Tras comentar en la entrada anterior la concepción de Matisse sobre la pintura como expresión de la visión interior de las cosas, continúo con las reflexiones sobre su concepción de la pintura apuntando algunos rasgos básicos de estilo con lo que expresar esta visión.
Alejamiento de la verosimilitud
Dice Matisse («Modernismo y tradición», en Reflexiones sobre el arte, Emecé, Buenos Aires, 2000, 2ª ed., p.134):
Decidí entonces alejar toda preocupación por la verosimilitud. No me interesaba copiar un objeto. ¿Por qué iba a copiar el aspecto exterior de una manzana, incluso con la mayor exactitud posible? ¿Cuál era el interés de copiar un objeto que la naturaleza nos da en cantidades ilimitadas y al que siempre se puede concebir como más hermoso? Lo importante es la relación del objeto con el artista, con su personalidad, y el poder que el artista conserva de organizar sus sensaciones y emociones.
Para ver manzanas reales ya tenemos las manzanas reales. Hasta los mismos retratos pueden “hacer las veces de” la persona retratada en ciertos contextos, pero la imagen no es sustituto de la cosa real. Una obviedad: las manzanas pintadas no se comen, se ven. Un cuadro es una imagen, nunca ha sido otra cosa. Ya decía Matisse que cuando pintaba el retrato de una mujer no creaba una mujer, sino un cuadro. El debate que plantea Matisse se centra en la importancia de la verosimilitud, sobre si los pintores deben buscarla o no, si deben dejarse guiar por ella o no.
Muchas veces los pintores han utilizado trampas visuales que no se perciben en primera instancia y que consiguen un resultado expresivo importante: cuellos muy cortos de las personas retratadas, o muy largos, espaldas que, fijándonos, parecen tener un número de vértebras superior al normal… Estos pintores, y nosotros los espectadores, somos plenamente conscientes de que un cuadro es una imagen. La diferencia está en que con Matisse, y tantos otros pintores de su época, nos alejamos del criterio de la verosimilitud que estas estrategias persiguen. Ahora, la forma o el color ya no están al servicio de una apariencia. Y para nuestro pintor, este alejamiento abre la puerta a la lógica de la evocación capaz de mostrar una verdad más honda de los temas pintados.
Hay dos maneras de expresar las cosas: la primera, mostrarlas brutalmente, la otra, evocarlas con el arte (p. 51, 1908).
Creo que esta frase, siendo sugerente, establece una dicotomía simplista. Los que buscaban la verosimilitud eran capaces de revelar más que la apariencia. En los retratos, por ejemplo, el tratamiento de la mirada, así como los códigos simbólicos de la representación que expresan un rol social, o la composición de la escena, han servido para expresar más de lo que se ve, sea lo psicológico o lo político y cultural, por ejemplo. Siempre se ha tratado de representar en muchas escenas lo metasensible a partir de lo sensible. La pintura como arte tiene siempre algo de evocador. La clave estética aludida por Matsisse, su pensamiento sobre lo pictórico, queda más claro cuando plantea el tema de la verosimilitud.
Al liberarse de ella, la capacidad expresiva parece ampliarse. Todos los artistas buscan la verdad en la representación pictórica. En esta época, esta búsqueda se hace explícita, refleja. El reflexivo Juan Gris, por ejemplo, se interrogó en sus escritos sobre esta búsqueda, como comentamos aquí.
Voy a pintar un cuerpo de mujer: en principio le doy gracia, encanto, pero se trata de conferir algo más. Tengo que condensar la significación de ese cuerpo buscando las líneas esenciales. El encanto será menos aparente, a primera vista, pero a la larga ese encanto tiene que desprenderse de la nueva imagen obtenida, y que tendrá una significación más honda, más plenamente humana (p. 49, 1908).
Expresar la visión interior de los temas y el alejamiento de la verosimilitud forman una unidad en Matisse. Con esta intención pictórica se comprende a sí mismo en el ejercicio del pintar al atravesar con su subjetividad la percepción del tema. Y al hacerlo, según él mismo, pretende mostrar una verdad más honda del tema.
Las ideas sobre el arte de la pintura comentadas hasta ahora están en la base de su quehacer. Una frase puede sintetizar su método pictórico.
Primero analizo mi sentimiento antes de llegar al objeto (p. 233).
Algunas estrategias pictóricas: composición y color
Podemos señalar ahora algunas estrategias pictóricas, algunas técnicas con las que Matisse pretende crear una forma de pintar con la que exprese su visión interior.
Matisse dice a menudo que en la pintura solo cuenta la composición. La define como «combinación de superficies diferentemente coloreadas», como «coordinación de ritmos controlados» (pp. 133-134). La relación entre las partes crea un orden y da como resultado una «expresión». Sintetizando: este orden es una relación de colores que forjan un ritmo y que está modulado por esa igualdad de valor de tema y fondo.
