“La delgada línea roja” (1998), de Malick. Reflexiones sobre la guerra (1)

La delgada línea roja (“The thin red line”) es una película dirigida por Terrence Malick que fue estrenada en 1998. La película narra algunos de los hechos de la toma de la isla de Guadalcanal, en el Pacífico, por parte de las tropas estadounidenses luchando contra las japonesas, lo que tuvo un altísimo coste humano. El control de la isla se consideraba de alto valor estratégico para seguir avanzando en el control del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial.

La expresión del título proviene de un periodista que informó sobre una batalla que los británicos escoceses libraron en Crimea (1854). Con “delgada línea roja” se describe la figura que formaban los militares que llevaban las casacas de ese color. La expresión quiere aludir a su heroicidad, y de ahí, a una línea que el enemigo no podría cruzar.

El guion está escrito por el mismo Malick, y está basado en una novela autobiográfica del mismo título escrita por James Jones en 1962. Nominada a siete premios Oscar, no ganó ninguno. Competía con la película de Spielberg, también de género bélico, Salvar al soldado Ryan, y con Shakespeare in love, de John Madden (1998).

La delgada línea roja es una película con muchos personajes interpretados por actores conocidos. Parece ser que deseaban trabajar con el director dado su enorme prestigio, aunque hasta aquella fecha solo había dirigido dos películas: Malas tierras (1973) y Días del cielo (1978). Entre los intérpretes destacan Jim Caviezel (soldado Robert Witt, que se puede considerar el protagonista de la obra), Sean Penn (sargento Edward Welsh), Nick Nolte (coronel Gordon Tall), Elias Koteas (capitán Staros), Miranda Otto (Marty Bell), Woody Harrelson (sargento Keck), John Savage (sargento McCron) y John Cusack (capitán John Gaff), entre muchos otros. Es de destacar la banda sonora compuesta por Hans Zimmer.

Malick realiza una película con un estilo propio que ya será inconfundible. Una excelente fotografía se une a los encuadres y montaje, que hacen de esta película una obra visualmente muy bella y con una narrativa original en la que se entremezclan con el relato imágenes de una portentosa naturaleza. A ello se añade el uso de la voz en off de varios de los personajes, una voz pausada con la que expresan su interioridad. Estos dos elementos: fotografía/encuadre/montaje y voz en off, son elementos distintivos de su poética que utilizará con más intensidad en películas posteriores, entre las que destacan El árbol de la vida (2011), To the wonder (2012), Knight of cups (2015, comentada aquí) y Song to song (2017, comentada aquí).

Estamos en la Segunda Guerra Mundial en la isla de Guadalcanal, estratégicamente situada, y en la que habitan pocos nativos. El centro de la película será la toma de una colina por parte de las tropas estadounidenses que luchan contra la feroz resistencia japonesa. A ello le seguirá el trato a los prisioneros, las escaramuzas de la batalla que prosigue… No se narra una victoria total. La película acaba antes de eso. Es, por lo tanto, una historia “truncada”: no cuenta toda la toma de la isla (1942-1943), sino solo una parte, con un final trágico, además. La cinta cuenta la vivencia que los personajes tienen de la guerra en la que combaten: ese es el interés principal de la película.

Y todo eso en un contexto “clásico” de guerra. Quienes batallan son los soldados. La escasa población civil de la isla no es víctima directa de la batalla. Sabemos de sobra que los bombardeos de ciudades llegaron a ser algo habitual en esta guerra que ya no se desarrollaba solo en el “campo de batalla”: Londres, Hamburgo, Dresde, Berlín, Hiroshima, Nagasaki, entre otras muchas, sufrieron bombardeos atroces. Aquí solo batallan militares. Sobre ellos reflexiona la película.

Lo opuesto a la guerra: amor y comunión

Yo he visto otro mundo,

nos dice uno de los personajes en la película. Ese otro mundo bello y pacífico, añorado explícitamente por algunos de ellos en la película, es lo opuesto a la guerra. Se presentan dos escenarios de ese otro mundo: la vida pacífica al margen de la sociedad actual occidental y el amor de pareja.

Por un lado, se nos presenta la vida de dos soldados fugados que viven en una isla del Pacífico. Conviven con sus habitantes: juegan, les ayudan en sus trabajos… Todo es paz y alegría en un lugar que se presenta como paradisíaco. Malick y sus ayudantes filman muy bellas imágenes en la que se describe una vida que parece la realización de un sueño, y cuyo recuerdo acompañará al soldado Robert Witt (Jim Caviezel) el resto de la película.

