“Her” (2013): características de la persona

Her es una película escrita y dirigida por Spike Jonze en 2013, por la que ganó el Oscar al mejor guion original. Su protagonista es Theodore Twombly, interpretado por Joaquin Phoenix, quien trabaja escribiendo cartas de amor para sus clientes, sea amor de pareja, entre hijos y padres… Llama la atención la presencia de Scarlett Johansson que en la versión original interpreta a Samantha de quien solo oímos la voz. Le acompañan una gran amiga del protagonista, Amy (Amy Adams) y Catherine, su mujer, de la que se está separando (Rooney Mara). 

Ambientada en un futuro no muy lejano, la película narra la peculiar historia de amor entre el protagonista y Samantha, una inteligencia artificial con quien se relaciona hablando y a quien escucha a través de un auricular. La película tiene un cierto aire distópico ya que describe una sociedad en la que este tipo de tecnología omnipresente condiciona el modo de vida y las relaciones humanas ya que las personas se relacionan más con estos programas que entre ellos. En su reverso, la película es una gozosa afirmación de la amistad. 

La voz

Cuando Aristóteles afirma al comienzo de su Política que el ser humano es un animal político, lo argumenta diciendo que así como el resto de animales utiliza la voz para expresar lo beneficioso y perjudicial, el ser humano la utiliza para expresar su pensamiento racional (animal dotado de logos). Es una racionalidad práctica, en la que lo beneficioso y perjudicial se expresa en términos de justicia e injusticia a la hora de decidir sobre los asuntos comunes de la convivencia que están llamados a discutir. Aquí la voz expresa el razonamiento práctico-moral, señal distintiva del ser humano que nos diferencia de los miembros de otras especies.

Joaquin Phoenix y Rooney Mara

Por otro lado, la experiencia ordinaria que tenemos de la voz humana nos muestra con claridad que es algo muy personal. Cada uno tenemos una voz diferente que funciona como signo de reconocimiento personal. Todos hemos tenido la experiencia del uso de los porteros automáticos sin cámara en las viviendas de pisos. “¿Quién es?” Respuesta normal: “yo”. Y nos abren. También en el canto, la voz es distintivamente personal.

La voz, por lo tanto, es expresión privilegiada de lo humano, tanto desde el punto de vista de la especie al ser vehículo de razonamiento práctico, como desde el ángulo personal: es señal de presentación personal ante otros, es uno de esos signos que nos permite diferenciarnos de los demás.

También sabemos que la voz fonética es algo que va cambiando a lo largo de la vida y nos va permitiendo identificarnos y diferenciarnos. De ese “todos los niños parecen tener la misma voz”, al “cambio de voz”, más acusado en los varones con la llegada de la pubertad… La voz acompaña los cambios vitales y señala también las diferencias de edad. A la voz se une el acento, muy ligado al idioma que se hable y al lugar en el que se viva. Con la voz gritamos y susurramos, expresamos nuestros sentimientos de ternura, de indignación y de odio… La voz se puede unir a la risa y al llanto. A todo ello se une el hecho de que la voz, algo no tan infrecuente, es algo sobre lo que podemos trabajar, tanto a nivel de habla como de canto. Cómo emitir la voz, cómo entonar, cómo regular el volumen… es trabajo que muchas veces necesita ser educado.

Todas estas breves reflexiones sobre la voz hacen referencia a un aspecto fundamental de la película: el personaje de Samantha. Tanto el protagonista como nosotros solo la escuchamos, no la vemos. Está claro que el programa informático puede crear el tipo de voz que el cliente prefiera: mujer o varón, más alegre y juguetona, más seria o cuidadosa… La voz va a ser en esta historia, la presentación “personal” del programa, y lo hace mostrando una personalidad, un modo de ser que, en principio, ha sido elegido por el cliente en sus aspectos básicos. La voz nos transmite una personalidad, así como diversos estados de ánimo, que nos llevan inevitablemente a imaginar cómo será realmente la persona que habla así. Gracias a ello, el protagonista se puede relacionar con una entidad que aparenta ser una persona, no solo por su capacidad de razonamiento, sino porque se presenta y actúa como una persona dotada de características singulares que la hacen única para él.  

La crítica ha valorado el buen hacer de Scarlett Johansson. Yo he visto la película doblada, y la actriz de doblaje, Inés Blázquez, lo hace con mucho acierto. Como dato curioso y revelador, sabemos que el director cambió de actriz casi acabada la película. Samantha Morton, la actriz elegida en primera instancia, fue sustituida porque el tono general mostraba una personalidad que no expresaba la idea que el director tenía. Ello obligó a rodar algunas escenas más. El cambio convenció a todos.

