La joven de la perla (“Girl with a Pearl Earring») es una película dirigida por Peter Webber en 2003. El guion de Olivia Etreed está basado en la novela homónima de Tracy Chevalier a quien este cuadro de Jan Vermeer despertó interés e intriga, lo que le llevó a fabular una historia mayormente ficticia. La película está protagonizada por Scarlet Johansson en el papel de Griet, criada al servicio de la familia, de quien Vermeer hará el famoso retrato en esta historia. Colin Firth interpreta al pintor y Tom Wilkinson a su principal cliente.

La película nos narra un fragmento de la vida del pintor Jan Vermeer (1632-1675) que, junto a Frans Hals (1580-1666) y Rembrandt (1606-1669), representa la cumbre del barroco neerlandés. Fue un artista muy detallista, con una técnica pictórica muy cuidadosa y en la que destaca el exquisito tratamiento de la luz. Este cuidado en la ejecución de sus cuadros explica que su obra sea corta: se conservan cerca de cuarenta cuadros de los algo más de cincuenta que pintó.
La película se concentra en un período de la vida del pintor en el que empieza a trabajar en su casa una criada, Griet, quien captará con sensibilidad el proceder artístico de Vermeer: el uso de los pigmentos de los colores, la puesta en escena de los objetos que luego se retratarán, la luminosidad… Esta complicidad entre la criada y el pintor derivará en una historia de amor, callada y no desarrollada, que culminará en la realización del retrato de esta bella mujer por encargo de su principal cliente, que también se siente atraído por ella, aunque de una forma mucho más grosera.
Este cliente y mecenas fue Pieter van Ruijven (1624-1674), de quien no consta el carácter y comportamiento descritos en la novela/película. En el catálogo de una gran exposición en el Rijksmuseum de Amsterdam en 2023 dedicada al pintor, el estudioso Peter Roefols afirmó que fue la esposa de van Ruijven, Maria de Knuijt, quien adquirió la mitad de las obras. Esto matiza la idea admitida hasta entonces de quién fue realmente la persona que sostuvo económicamente el trabajo de Vermeer.
La escritura de la luz (foto-grafía)
Un aspecto muy destacable de la película es la fotografía que estuvo bajo la dirección del portugués Eduardo Serra. La opción elegida es la de intentar, con éxito, tratar la luz como lo hizo Vermeer en sus cuadros. El resultado es excelente: la luz habitual de los interiores es del estilo de los cuadros y hay fotogramas que son verdaderos cuadros al estilo del pintor. Esto hace que la película provoque un placer estético elevado. Siempre se dice de ella que es una “bella película”. Y se dice por su estética de la luz y el cuidado de la ambientación, más que por el argumento.

La chica de la perla nos hace ver con claridad que el arte de la pintura también es un arte de la luz. Los motivos pintados por Vermeer tienen una iluminación muy cuidada: la luz que entra por las ventanas, los cristales, los reflejos… El tratamiento de la luz es un elemento esencial del arte de la pintura. Los cuadros, en general, son más o menos luminosos, jugando con contrastes de luz y oscuridad. A veces, esta dimensión define rasgos de estilo, o el mismo estilo, como con el tenebrismo y el claroscuro. El impresionismo y el puntillismo se definieron como estilos que trabajaban, principalmente, la luz y, con ella, el color. El famoso sfumato de Leonardo da Vinci con el que pinta las formas o muchos cuadros de Georges La Tour en los que una fuente de luz es la clave de la escena son unos pocos ejemplos llamativos. Opuesta a la luz, la sombra, que en algunas obras es presencia destacada (el museo Thyssen de Madrid le dedicó a este tema una exposición en 2009).
En el siglo XIX comienza el arte de la fotografía, que recibió su nombre de la literalidad de lo que hace: registrar la luz y componer una imagen que luego puede ser impresa. Y, tras ella, el cine. Pintura, fotografía y cine son artes de la luz, artes que crean imágenes. Además, la imagen tiene una forma, casi siempre rectangular. Aparece el encuadre y, con él, la composición de la imagen. Son artes muy afines entre sí. El uso de medios técnicos es otro rasgo común. La cámara es esencial en el cine y en la fotografía. En el caso de la pintura es diferente, como sabemos, pero en la película aparece un artefacto, la cámara oscura, que puede ayudar al pintor a captar y crear la imagen, a captar la luz (se sabe que Vermeer conoció la cámara oscura, pero no hay certeza sobre si la utilizó).
En otras artes la luz es también un elemento esencial. Para la arquitectura es también algo básico: cómo definir la entrada de la luz en los interiores, si abrir grandes ventanales o no, la colocación de las vidrieras en muchos edificios entre los que destacan tantos templos, sobre todo, del gótico. Y relacionado con ello, todo el tema de la iluminación artificial de los interiores. La escultura también juega con la luz según dónde esté su foco. Y en las artes escénicas, además del cine ya comentado, destaca el teatro en el que la luz tiene una capacidad escenográfica muy alta, capaz de ambientar por sí sola una escena sin ningún mobiliario.
“Elogio de lo cotidiano”
Todorov publicó en 1997 un libro con este título (traducido para por Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores en 2013). Lleva por subtítulo Ensayo sobre la pintura holandesa del siglo XVII. En este libro, Todorov afirma que la representación de lo cotidiano es la gran novedad de la pintura holandesa del siglo XVII. Aunque desde muy antiguo se pintan motivos que forman parte del día a día, como son cocinas y comidas, la novedad fue que estos temas ya no estuvieron al servicio de una idea superior, religiosa, política o mitológica, sino que eran temas dignos de ser pintados por sí mismos. La vida cotidiana se convirtió en un tema pictórico teniendo en cuenta, además, que los clientes que compraban estos cuadros, eran personas pertenecientes a la clase civil burguesa que iba creciendo con fuerza en esa época. Unos peces crudos pintados ya no son signo de un apóstol; ahora los peces son solo peces (citando a Malraux). Lo cotidiano podrá llegar a ser principio configurador del cuadro, como dice Todorov.

