“Paterson” (2016), de Jim Jarmusch

Paterson es una película escrita y dirigida por Jim Jarmusch en 2016. En ella, se narran siete días de la vida de un conductor de autobús urbano llamado Paterson (encarnado por Adam Driver), en la ciudad de Paterson (Nueva Jersey). Está casado con Laura, encantadora y algo estrafalaria (interpretada por Golshiften Farahani). Paterson, por su tono y ritmo, y por estar localizada en una ciudad relativamente pequeña, recuerda a Columbus (Kogonada, 2017; reflexión aquí).

Paterson es un hombre afable, tranquilo, de pocas palabras. En los descansos de su trabajo, también en su casa, escribe poemas, aunque no tiene la intención directa de publicarlos, algo a lo que le anima Laura. Admira al médico y poeta William Carlos Williams (1883-1963) quien, entre otras, escribió Paterson en cinco volúmenes  publicados entre 1946 y 1958. Los versos citados en la película escritos por el protagonista, son de Ron Padget (1942- ), poeta norteamericano con una amplia obra publicada.

Cine contemplativo

Paterson es una película tranquila, en la que lo rutinario y lo cotidiano son la materia argumental básica. Es una película diferente a tantas otras donde la aventura y lo épico se expresa en episodios en los que el ritmo puede llegar a ser vertiginoso, como en las secuencias de persecución y lucha. La película se aleja de los vaivenes de intensa emocionalidad de los melodramas o de la búsqueda de la diversión de la comedia, así como del suspense, de la búsqueda de la sorpresa… Leyendo esto, es posible que se piense que esta película es aburrida porque “no pasa nada”. Creo que no lo es, ni mucho menos, aunque esto depende también de las expectativas que tengamos al verla.

Adam Driver en «Paterson» (2016)

Michel Climent fue uno de los teóricos que, a principios del siglo XXI, denominó con la expresión slow cinema, o también “cine contemplativo”, a una tendencia presente en el cine que huye del vértigo y la prisa (una lista de este tipo de cine, entre otras muchas, aquí). A veces también se utiliza la expresión “cine trascendental” de Paul Schrader (1972) para hablar de la película que nos ocupa. Pero en el caso de Paterson no estamos ante una película religiosa, o donde lo sagrado o categorías que pueden parecer afines sean relevantes. 

Las películas tienen ritmo, cualidad intrínseca y básica de la música. El montaje de los diferentes planos, la duración y movilidad de los mismos, crean una sensación de cambio y movimiento. Que pasen muchas cosas suele divertir, aunque a veces, el ritmo de las películas “decae” como se suele decir, al no ocurrir nada relevante. Lo importante es que pasen cosas, que pueden ser pequeñas, pero que hagan “avanzar” la historia. 

Cuando vemos películas de planos largos que pueden llegar a ser fijos o moverse muy poco, el ritmo de la película es más pausado, valorado a menudo como excesivamente lento para las expectativas actuales. Muchas películas de Bergman, Tarkovski o el coreano Hong Sang-soo, entre otros muchos, son películas que invitan a la calma y la reflexión. Son películas de personajes más que de acción, historias más atentas a la interioridad y situación personal de los protagonistas que a las vicisitudes que estén viviendo o planeando.

Esta película narra días normales que en estructura son muy parecidos unos a otros. Como en la vida normal de casi todos. Es verdad que hay ciertos pasajes dotados de una intensidad mayor: la amenaza en el bar de un cliente habitual, la pérdida del cuaderno de poesías, los encuentros con la chica poeta y con el turista japonés… Domina la rutina, sí, pero hay momentos de especial significación que no se repiten todas las semanas. Esto nos recuerda que puede haber experiencias y hechos con una significación especial cualquier día, que lo rutinario no es exactamente igual siempre. En la vida ordinaria siempre pueden pasar cosas que tengan una intensidad mayor o que, lo de siempre, se pueda ver con ojos nuevos.

En Paterson se da congruencia entre el argumento, el día a día de una semana en una ciudad tranquila, y el tono general de la película. Jarmusch podría haber querido describir un ambiente cerrado, angustioso o mortecino. Al contrario. Es una obra que comunica serenidad al espectador, ofreciendo una visión positiva de la normalidad.

Vitalidad

Algo que llama la atención es que tanto Paterson como Laura tienen una actitud abierta, viva, despierta. Se quieren, se llevan muy bien en sus diferencias de carácter.  Ella es creativa en sus diseños para las cosas de la casa, para las galletas que quiere vender en una feria local. Paterson es poeta, escribe todos los días. La escritura es su modo de hacer de lo cotidiano una experiencia intensa, con un estilo sencillo, descriptivo, muy unido a lo del día a día. 

El carácter proyectivo de la vida es un aspecto humano que la antropología del siglo XX ha subrayado con fuerza. Como ocurre siempre en lo humano, lo que somos está modulado por actitudes existenciales personales. El cansancio de la vida, el agotamiento emocional, la actitud constante de queja, por ejemplo, obturan ese carácter proyectivo. Paterson y Laura viven con sencillez este carácter proyectivo dada esa actitud creadora.

Cascadas en la ciudad de Paterson

Sus vidas pasan por una etapa estable donde el trabajo de él o la casa en la que viven, favorecen esa rutina de la que hablábamos. La estabilidad está atravesada por la apertura vital mencionada, lo que la convierte en algo vivo, no repetitivo.

