“La strada” (1954): “todo en esta vida tiene un propósito”

La Strada es el título de una película dirigida por Fellini en 1954. Él mismo escribió el guion junto a Ennio Flaiano y Tullio Pinelli. Cuenta con la música de Nino Rota en la que destaca el tema central que se repite a lo largo de la película ejecutado varias veces por los mismos personajes y que ayuda a construir el tono emocional de la misma. Protagonizada por Anthony Quinn en el papel de Zampanò y por Giulietta Masina en el de Gelsomina, fue una película premiada que ha llegado a ser considerada por los críticos como una de las grandes películas de la historia del cine.

El mundo del circo

Zampanò es un artista circense ambulante que va recorriendo los caminos (la calle, la strada) con su moto-carromato. Tiene como ayudante a Gelsomina, mujer con ciertas limitaciones intelectuales y con un corazón puro y capaz de fantasía. Van recorriendo con su espectáculo los pueblos de una Italia que va recuperándose económicamente. Domina la escasez en sus vidas (a veces apenas tienen para comer), viven de un dinero que recogen pasando el sombrero a los espectadores. A veces se unen a un circo ambulante donde se encuentran con el Loco (Richard Basehart) con quien Zampanò tiene una vieja rivalidad. Los conflictos con él serán uno de los elementos trágicos de la película.

Giulietta Masina como Gelsomina en La strada (Fellini, 1954), imagen icónica de la película.

La imagen tradicional del circo es la de un grupo de personas de oficio muy vocacional. Además de los payasos, los demás participantes hacen cosas extraordinarias que se salen de lo normal y casi siempre poniendo en riesgo su integridad. Acrobacias, encerrarse con animales salvajes, saltos de trampolines… Además de las actuaciones, se presenta como algo propio del circo la rareza humana, aquello que se da pocas veces: ser muy alto o muy bajo y otros extremos. Todo ello para provocar la admiración, la estupefacción, la diversión. En el circo experimentamos lo insólito, lo maravilloso, lo raro.

Es un tópico el hablar del “payaso triste”. Sobre todo, cuando está pintado de tal manera que se acentúa la sonrisa y la tristeza del payaso se presenta como un contraste muy acusado. Como si el hacer reír fuese un oficio triste muchas veces, como si la risa que provoca en el público fuese resultado de una mera actuación y el dolor interior que puede vivir es algo que no se debe mostrar pero que se vive con más intensidad aún dado el contraste de sus sentimientos y su oficio. Aunque hay cómicos de semblante serio cuando actúan, el payaso se comporta y viste normalmente de manera estrafalaria, estrambótica.

Richard Basehart en La strada de Fellini (1954)

Zampanò tiene ese aura de tristeza que choca con su número circense de forzudo al que añade un breve número cómico. En él se realiza el tópico del “payaso triste”: divierte pero sufre. Gelsomina que no sabe nada de este oficio cuando empieza, tiene un corazón puro que conecta con la comicidad. En ella no hay contraste entre persona y personaje ya que su actuación circense parece ser prolongación y expresión coherente de su personalidad. Gelsomina parece que encuentra su propósito, su vocación,  su ser útil al mundo y a los demás, desempeñando este papel para el que parece naturalmente dotada. No es que sea un prodigio. Simplemente, en su sencilla comicidad, al tocar la trompeta y moverse, hace reír. También Zampanò parece que ha encontrado su vocación en el mundo circense, pero el choque entre el personaje y la persona es fuerte, no hay continuidad. No parece que se identifique con lo que hace, que todavía le guste ese tipo de vida.

Dimensiones del sentido

La película tiene como tema central la problemática del sentido  de la vida. Esta importante dimensión de la vida tiene varios significados que se resumen en afirmar la validez intrínseca de algo, de alguien, de una acción, de una vida.