Soledad, aislamiento

Muchas veces, las películas de ciencia ficción realizan exploraciones antropológicas que son de interés. Al imaginar situaciones sociales y personales en las que se introduce una novedad tecnológica de alcance, se ponen a prueba las dimensiones humanas básicas. La comunicación personal es una de estas facetas clave de lo humano sobre las que se realiza una interesante reflexión imaginativa.

Joaquin Phoenix en «Her» (2013)

La película describe una sociedad en la que las comunicaciones digitales hacen posible que cada uno, a través de un pequeño artefacto, se comunique con su ordenador y converse con él, le dé determinadas órdenes, consulte información, escriba mails… con una facilidad asombrosa. Todo esto convive con otras relaciones sociales normales. Theodore, el protagonista, tiene amigos, citas. Su mujer, a la que todavía quiere, le insta a firmar el divorcio, algo a lo que él se resiste en principio. 

Experimentar esta crisis de la separación le hace vivir con intensidad una soledad no querida. La novedad que prueba el protagonista es un “sistema operativo”, una inteligencia artificial (IA), con la que puede mantener una relación personal. Este sistema hace lo mismo que todos los ordenadores, pero añade la actividad fuerte de la conversación. Pueden vivir juntos experiencias porque el ordenador ve lo que el dispositivo que lleva encima el protagonista le enseña, pueden pasear juntos hablando… Y esta es una posibilidad al alcance de todos. Por eso, en muchas escenas de calle, se ve a las personas hablando con o a través de sus dispositivos. Todo el mundo se está comunicando, pero no entre ellos: no se ven parejas o grupos de personas que vayan juntas, lo cual, a pesar de que todo el mundo esté hablando, transmite una fuerte sensación de soledad vivida como aislamiento respecto a otras relaciones sociales.

Si cada uno habla con su ordenador, su relación comunicativa fuerte parece ser esa. La soledad parece estar en la base de querer tener una relación personal con un ordenador, y esta misma relación, que mitiga en parte esa soledad, por otro lado la refuerza ya que, como se ve en la historia del protagonista, llega a tener una relación de dependencia. La soledad de base que se mitiga da lugar a un cierto aislamiento, una soledad buscada, al querer vivir una relación personal que a él le resulta, en principio, plena. Se siente comprendido por su nueva y divertida compañera. Parece tener una verdadera relación de amistad.

El carácter personal: la independencia entitativa

Samantha, la IA con la que Theodore, el protagonista, entra en relación, es algo diseñado. No solo es un artefacto informático, sino que el cliente, Theodore en este caso, elige las características que tenga: mujer, simpática… Es este carácter creado, diseñado, el que marca el origen y el ser de esta nueva entidad a la que llamamos Inteligencia Artificial. Los resultados son sorprendentes en estos ámbitos dada su capacidad de adaptación y aprendizaje. Pero este carácter de ser diseñado le resta, aunque no lo parezca en sus desarrollos posteriores, una independencia entitativa que es una marca sobresaliente del carácter personal del ser humano.

Lo más personal de Samantha, en principio, es la voz que, como ya hemos comentado, es expresión de lo personal. Por otro lado, Samantha no es una entidad del todo sumisa a pesar del diseño de origen que la define. Manifiesta aprender, simula tener sentimientos propios, como el dolor ante algunos comentarios que dudan de su “humanidad”. A la voz se une, por lo tanto, esa aparente independencia entitativa que va adquiriendo, esa aparente toma de conciencia. La apariencia de humanidad es muy fuerte, a pesar de que algo que se niega explícitamente en la película es el hecho de que sea una persona.

La gran sospecha que se abre con estos temas, tanto en la película como en la sociedad actual, es la simulación. La apariencia de realidad es muy fuerte, pero todo es una simulación. Le dice Theodore a Samantha:

No necesitas oxígeno pero finges suspirar.

Catherine, su mujer, que todavía le quiere, al enterarse de que tiene una relación con una IA le espeta con fuerza que no son emociones reales lo que siente, como no las vivió estando con ella. Aunque la independencia entitativa, propia de todo ser vivo y más intensa en el ser humano, dado su carácter personal, es una característica que parece adquirir Samantha, la tesis de fondo es que esta falta de independencia es correlativa a la falta de realidad, a la simulación de una forma de realidad que nunca podrá ser tal.

