“Pequeña Miss Sunshine” (2006). ¿Qué es triunfar en la vida?

Pequeña Miss Sunshine (“Little Miss Sunshine”) es una película dirigida por Jonathan Dayton y Valerie Faris. Estrenada en el Festival de Sundance de 2006 con gran éxito, recibió bastantes premios y goza de una generalizada aprobación del público. Se ve con agrado, con una sonrisa casi permanente.

Es una road movie, una película de viaje por carretera. Seis miembros de una  familia se trasladan de Arizona a California en una furgoneta bastante desvencijada, con el objetivo de que la hija pequeña, Olive, participe en un concurso de belleza de niñas, realizando para ello un viaje de cerca de 1300 kilómetros. Olive ha sido elegida como candidata tras quedar segunda en un certamen regional y ser avisada a última hora de que la ganadora no podrá asistir.  

Olive, interpretada por Abigail Breslin (Pequeña Miss Sunshine, J. Dayton y V. Faris, 2006). Es compartida la opinión del acierto en la elección de actrices y actores.

Los personajes forman un grupo algo excéntrico. Richard es un motivador profesional que ha ideado un sistema de nueve pasos a seguir para alcanzar el éxito y que está a la espera de firmar un gran contrato. Edwin, su padre, es un viejete divertido y fumeta, bastante gamberro, que ahora vive con ellos. El hijo adolescente, Dwayne, no habla como compromiso personal hasta que le elijan como aspirante para piloto de avión; parece descolocado, es lector de Nietzsche. Sheryl, casada con Richard, parece sobrepasada por la cantidad de obligaciones que tiene que asumir, a lo que se añade el hacerse cargo de su hermano Frank que ha sobrevivido a un intento de suicidio. La niña, Olive, es una niña despreocupada y sana, en contraste con los demás.

Las dificultades aparecen en el viaje, como suele ser habitual en este tipo de películas, lo que pone a prueba su convivencia. Además, muchos viven, justo esos días, situaciones de importancia en sus vidas, tanto a nivel personal como profesional. Siendo una comedia, el juntar estas fases de estrés con las dificultades del viaje, da lugar a situaciones divertidas. Pero no hay frivolidad. De hecho, presenta temas muy serios que no son tratados con superficialidad ni mucho menos. El tono excesivo propio de las comedias no esconde una visión mordaz sobre algunos elementos propios de la cultura estadounidense. Es, por lo tanto, un ejercicio crítico de reflexión.

Fotograma de Pequeña Miss Sunshine, J. Dayton y V. Faris, 2006.

La película tiene un final esperanzado y abierto que deja un buen sabor de boca. Las situaciones vividas unirán a los miembros de una familia que, al comienzo, se define por una a veces intensa desunión entre personas que se quieren. Estos planteamientos argumentales han llevado a algunos a criticar con fuerza la película al valorarla como un tópico tierno y artificial, con un cierto regusto a un superficial libro de autoayuda. Estoy de acuerdo en que esta película se construye sobre ciertos tópicos argumentales propios de un género que, como la comedia, pretende hacer pasar un buen rato. Pero los tópicos están sabiamente utilizados y conforman una parábola sobre la condición humana y algunos aspectos culturales dignos de atención.

La fragilidad

En esta película está muy presente la realidad de la fragilidad y, como expresión de ella, la crisis personal. El  intento de suicidio de Frank; el que Richard no alcance el éxito profesional esperado para el que, paradójicamente, cree tener la fórmula; los primeros estadios de la vejez de Edwin, los sufrimientos propios de la adolescencia de Dwayne, la relativa carencia de recursos económicos que afecta a todos… Está muy presente la crisis de confianza en las propias posibilidades de éxito profesional que afecta al Richard y a su hijo adolescente que al final no podrá alcanzar su sueño de ser piloto del ejército. Esta crisis de confianza afecta incluso a la pequeña Olive, que encuentra consuelo en el apoyo tierno y gracioso de su abuelo.

Abuelo, ¿te parezco guapa?

– Tú eres la chica más guapa del mundo.

– Lo dices por decir.

– No. Estoy locamente enamorado de ti. Y no es por tu cerebro o tu personalidad.