Jim Caviezel en «La delgada línea roja» (Malick, 1998)

Este planteamiento se asienta en el tópico de la visión que desde Occidente se tiene del lugar y de las formas de vida de estas islas del Pacífico. Gauguin es un ejemplo de un personaje famoso que viajó a esas islas buscando un sueño (comentado aquí), un lugar supuestamente no “ensuciado” por la avaricia humana, por los modos de vida modernos que han perdido el contacto original con los demás y con la naturaleza.  Esa visión es ingenua, pero desvela un deseo no satisfecho referente a nuestros modos de vida, y máxime en situaciones de guerra.

Este planteamiento recuerda la tesis de Rousseau, quien contrapone naturaleza y civilización. Creo que aquí se matiza esta oposición al presentarla como la oposición entre la naturaleza y la guerra, no dando por sentado que la guerra es el símbolo acabado de la civilización.

La otra oposición a la guerra, la otra forma de ese “otro mundo” añorado es el amor entre un soldado y su mujer. Durante el transcurso de la campaña, recuerda escenas de amor y de encuentro donde aparecen solo ellos dos, escenas dominadas por el silencio y las reflexiones pausadas de su voz en off.

Nosotros estamos unidos. Somos un solo ser. Fluimos juntos, como el agua. Nada puede separarme de ti. Bebo de ti. Ahora. Ahora.

Son dos formas de amor y de profunda comunión. Con su narración, Malick transmite paz y serenidad, estados de ánimo opuestos a los de la guerra presentes en esta película como son el miedo, la venganza cruel, el afán temerario movido por la búsqueda de gloria…

Ben Chaplin como el soldado John Bell en primer plano.

Estas oposiciones revelan la contraposición fundamental que aparece en la película. En la guerra no solo hay crueldad, también aparecen la camaradería y la lucha a favor de los demás. La oposición básica se da por la presencia de la maldad y la bondad presentes en el corazón humano, fuerzas humanas básicas y que también desbordan lo humano.

La guerra corrompe el espíritu

La guerra no ennoblece a los hombres, los convierte en bestias. Corrompe su espíritu.

Esta frase está dicha después de un acto de venganza cruel contra prisioneros, en una circunstancia extrema de dejarse llevar por el espíritu de venganza, y expresa una tesis central de la película. Lejos de la idea de que la guerra es una actividad noble que saca lo mejor de sí, la película afirma que el efecto principal de la guerra es el empobrecimiento de lo humano, su corrupción interior.

No faltan actos de heroísmo en los que se arriesga la vida propia en favor de los demás. Uno de los personajes, el sargento Edward Welsh (Sean Penn), que ha protagonizado uno de esos actos, dirá que no siente nada al ver a un moribundo. Parece que algo se ha muerto por dentro.

El soldado John Bell que nos cuenta su historia de amor (Ben Chaplin) expresa su miedo al respecto:

Mi querida esposa. Tanta sangre e inmundicia me revuelve las tripas. El ruido me atormenta. Intento que esto no me afecte. Quiero ser el mismo de antes cuando vuelva a tu lado. ¿Cómo podemos llegar a otras orillas?

No todo es negativo. El soldado Robert Witt (Jim Caviezel) mostrará una confianza y una fe en lo humano, incluso en estas circunstancias atroces, al afirmar que sigue viendo un destello de bondad en todos. A pesar de las negras situaciones que se viven. A pesar de la corrupción del espíritu. Este soldado de mirada compasiva ve debilidad antes que crueldad en los soldados afectados por esta experiencia de guerra. Dice al ver a los heridos que sufren:

Todo el mundo busca salvación por sí mismo. Como un ascua separada de la hoguera.

Esta frase, en el contexto de la historia, no es expresión de egoísmo individualista, sino de soledad, de miedo del que busca sobrevivir.

Crueldad, miedo o indiferencia son formas de esta corrupción del espíritu, efecto de la guerra. Desde este prisma, La delgada línea roja es una película claramente antibelicista. La guerra es una situación extrema, que, como toda gran dificultad obliga a afrontar la situación, lo que revela la medida humana, nuestro egoísmo o nuestro sentido de responsabilidad de cara a los demás. Tal vez nos haga despertar a un bien mayor que nos llame abriendo nuevas zonas de vida. Pero este posible cambio no se percibe en la película. La guerra revela cómo somos y, además, tiene efectos interiores catastróficos.

En la siguiente entrada continuarán estas reflexiones.

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