Deseos humanos («Human desire») es una película
dirigida por Fritz Lang en 1954. Una película muy valorada por la crítica y público que casi 70 años después se ve con agrado e interés. Hay rasgos evidentes de antigüedad: sabemos que los actores han podido morir, el blanco y negro no se parece al de las pocas películas que no se hacen en color en las últimas décadas, la ambientación social es la de una época que no es la nuestra… A pesar de la clara antigüedad, no es anticuada. No es de nuestra época en muchos de sus contenidos, en los papeles sociales de los personajes, pero hay algo de humano perenne que transmite que es lo que le da su actualidad.
Deseos humanos es de esas películas que desde el principio nos da la sensación de estar bien hechas. Hay algo (y a veces no sabemos del todo qué es) que transmite esta calidad. Una suerte de claridad en la narración: personajes bien definidos, buenos medios (localizaciones, luz…), una música que acompaña pero que muchas veces no se hace notar, unos actores que expresan bien el carácter de los personajes, el montaje que nos pasa inadvertido pero que hace que la narración fluya, los encuadres… y tantas otras cosas.
Todo eso bien armonizado con lo que se narra. Una historia que atrapa la atención, que entretiene, y a veces instruye: sobre la condición humana, sobre nuestras posibilidades vitales. Nos vemos en los personajes, y esto nos ayuda a conocernos.
El papel del título
Deseos humanos. El título ya por sí solo, nos evoca algunos deseos concretos. En la comercialización española, eran “deseos”, en plural. Creo que es acertado. Pero añade un matiz al singular digno de tener en cuenta. Deseos hay muchos: lo deseado son bienes de naturaleza muy diferente. Pero si sabemos que es el título de una película, ya pensamos que seguramente serán algunos determinados. Y si, como es el caso, leemos el título en un cartel, el sentido de la expresión ya es mucho más claro. Las imágenes, las frases que a veces acompañan nos dan la lectura. El cartel está hecho para vender, para atraer al público. Igual es una lectura sesgada de la propia película, pero apela a nuestros deseos. El título apela a los deseos de los
personajes… y a los nuestros, a los de los espectadores.
Creo que los títulos de las películas (pero también los de las novelas, obras de teatro, cuadros, esculturas…) tienen una importancia muy grande en la contemplación de la obra de arte. Suponen una guía de lectura de la misma. En un arte como el cine donde se tratan asuntos humanos, el título es una clave hermenéutica que guía nuestra comprensión de la narración. A veces son el nombre del personaje principal (Gilda, Angie, La diligencia, Superman); el nombre de una situación o episodio (El desembarco de Normandía, La fuga de…, Asesinato en…); el nombre de un oficio (El asesino, El guardaespaldas…).
A diferencia de estos ejemplos, Deseos humanos, siendo concreto, tiene algo de interpretable, de evocador, de indirecto. Aunque nos hacemos idea de por dónde va el sentido, no deja de ser algo inexacto. Heridas abiertas (miniserie de 2018), Mi vida sin mí (Isabel Coixet 2003), Dulce pájaro de juventud (Richard Brooks 1963)… son títulos que usan metáforas y, por lo tanto, son designaciones indirectas que abren un campo semántico muy rico pero que tiene mucho de pregunta: ¿cuál será el sentido exacto del título?
Los deseos humanos
¿Cuáles son los deseos de los que habla la película de Fritz Lang? Dicho así, “humanos” hace parecer que los deseos de los que va a hablar son los deseos básicos, universales.
Un hombre afable (Glenn Ford) vuelve de la guerra de Corea a su antigua vida. Conduce trenes, se hospeda con su compañero de trabajo y su familia. Otro compañero (Broderick Crawford) ha ascendido en el intervalo (ahora es su jefe). Se ha casado con una bella mujer (Gloria Grahame) y es negligente en el trabajo hasta el punto de ser despedido. En esta situación, le pide a su mujer que interceda ante su superior. Aparecen los celos, el asesinato, la investigación. Los tres personajes se unen en la trama: ella ejerce un poder de seducción que hace que el afable maquinista la encubra. Adulterio, chantaje… y la decadencia de sus vidas…
El personaje que interpreta Broderick Crawford está caracterizado por un gran afán de dominio. Se cree más capaz de los que es y es descuidado en el trabajo. Siendo incapaz de corregirlo, utiliza a su mujer para que se lo solucione. Y cuando sospecha de adulterio, le hace chantaje a su mujer. Es afán de dominio sobre su mujer y sobre su entorno. Y todo ello para destacar. Su grandilocuencia revela pronto una falta de consistencia interna y una debilidad que explican el rápido desmoronamiento que sufre al final de la historia.La mujer. Utiliza su atractivo, su poder de seducción, para despertar los deseos humanos de los demás y, así, salvarse, llevar una vida mejor, más cómoda. Deducimos que de ello se sirvió para salir de una mala situación y “ascender” casándose. Dominada (su poder no es total) se deja utilizar para seducir y conseguir el favor a su marido. No logrando debilitar la sospecha de su marido, es sometida por el chantaje. La vía de salida: la seducción del tercer personaje, una mezcla de interés propio y búsqueda de salida de otra mala situación. Consigue que haga lo que quiera: incluso el plan para que muera su enemigo, su marido. Este poder de seducción es el arma para un afán de dominio.
El maquinista. Aunque consigue no ser dominado, sí lo es parcialmente. Encubre, engaña… El poseer/ser amado por esa bella mujer que se contrapone a la hija “inocente” de su compañero maquinista, satisface un deseo de posesión y de sentirse deseado por una mujer así.Deseo de dominio, deseo de ser deseado… Son la cara oscura de esos otros deseos básicos: deseo de llevar una “buena vida”, de ser amado y amar. Estos deseos nobles son el arraigo de los deseos oscuros: aquellos que igual no quieren sentir nuestros protagonistas pero de los que se sirven para alcanzar lo que en el fondo, todos queremos. Amar, ser amado, y una seguridad en nuestro entorno.
Hay más. Pero ciertamente, los «deseos humanos» de esta película son deseos básicos, muy humanos.