La fragilidad apela, por un lado, al cuidado y,  por otro, al afrontamiento personal. Fragilidad y cuidado son dos caras de la misma moneda. La necesidad derivada de la fragilidad es, en sí misma, una exigencia de cuidado tanto de los otros como de uno mismo. Dependiendo del tipo de grupo, el cuidado y el amparo reviste diferentes formas. La afectividad presente en pequeñas comunidades, entre la que destaca la familia, le da un sello particular. 

El fracaso

Estas crisis personales derivadas de la falta de confianza en las propias posibilidades están muy ligadas a un tema importante en esta película. En el país en el que se desarrolla, Estados Unidos, la cultura del éxito ocupa un lugar central. Esta insistencia en el éxito forja expectativas individuales muy exigentes, generadoras de ansiedad. La posibilidad del fracaso, emblema de la fragilidad para Richard, que aspira a ser motivador profesional, es algo constantemente nombrado por él, lo que produce bastante cansancio al resto de su familia. En este discurso del éxito, la valía humana y personal, reconocida tanto por uno mismo como por los demás, parece depender de esto. Una vida plena, según estos ideales, es una vida en la que se ha alcanzado el éxito. Y el éxito está muy vinculado a ganar en una competición.

Fotograma de Pequeña Miss Sunshine (J. Dayton y V. Faris, 2006). Al fondo, a la izquierda, Edwin (Alan Arkin), padre de Richard.

“Sociedad de ganadores y perdedores”. Esta expresión expresa una lógica competitiva que entiende la vida social como lucha. Hablar de “ganar y perder” es más duro que hablar de “cultura del éxito”. Pero las dos expresiones están íntimamente relacionadas, ya que es dudoso que pueda haber éxito, tal como normalmente se entiende, sin que haya perdedores, fracasados. 

Michael J. Sandel publicó en el 2020 un  libro titulado La tiranía del mérito. ¿Qué ha sido del bien común? El autor, profesor de filosofía política en Harvard, se hace eco del descontento populista de esos años y explica con claridad el ideal de la meritocracia que se ha difundido con fuerza en Estados Unidos y en Europa en estos cuarenta últimos años. Este ideal se ha convertido en una vigencia social compartida: si se trabaja mucho y se cumplen las normas, todas las personas conseguirán el éxito, todas merecen ascender hasta donde sus aptitudes y sueños les lleven, como repiten los dirigentes políticos en sus discursos y mítines. En correspondencia a esto, el fracaso se interpreta como algo que también es merecido ya que no se han aprovechado las oportunidades que una sociedad como la nuestra intenta garantizar para todos al buscar la igualdad en el punto de partida. La idea hoy extendida, por lo tanto, es que cada uno tiene lo que se merece.

Sandel crítica este ideal explicando su oscuro reverso, sin negar el justo valor del esfuerzo y de la responsabilidad personal. Denuncia el hecho de que se ha convertido en un ideal individualista que genera unas expectativas sociales excesivas y que nos va haciendo ciegos a la suerte de los demás. Si uno acepta la tesis de que tiene el destino que se merece por su esfuerzo, esa misma convicción inclina a pensar que cada uno tiene que alcanzarlo por sus propias fuerzas haciendo de la solidaridad una idea incomprensible que pierde su atractivo moral. Además, la meritocracia alimenta una soberbia que debilita  los sentimientos de deuda y agradecimiento necesarios para entender y buscar el bien común.

El guionista escribió la historia como crítica mordaz a estas ideas tan presentes en su cultura. Supo de una frase pronunciada por Arnold Schwarzenegger, siendo gobernador de California, en una escuela infantil:

Si hay algo en este mundo que me da asco, son los perdedores. Los desprecio profundamente.

La crítica a estas ideas la expresa bien uno de los personajes, Dwayne, a su tío Frank, tras la frustración sufrida al no poder alcanzar su sueño. Por cierto: no puede alcanzar su sueño, no porque no se esfuerce, sino por una anomalía genética.

Dwayne, hermano de Olive (Paul Dano),  junto a su tío en la película (Steve Carrell). Pequeña Miss Sunshine, J. Dayton y V. Faris, 2006.

¿Sabes qué? A la mierda estos concursos. La vida es un puto concurso de belleza detrás de otro. El instituto, la universidad, luego el trabajo… ¡A tomar por culo! Y a la mierda la academia de pilotos. Si quiero volar, ya buscaré el modo de hacerlo. Hay que hacer lo que te gusta, y a la mierda lo demás.

