedia, exagera rasgos, dibuja a los personajes como tipos reconocibles para el gran público. Y en cuanto que ridiculiza, divierte y rebaja la tensión, debilita la amenaza de la figura ridiculizada, y fortalece la esperanza del espectador porque presenta como vencible esa amenaza.
Aunque utilice la exageración, la comedia puede ser un género muy realista ya que con esos resortes puede revelar aspectos reales en su naturaleza profunda. En el fondo, es risible; en el fondo, hay una debilidad que se pretende camuflar y que la caricatura desvela.
Una película muy divertida, que nos hace pasar un buen rato, denunciando la atrocidad de ciertas prácticas. Una película realista en ese sentido que utiliza los resortes propios de la comedia, entre ellos, una final feliz y divertido. Una película “redonda”: de las pocas en las que decimos que todo está bien.