Esta opción es un rechazo de ese método que era nuevo en su época, y del que Seurat era el adalid, que es la simplificación de la forma, “la gran innovación de este tiempo”. Con este método se destacaba un tema sobre otros. Pero dice Matisse:
Para mí el tema de un cuadro y el fondo de ese cuadro tienen el mismo valor (p. 133).
En unión íntima con lo anterior, el medio expresivo que destaca Matisse es el uso del color, modo privilegiado de expresión al que se unirá el dibujo.
Una gran conquista moderna es la de haber encontrado el secreto de la expresión mediante el color… a los que se agregó… la expresión por el dibujo (p. 134).
En 1945 publicó el breve escrito, Función y modalidades del color, uno de los varios textos en los que habla sobre este tema y con el que se completa lo mencionado en el escrito comentado en esta entrada. En este texto reivindica el color como medio de expresión y cita a los primitivos orientales e italianos, así como a Delacroix, Van Gogh y Gauguin. Fueron ellos los que redescubrieron la importancia y el tratamiento expresivo del color frente a la preeminencia del dibujo del Renacimiento. En este texto, Matisse señala algunas características del color en la pintura:
- Tiene poder emotivo, es medio de expresión.
- “La culminación del color solo se da cuando está organizado, cuando responde a la intensidad emocional del artista”.
- “No es posible separar el dibujo del color”.
- El color es suntuosidad y reclamo ya que con él el artista transforma “en precioso el más humilde de los objetos”.
El filósofo francés Claude Romano publicó un libro sobre el color (De la couleur, Gallimard 2020) fruto de un curso que impartió en La Sorbona en 2007-2008. En él pasa revista a las distintas propuestas explicativas sobre la naturaleza enigmática del color. Física, psicología, neurofisiología, filosofía, pintura: muchas ramas del saber y diversas prácticas se han interesado en su análisis. Se puede resumir el debate como la oposición de dos visiones que en algunos aspectos son complementarias: la objetivista y la subjetivista. La primera tiene en Newton y su física de la luz (el color es luz, se podría resumir) su referencia clásica; descomposición de la luz, longitud de onda, son ideas principales de esta concepción. La segunda, tiene a Goethe como referencia, que habla del color “fisiológico”, del papel activo del sujeto: la psicología del color, el estudio de las relaciones entre los colores teniendo en cuenta el sujeto que ve, que este es un sujeto culturalmente modelado, son temas importantes de estudio en esta corriente.
Cuando vemos, vemos la realidad coloreada. Conforme va desapareciendo la luz del sol, la visibilidad va decreciendo, y los colores se apagan. Me imagino pintar la mesa que estoy viendo, con sus sombras, sus matices… y constato la dificultad de hacerlo bien. ¿Qué colores estoy viendo exactamente? Hago abstracción y me digo que la mesa es marrón, pero su color marrón no es liso y uniforme. Y depende de la luz que haya en ese momento.
Ser visible y tener color son dos caras de la misma manera. Pero los colores de las cosas están llenos de matices. No solo las líneas o el volumen expresan la espacialidad de las cosas de nuestro entorno; también lo hacen los colores. Además, como nos enseñan el arte de la pintura o la psicología del color, la relación entre los colores es muy relevante. Dependiendo de la contigüidad de unos colores con otros, de las relaciones que se dan entre ellos, vemos los colores influidos por la presencia de los otros, hasta llegar a parecer colores diferentes. Percibimos combinaciones de colores que se influyen mutuamente y, a la vez, estas combinaciones influyen en nosotros que los vemos: nos atraen o repelen, nos descansan o alteran. Kandinsky y Delaunay hicieron serios estudios sobre estas cuestiones, y los hicieron desde la conocida como “pintura abstracta” (puede verse una reflexión al respecto en esta entrada).
Cézanne, pintor de referencia para Matisse y tantos otros, reflexionó sobre estas cuestiones. Suya es la siguiente frase, que bien podría ser de Matisse, ya que es coherente con su pensamiento pictórico (Cézanne, tomado de Romano, ed. cit., p. 252):
La naturaleza no está en la superficie; está en la profundidad. Los colores son la expresión, en esta superficie, de esta profundidad. Surgen de las raíces del mundo. Son su vida, la vida de las ideas.
Con el Simbolismo, Van Gogh, Gauguin o el fauvismo, el uso del color sigue otro camino. Todo lo anterior se tiene en cuenta, pero como ya hemos mencionado, desaparece al afán de verosimilitud. Se trata de expresar, con palabras de Matisse, la “visión interior” de las cosas. Las cosas, dice Cézanne, expresan su profundidad, su verdad, en la superficie. Matisse añadiría que las cosas pintadas expresan su verdad una vez que han pasado por la subjetividad del artista. Los colores son expresión del sentimiento, y el sentimiento es el “órgano” principal de visión. Lo visible pintado expresa la profundidad de la naturaleza vista desde la subjetividad.