Anthony Quinn en La strada de Fellini (1954)
  • Sentido hace referencia a algo que puede ser comprendido. Una frase tiene sentido si puede ser entendida. Esto se aplica también a las situaciones, a las acciones. Cuando observamos a los demás a veces no entendemos lo que hacen, y entonces sus acciones no tienen sentido para nosotros. No comprendemos qué hacen, qué persiguen. Además de ser algo observable para los demás el sentido de la acción es algo que debe ser visto por cada agente. ¿Qué sentido tiene lo que hago, qué sentido tiene lo que me mandan hacer? Puedo no entender nada. Y si la duda atraviesa nuestra acción, lo haremos peor. Si no vemos el sentido de lo que hacemos, aflora la pregunta que parece no tener respuesta. “¿Qué sentido tiene todo esto?”
  • La experiencia de tener sentido es la experiencia de estar orientado, de conocer la meta a la que se dirigen nuestros esfuerzos. La finalidad da sentido a lo que hacemos. Quiero cocinar y, por eso, compro, por ejemplo, una sartén. Y la misma sartén tiene sentido al estar diseñada para que con ella cocinemos.
  • Además de las acciones particulares, nos preguntamos si nuestra vida entera, si nuestra actividad o trabajo, visto en su conjunto, tiene o no sentido. Esta pregunta está íntimamente relacionada con lo anterior. Si lo que se hace tiene sentido en general, normalmente se afirmará que la vida tiene  sentido. La pregunta general por la vida puede hacerse de actividades o situaciones globales, que alcanzan a muchos o mucho tiempo: la vida laboral, la actividad política o artística…
  • También afirmamos que las acciones, situaciones y la vida entera tienen sentido si sirven a los demás y, por lo tanto, es bueno para la sociedad que yo exista. Más allá de que la actividad tenga una finalidad clara, está esa otra finalidad que mira al exterior. ¿Sirve para algo a la sociedad? Aquí, tener sentido significa servir para algo en el sentido de ser útil a la sociedad. Esta dimensión del sentido es la que en la película, a través de Gelsomina, se subraya.  Descubrir su propósito va de la mano con el experimentar ser necesaria para alguien. Así descubre que es valiosa, principalmente cuando son los demás los que la ven como valiosa. Como dice en un momento la protagonista:
Giulietta Masina en La strada de Fellini (1954)

Yo no sirvo para nada a nadie (…) Estoy cansada de vivir.

  • Tener sentido es encontrar un propósito, un para qué. Como muy dice uno de los personajes, el Loco:

Todo en esta vida tiene un propósito. Hasta esta piedra (…) No, no sé cuál es el propósito de esta piedra. Pero debe tener uno. Porque si esta piedra no tiene un propósito, entonces nada tiene sentido. Ni las estrellas. Y tú también. Tú también tienes un propósito.

La piedrecita que sirve de ejemplo la guardará Gelsomina como símbolo y recordatorio de su ser útil, de su servir para algo, de que su vida tiene sentido aunque no sepa hacer muchas cosas. Sabe hacer reír, sabe crear alegría, logra que se esté a gusto con lo sencillo.

Ver lo humano. Ser necesario para alguien

Un contraste fuerte que se da en la película es el de la soledad y la comunicación. Fuera de su ambiente familiar, la vida de Gelsomina es solitaria. No se siente apreciada por Zampanò. Pero encontrará respuestas positivas: la gente está bien con ella, el Loco  habla con ella en serio y con profundidad, la familia circense la aprecia, la monja con la que se encuentran también. Zampanò es un hombre rudo que la maltrata a veces, que se sirve de ella como ayuda barata para sus actuaciones. Gelsomina descubrirá en el trato con él, en su vida ambulante, que quiere ser artista, y que quiere estar con él aunque experimentará en toda su dureza no ser correspondida.

La compañía es también algo profundamente humano y con la cual nos desarrollamos como personas. No solo necesitamos descubrir el propósito que aguarda ser descubierto. Necesitamos a los demás, y necesitamos que nos necesiten. Gelsomina con su sensibilidad “infantil” verá esto y se lo hará ver (tarde) a Zampanò.