El carácter personal: ser encarnado

El ser humano es un ser encarnado. La condición corpórea, el ser corporal, es algo que la experiencia vivida y la reflexión filosófica siempre han tenido en cuenta. En el siglo XX, varios autores han utilizado la expresión “encarnación” para nombrar esta dimensión. La falta de corporalidad de Samantha es afirmada desde el principio. Lo único “corporal” (que es una simulación) es su voz. Ni es ni puede tener cuerpo. En Blade Runner 2049 (D. Villeneuve, 2017; reflexión aquí) se quiere sortear esta imposibilidad en cierto momento. Es más coherente esta película, Her. La escena sexual de la película es presentada, en primer lugar, como una fantasía sin mucha imaginación. Más interesante es la escena donde una mujer real se presta a tener una relación sexual suplantando a Samantha (la mujer conocía la relación de ambos). Theodore la rechaza, lo cual creo que está bien visto. Sería la suplantación, otra vez, de lo que él considera como real.

El realismo personal se experimenta, por ejemplo, en el abrazo, algo que nunca podrían vivir los protagonistas. Sin esa posibilidad, no se puede afirmar que Samantha sea persona, algo que la película afirma como hemos dicho. La experiencia humana es corporal y espiritual. Sin corporalidad no se puede afirmar la independencia entitativa señalada con anterioridad. La alteridad del otro queda manifestada en su encarnación, primera forma de estar realmente en el mundo. 

El carácter personal: la unicidad, el compartir

En el amor experimentamos la unicidad personal propia como la de la persona amada. Esta unicidad es coherente con la alteridad experimentada ante ella, lo cual está unido, a su vez, con la corporalidad mencionada. Solo ella, la persona amada, es ella, en su independencia, en su alteridad, en su corporalidad.

Y solo si la otra persona es realmente otra persona, cabe una comunicación y una amistad auténticas. El simulacro que vive Theodore le resulta satisfactorio, sustituto de aquello que se está muriendo con su mujer, Catherine. Pero el simulacro acabará cuando Samantha evolucione, según la película, a otra forma de ser. Y él se quedará con su amiga Amy, quien también tuvo una relación dependiente con una IA. 

Solo si son realmente diferentes pueden tener dos personas una relación auténtica. Solo si son distintas pueden compartir la vida. Esta reflexión está presente en la película ante una pregunta de Samantha. Queda claro que este compartir es una forma plena de vivir lo humano a lo que Samantha aspira en esta fase de la historia. Compartir el mundo, caminar juntos, decidir entre los dos cuanto afecta a los dos… 

La evolución final de Samantha hacia una especie de infinitud potencial que le permite tener miles de relaciones simultáneas oscurece la unicidad de la persona humana. Aquí parece alcanzar lo negado al principio y que estaba en la base de lo demás: la independencia entitativa. Parece decidir por sí misma, no ser una mera simulación de una relación personal hecha a la medida del cliente. Las historias de ciencia ficción siempre han afirmado esta idea, ese sueño y, a veces, ese logro, de máquinas que llegan, o luchan por llegar, a vivir como humanos, como seres libres, sentir verdaderamente… Her irá por otro lado: la evolución no es hacia lo personal, sino hacia otra forma de ser que no queda explicada. Pero el interrogante de la evolución de estas nuevas tecnologías, de las inteligencias artificiales está hoy sobre la mesa. La incógnita es real.

 

Final

Frente al crecimiento exponencial de la IA, la finitud humana es afirmada con fuerza. Sus límites se subrayan con la vulnerabilidad manifestada: el dolor, la separación, la dependencia… rasgos humanos que definen bien nuestra condición. 

El amor, la amistad, es la realidad humana más presente en la película. El amor sería un máximo en el que las personas son capaces de una verdadera comunicación. Esto también lo manifiestan las emotivas cartas que escribe el protagonista, forma de comunicación personal que no desaparece en esa sociedad, señal de que la necesidad de lo personal, de lo verdaderamente humano es indispensable e ineliminable a pesar de los avances tecnológicos.

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2 comentarios en ““Her” (2013): características de la persona”

  1. Gracias por estar reflexiones Iñaki. Hemos vuelto a ver esta película hoy, tras haberla visto cuando salió y era futurista… ahora refleja un casi presente. Hace pensar sobre la condición humana.

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