Algunas facetas de Goya: observación de lo humano, invención en el arte

Gaetano Merchi, Goya (hacia 1795), Museo del Prado. Realizado en vida de Goya. Imagen más realista que la romántica de Benlliure, mucho más conocida, como afirma Manuela Mena en el estudio introductorio del Catálogo, Goya en tiempos de guerra (Museo del Prado, 2008).

Francisco de Goya (1746-1828) es uno de los grandes pintores de la historia del arte. A pesar de ello, su figura no es todavía del todo conocida. En su biografía hay mucha leyenda como explicaba una gran especialista,  Manuela Mena, en el  ciclo de conferencias dadas en el Museo del Prado en 2013. Los aficionados hemos recibido una imagen rodeada de algunos tópicos a través de imágenes repetidas de su persona o de sus obras. Poco a poco se va dando una imagen más precisa de este gran artista: algunos documentales dirigidos a un gran público, las exposiciones y sus catálogos, monografías diversas. En esta entrada, además de las conferencias citadas, tendré como referencia la obra de Todorov, Goya. A la sombra de las luces (original francés de 2011).

Goya, por Benlliure (1902), Museo del Prado. A partir de esta escultura se elabora la que se entrega en los premios de cine.

 

 

Mostrar el ser humano, mostrar el mundo, a través de la imagen pictórica

En las conferencias citadas, Manuela Mena afirma que el mayor interés de Goya era la de mostrar al ser humano en su acción. No le interesaba tanto la precisión de la anatomía como su actividad. La acción revela al ser humano ya que en ella se encarnan las motivaciones, las ideas y las convicciones, los egoísmos, las inconsistencias, los afanes… tanto en su dimensión individual como socio-política entre las que se da una relación intrínseca. A través de cuadros y grabados, de pinturas de encargo y de proyectos artísticos personales, Goya irá representando los acontecimientos históricos y populares, la psicología de las personas retratadas, las costumbres de su tiempo.  A través de su arte, Goya, como dice Todorov, mostrará el mundo.

Dos maneras, por lo tanto, de sintetizar la visión que Goya nos ofrece: muestra el mundo social, el mundo humano, a través de los personajes que retrata, a través de la representación de situaciones de diversa índole.

Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer (Desastres de la guerra,1 )

Con las maneras de actuar en diversidad de situaciones y la expresión psicológica de la personalidad de los personajes de sus cuadros da a conocer el interior de las personas y el significado de los hechos sociales a través de un juicio moral, principalmente en su estampas (Caprichos, Desastres, Disparates). Ese hacer ver lo intangible a través de la imagen visible, el que a través de la apariencia se desvele lo interior, el significado, lo esencial, es la capacidad de los grandes artistas. Al dibujar y pintar al ser humano Goya nos da una imagen de los modos fundamentales de ser y nos ofrece una reflexión de un hondo calado cultural y político. Como pensador que es (a través de las imágenes) nos invita a pensar sobre la condición humana en general.

La belleza de la imagen pictórica no se puede disociar del significado que tiene y que lo bello transmite de manera rotunda. La buena imagen pictórica tiene carácter de fenómeno que manifiesta lo real y lo humano al ser expresión certera de los mismos. Propio de la belleza es dar al fenómeno, a la imagen, su plena capacidad de manifestación y comunicación. Este acto comunicativo de la imagen pictórica transmite un significado que se acoge y vive a través de la experiencia que tenemos ante la obra. La co-implicación del sujeto que vive y la obra que se manifiesta hace del arte, como acto de comunicación, un acontecimiento con características propias.

En la vida real nosotros percibimos los acontecimientos en movimiento. También cualquiera de nosotros puede interpretar (aunque a veces no es fácil) qué está pasando a partir de lo que se ve; también vemos a la persona en su cuerpo, en su rostro, como lo ve el retratista. Pero los artistas saben expresarlo con una imagen creada fijando un momento y exponiéndolo a la mirada del espectador. Esa fijación de la imagen es la que no se da en la experiencia cotidiana. La visión de un cuadro puede parecerse en algo a la contemplación de un paisaje, pero las sensaciones de movimiento mientras lo hacemos siempre estarán: aire, sonidos, nubes… Aunque estemos acostumbrados, en el arte experimentamos algo no cotidiano, no natural: imágenes fijas con la pintura y escultura, sonidos y armonías con la música, volúmenes habitables con la arquitectura, la expresión poética que se aleja de la forma habitual del habla. Más pegada a la experiencia cotidiana es la que vivimos en el teatro y cine (incluso, en parte, la ópera), la novela… Al ser una imagen fija nos podemos ir deteniendo en detalles, tanto formales como de contenido. Las pinceladas, los aspectos de mayor o menor imprecisión. Y también, la mirada, el vestido, la pose…

María Antonia Gonzaga, marquesa viuda de Villafranca, 1795 (87 x 72 cms.)  Museo del Prado

Y el que la imagen pictórica sea una imagen fija permite que se pueda volver a ver pudiendo estar en un momento vital diferente. Todos podemos tener experiencia de ver un cuadro en diferentes épocas de nuestra vida y percibir aspectos distintos, ser afectados de maneras diferentes. La potencia de apertura de nuestra subjetividad se va modulando con los significados que se nos transmite. De repente una imagen conecta con nuestro interior y nos habla de nosotros mismos, no abre posibilidades vitales, de comprensión.