Hay un personaje, el que le habla todos los días a Paterson en el garaje antes de que comience su ruta, que se queja ante él de distintos aspectos de su vida. Parece vencido por las dificultades vitales. Frente al descontento de este, en realidad, simpático personaje, Paterson vive con mayor entereza las dificultades propias de toda vida humana. Por ejemplo, su reacción ante la destrucción del cuaderno de poesía muestra una gran resiliencia. La actitud de queja puede ocultar otras formas de descontento y suele alimentar una actitud de cerrazón deprimente, lo que quita fuerzas y alegría de vivir. 

La mirada poética

Paterson es un hombre observador. En el autobús, se fija en algunos comportamientos de los usuarios. Le gusta contemplar la cascada de la ciudad ante la que come y escribe una poesía en apariencia sencilla, cercana a la prosa poética. Un poema que se nos lee con voz en off en la película (tomado de aquí) dice:

Tenemos un montón de fósforos en nuestra casa.

Los tenemos a mano, siempre.

Actualmente, nuestra marca favorita es “Ohio Cabeza Azul”,

aunque solíamos preferir la marca “Diamante”.

Eso fue antes de descubrir “Ohio Cabeza Azul.”

Ellos están muy bien empaquetados, robustas cajas pequeñas.

con azul oscuro y claro, y la marca escrita en blanco,

con letras escritas en la forma de un megáfono,

como si quisiera decirle más duro al mundo,

“Aquí está el fósforo más bello del mundo,

de una pulgada y media de suave vástago de pino

cubierto por una granulada cabeza púrpura oscuro.

Muy sobrio y furioso,

y obstinadamente listo para explotar en fuego

prendiendo, quizás, el cigarrillo de la mujer que amas,

por primera vez,

y nunca fue lo mismo después.

Todo eso te daremos”.

En la escritura del poema, el autor expresa, en este caso, lo que ve, aunque hará una rápida asociación a la relación con su mujer:

Eso fue lo que me diste: Yo me convertí

en cigarrillo, y tú en fósforo,

o yo en fósforo, y tú en cigarrillo,

brillando con besos ardiendo hacia el cielo.

¿Qué características tiene la mirada poética que define parte de la personalidad de Paterson? Parece claro que esta mirada forma una unidad intrínseca con la escritura que configura la misma experiencia del poeta al quedar completa cuando la nombra. El lenguaje poético, como se afirma de manera repetida, es un ejercicio de intensificación del lenguaje. Hay estilos más oscuros y trabajados, y otros más llanos y legibles en primera instancia. Pero el trabajo sobre la expresión es común a todos. 

Una expresión como “listo para explotar en fuego” es una expresión feliz que revela una faceta de la realidad de la cerilla, poniendo entre paréntesis su funcionalidad en cierta medida. En ese sentido la poesía nos hace ver, educando nuestra sensibilidad ante lo real a través de la especial y trabajada expresión lingüística. Siempre habrá acentos distintos entre las diversas formas de hacer poesía. La disciplina del metro codificado, de aquellas formas de poemas que, como el soneto, obligan a una medida muy pensada. Frente a ello, la versificación libre. Pero en todo hay un trabajo sobre el lenguaje que aclara y nombra la experiencia, a la vez que la configura. 

La mirada poética es una mirada atravesada por una sensibilidad especial atenta a lo concreto. A diferencia de la mirada científica y filosófica, que busca las propiedades universales de las cosas, el poeta capta y nombra lo individual. Esta sensibilidad especial se explica por la fuerte presencia de la afectividad del yo poético que nos habla en el poema. Una mirada afectiva, en el fondo, siempre amorosa, puede captar y expresar lo individual de manera clara. Así como las ideas o conceptos tienen una significación universal (la idea de mesa es genérica, aplicable a todas las mesas), la mirada amorosa se detiene en lo existente, que siempre es singular y único.

A la intensidad del lenguaje poético mencionada se une la profunda sensibilidad afectiva del yo poético que nos habla en los versos. Las y los poetas escriben muchas veces sobre su experiencia vital, y muchas veces, lo descrito se convierte en metáfora (núcleo semántico del símbolo como decía Ricoeur) que permite retratar una relación amorosa, en este caso, de manera sugerente. Como si todo tuviese que ver con todo para el poeta, capaz de captar conexiones analógicas en su observación y experiencia de lo real.

En el ejemplo del poema transcrito aquí arriba también hay canto. Toda poesía participa de este carácter de canto de lo real. En otros estilos o autores, el carácter himno está más presente: el canto épico de gestas con la narración versificada de grandes acciones y hazañas; el canto de mucha poesía amorosa, de poemas que describen grandes pasiones; el canto ante la magnificencia de la naturaleza. La poesía canta ante lo grande, comunicando un sentimiento apasionado. 

La poesía también canta ante lo pequeño como el famoso Beato sillón del Cántico de Jorge Guillén, por poner un ejemplo conocido. El canto tiene que ver con lo grande como decía arriba, pero no en el sentido de grandioso, sino de maravilla, de excelencia que alegra, que está presente también en lo ordinario.

Paterson, una película tranquila que permite disfrutar del cine de una manera distinta a la más habitual. Una historia bien contada en la que destaca la presencia de la poesía como forma de ver y describir el mundo.

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