El predominio jerárquico de la pintura de historia, sea sagrada, política o mitológica, va dejando paso, sin desaparecer en sus variantes, a la consideración de que, además de retratos y paisajes, todo aquello que nos rodea, también lo familiar y cotidiano, es un tema digno de tratamiento artístico. Si se considera que el arte es una forma excelente de expresión, parece que hay congruencia entre la excelencia de la expresión y la del tema representado.
Con este cambio de mentalidad, una mujer que vierte leche desde un cántaro se convierte en algo que, en manos de Vermeer, es bello, digno de ser contemplado. Pero surge la pregunta: ¿qué queremos contemplar? ¿El hecho físico real de verter la leche, o el cuadro, la imagen creada? A veces podemos tener la experiencia de fijarnos en algo cotidiano que ya no nos llama la atención porque es habitual, y percibir con sorpresa, e incluso admiración, que algo banal tiene una belleza y un significado intrínsecos que captan la atención y la mirada. El arte es capaz de mostrar eso. Sería una contemplación mediada por el arte, pero que nos puede recordar que en todo lo normal hay belleza.
Construir una imagen
El cuadro que sirve de centro argumental de la película fue pintado entre 1665 y 1667 y lleva por título La muchacha del turbante o La joven de la perla, también conocido como la Gioconda del Norte. Actualmente se conserva en el Museo de La Haya que lo adquirió por muy poco precio a finales del XIX y en un estado muy defectuoso, lo que muestra que las obras de este pintor eran mucho menos valoradas de lo que lo son hoy.

Un retrato no nos presenta solo a la persona retratada sino, a la vez, cómo el pintor la ve. Lo que ve es, en este caso, algo muy trabajado ya que estudia la postura de la persona retratada, coloca los artefactos que la rodean, estudia la luz, etc., Así pues, el pintor construye la imagen antes de pintarla. Este carácter de factura, de obra, que tiene el cuadro, tanto en su preparación como en su ejecución, nos hace ver que la obra pictórica así concebida no es una simple copia, una instantánea. (Otras reflexiones sobre el retrato en esta página aquí y aquí).
En principio eso parecía que hacía la fotografía, pero también se vio que había mucho trabajo detrás de la imagen que vemos impresa. Hasta el famoso ”instante decisivo” de Henri Cartier-Bresson, no se identifica con el tener suerte o la casualidad. Pero qué duda cabe que la fotografía puede captar lo que ocurre en un momento dado, lo cual guarda cierta afinidad con el impresionismo. Todos los estilos pictóricos que vean en el carácter abocetado un recurso expresivo importante se acercarán a esa pretensión de captar lo que se ve en un momento dado y no tanto a la construcción de una imagen muy meditada. Ahora bien, el saber de los que pintan de forma abocetada su mirada pictórica y estilo.
Inspiración
El tratamiento artístico de la imagen, del que somos conscientes al contemplar el cuadro, nos hace ver que el pintor resalta y manifiesta de manera expresiva diversos aspectos de lo representado. Podemos decir que los buenos pintores nos enseñan a ver porque su mirada artística hace visibles aspectos al revelar facetas importantes que componen una imagen significativa. El cuadro “dice algo, “nos habla”. Pero es al pintor a quien lo representado real le “dice” algo en primer lugar. Como si experimentase una llamada a pintar algo que ha visto, algo que le despierta y que se convierte en motivo inspirador. Griet es su musa en esta historia porque ella le inspira la misma actividad de pintarla. Su belleza es inspiradora.
La inspiración viene de fuera, es una llamada. Que venga de lo alto es una interpretación platónico-romántica no exenta de interés. El ser poseído, arrastrado, es algo a no olvidar. Pero la metáfora del despertar (también platónica) que motiva para recrear imaginativamente lo percibido que le mueve es una explicación que esta misma película afirma. Claro está: lo real despierta, mueve la creatividad, a quien está abierto para ello, a quien tiene una mirada educada, en este caso, por el arte de la pintura. Ante lo bello, y aquí destacan las bellas artes, experimentamos de manera sensible que hay cosas valiosas por sí mismas, dotadas de valor intrínseco. Está claro que hay realidades más valiosas que otras y que los cuadros no dejan de ser cosas. No pretendo decir que el arte sea lo más valioso que hay, sino que nos habla de una característica de lo valioso: que el valor es algo intrínseco a la realidad valiosa, que su valor no depende de nuestro aprecio, como pasa con la dignidad humana, fundamento objetivo de la moral.
La joven de la perla es una película muy interesante, agradable de ver y que, a pesar que su argumento sea mayormente inventado, nos da a conocer una época, un modo de vida, una forma de hacer arte.