Su ser útil, por lo tanto, se ampliará más allá de su comicidad, de su candidez con la  que se convive con alegría. Más en el fondo, con su ser sencillo, su propósito es hacer ver a los demás aquello que nunca deberían haber olvidado. Que lo que forma parte esencial de la estructura del ser personal es la referencia al otro: necesito a los demás, me doy a los demás; me necesitan los demás, los demás también me dan.

Dos son sus propósitos y sus dones por lo tanto.

  • La comicidad simple y encantadora que provoca la risa divertida, el estar a gusto unos con otros, en primer lugar.
  • Y por otro lado, ese hacer ver lo humano, sacar de su encierro a las personas al tener una experiencia positiva de lo humano.

La apertura al otro que define lo humano es algo que se modula a lo largo de la vida. Zampanò está embrutecido y casi al final de la película llega a expresar gritando una convicción:

¡Yo no necesito a nadie! ¡Quiero estar solo!

Richard Basehart y Giulietta Masina en La strada de Fellini (1954)

El contraste entre los dos protagonistas es total. El sueño de la independencia como señal de valía está arraigado en él. Necesitar a alguien sería reconocer una dependencia que se interpreta como carencia que menoscaba. Pero, tal como está expresada en la película, es la diferencia entre un Zampanò embrutecido, y encerrado y una humanísima Gelsomina. Es la sencillez de Gelsomina la que consigue que la sensibilidad moral de Zampanò no se apague del todo. Solo al final, tarde ya, Zampanò se dará cuenta de su error, de que lo humano tocó su corazón, lo ablandó, pero lo rechazó… y se extravió.

Por otra parte, también el Loco ve, es el que le dice palabras cuerdas. Es el Loco el que, situándose fuera de lo sensato, intenta hacer ver al mismo Zampanò cómo es, algo que le enfurece constantemente. Como pasaba con el Hamlet que se hacía el loco con su madre y su tío. Como pasaba con los bufones según la imagen que se nos ha transmitido, los únicos que en su “locura” podrían decir las verdades al rey a la cara. El Loco es aquí el sensato. En los dos casos, parece que la sensatez viene aparejada de una apariencia de falta de racionalidad. Parece un remedo de las figuras universales de Quijote y Sancho. El Loco que veía fantasías ve en lo profundo. Ese ver “platónico” parece ser competencia de las almas sencillas.

Fantasía y realismo

Los personajes encarnan actitudes opuestas en varios temas. Uno de los contrastes es el que se da entre la fantasía y el realismo. Gelsomina y el Loco parecen no ser realistas en el sentido pragmático de la palabra. Zampanò sí que parece saber cómo funciona la sociedad,  las relaciones humanas, el dinero… Hay una mirada pesimista sobre la condición humana que se condensa en la idea de que hay que aprovechar las oportunidades que te presenta la vida. Si se puede robar, se roba; si se engaña, que se engañe.

La sensibilidad moral de Gelsomina está en las antípodas de esto. No se afirma la tópica idea de que todo el mundo, en el fondo, es bueno. Tampoco Zampanò afirma lo contrario. Es un tema de sensibilidad moral en primer lugar, no una mera idea genérica y abstracta sobre la condición humana. Robar es una oportunidad que hay que aprovechar en esta dura vida (Zampanò). Robar está mal (Gelsomina), es algo que no hay que hacer. Pero con esa finura no se consigue nada pensará un tipo de persona como Zampanò.

Gelsomina, con su “ingenuidad”, nos recuerda que aunque haya competición en la vida social, aunque haya carestías graves, las sociedades deberían ser estructuras de colaboración. Estamos en el mundo para servirnos unos a otros, para ser útiles a los demás. No sobra nadie. Incluso Gelsomina, aparentemente inútil, sirve para algo, y ese será su propósito: ser causa de alegría, recordarnos lo verdaderamente humano.

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