Parece que no le falta determinación: le hemos visto haciendo deporte, leyendo a Nietzsche, manteniendo el silencio. Pero la nueva situación le obliga a dar un giro. Tendrá que sortear el peligro del «complejo de las uvas verdes»: como no puedo alcanzar mi sueño tiendo a pensar que la meta no era realmente valiosa. No se trata de no reconocer el fracaso, sino de afrontar con voluntad de verdad si la meta era deseable, y si puedo buscar alternativa. Dwayne reconoce que la meta le parecía deseable porque era un ideal al que la misma cultura social le empujaba, arrastrándolo a una dinámica de esfuerzo que en el fondo no era algo querido para sí mismo por él. Hacer “lo que me gusta” habla aquí, no de capricho, sino de encontrar el camino propio que conecte con un deseo de fondo, pero no queriendo ser el mejor, no ser un “ganador”, sino queriendo disfrutar con lo que hace, porque la actividad es valiosa por sí misma.

Fracasar o triunfar en la vida

Podemos hacer una sencilla distinción. Está el fracaso ocasional que todos hemos experimentado cuando no hemos alcanzado lo que nos proponíamos. De esos hay muchos a lo largo de la vida. Algunos de estos fracasos ocasionales pueden tener una enorme importancia porque hacen referencia a algo sumamente valioso que puede ser tanto un acontecimiento como un proceso vital decepcionante. Aparece el fracaso global, vital, aquel que produce un sentimiento de impotencia en el que parece que se acaba la vida. Esto también aparece en la película: tras una ruptura amorosa para uno o la amenaza de fracaso profesional de alguien que, como Richard, encarna ese ideal del éxito mencionado. 

Richard: Hay dos clases de personas en el mundo, los triunfadores y los fracasados, ¿y sabéis cuál es la diferencia? Los triunfadores pelean. 

Si se repiten los fracasos, las frustraciones continuas pueden causar un desánimo que lleve a desistir de seguir proyectos de vida ilusionantes. La determinación, la constancia no terca, es una forma de fortaleza necesaria en esta vida. La terquedad, el empecinamiento, no es un ideal, ya que lleva a no desistir cuando sería razonable hacerlo. Somos limitados y no siempre podemos lograr lo que queremos. Además, no todo depende de nosotros: a veces fracasamos sin que haya torpeza o negligencia al contraer una enfermedad, al desaparecer recursos con los que contábamos…

En esta película, todos los personajes parece que fracasan de una u otra forma. Fracasar es muy humano. Pero los personajes, en el marco de un viaje, afrontan juntos dificultades, luchan por los suyos y se sienten acogidos en sus limitaciones y frustraciones. Sentirse acogido y valorado como alguien que puede descubrir una nueva luz es lo que otorgará fortaleza en esa situación. A (casi) todos se les abre la vida de una forma inesperada tras participar en una experiencia que obligaba a participar en el logro de un objetivo común, que al final no será otro que el de cuidar unos de otros. 

Esta familia es “disfuncional”, como muchas veces se dice hoy, en el sentido de que todos los miembros tienen objetivos diferentes, no compartidos. Hasta que realizan el viaje. Este grupo ha encontrado algo valioso que les mueve. La dificultad del viaje les obliga a afrontar la dificultad. Y su fuerza común les ayuda a seguir luchando.

Pequeña Miss Sunshine (J. Dayton y V. Faris, 2006).

“La sombra del ciprés es alargada”, como lo es la influencia de la historia en las sociedades. Max Weber realizó su análisis clásico sobre la legitimación del capitalismo haciendo referencia a la ética calvinista (La ética protestante y el espíritu del capitalismo, 1905), algo que parece todavía presente, de manera bastante secularizada, en lugares como Estados Unidos y algunos países de Europa. Triunfar en la vida es algo más que triunfar profesionalmente. El trabajo es muy importante, pero los sueños e ideales son más amplios. La vida humana es la  de cada uno, es individual. Pero tiene vocación de ser una vida compartida.  Perseguir bienes comunes es algo muy alto en el ser humano. 

Ante la fragilidad y el fracaso, el cuidado y el afrontamiento, dos ingredientes de una vida buena, dos formas de triunfo.

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