La experiencia estética, por otro lado, es una experiencia de índole afectiva. Muchas veces disfrutamos viendo la imagen, los colores, el dibujo… Y es en esa experiencia placentera en la que captamos el mensaje que se nos transmite. Es como si el arte tuviese la potencia de abrir la subjetividad del espectador, de favorecer la recepción de un mensaje. A veces ese mensaje es algún rasgo de carácter que se trasluce a través de la apariencia del retrato.

Por otro lado. El pintor elige qué mostrar a través del arte. Cada cuadro es una ventana abierta al mundo a través de una mirada personal. Aunque haya motivos iconográficos tradicionales, variantes sobre un mismo tema en los que cabe originalidad creativa, el enfoque de los pintores se ha ido liberando de tópicos a lo largo de la historia. La elección del tema, de cómo expresarlo, sobre todo, ya es una interpretación. Es una selección de la realidad que se ofrece al espectador. Una mirada que educa la nuestra.

Siempre se ha podido producir el choque entre la libertad del artista y las peticiones de quienes encargan la obra. En el caso de Goya, además de las “Pinturas negras”, los dibujos y los grabados (estampas) de tema libre serán el ámbito donde ejerza una mayor libertad.

Observación de lo humano

La nevada o El invierno, 1786 (275 x 293 cms.) Museo del Prado

Con estas dos palabras, “observación” e “invención”, Todorov resume la actividad de Goya que está en la base de ese representar el mundo humano que pretendía mostrar a través de su arte. Es fácil imaginar que Goya era un observador atento de la circunstancia que le rodeaba. El carácter de las personas retratadas, los acontecimientos sociales, las costumbres… nos cuentan una historia sobre la que muchas veces se transparenta una valoración moral.

Observar lo humano requiere no solo estar atento, sino también empatizar y estar abierto a reconocer formas diversas de vivir lo humano que se diferencian de nuestras propias ideas. Para saber ver lo humano, es necesario estar dotado de una fina sensibilidad moral que permita que nuestra mirada sea una mirada abierta, no un mero ver a través de nuestro yo, que sería un ver excesivamente tamizado por nuestra individualidad. Solo con una mirada abierta, sensible, podremos ver lo humano allí donde se manifieste, más allá de las etiquetas sociales de lo que se considere una vida humana exitosa.

La calamidad, las pobrezas de distinto tipo, las actuaciones criticables de personas pertenecientes a grupos considerados respetables… Una mirada abierta a lo humano es una mirada modulada por el afán de justicia que nos permite ver el carácter personal de todos. La convicciones individuales que irá forjando a lo largo de su vida, junto a los hábitos emocionales, forman parte de esa sensibilidad moral que le dan a su mirada una perspectiva personal.

Invención en el arte

En las artes figurativas como la pintura (la mayoría de las veces), el teatro, la novela, la escultura… la mímesis (categoría estética vigente en tiempos de Goya), la imitación de la apariencia, siempre es una mímesis creativa. La imaginación juega un papel determinante en el proceso creativo. La pintura figurativa de Goya (y la de cualquier otro pintor) no es una copia de lo que vemos, sino un fingir la ilusión de realidad utilizando mecanismos que pueden alejarse del carácter de copia y mostrar con recursos estilísticos personales la verdad de lo real, como subraya Todorov: el interior psicológico, el significado de los hechos sociales. La exageración, la metáfora y el símbolo, la insinuación, la ilusión de la perspectiva o su negación, el uso de los colores, la composición, las referencias literarias en pintura y escultura y una infinidad de recursos más, son medios para expresar lo humano haciendo referencia a las motivaciones, impulsos, sentimientos, convicciones… que mueven a los personajes representados. Eso que de intangible tiene la acción humana y que le dota de espesor y significación es lo que un artista como Goya sabe realizar.

Las explicaciones de los dos autores que sirven de base a estas reflexiones destacan varios rasgos artísticos que describen características de su modo de pintar.

  • Con pocos trazos, el dibujo expresa con precisión lo que Goya pretende. Ese carácter de abstracción, como afirma Mena, le da mucha libertad expresiva.  El esfuerzo constante en el ejercicio del dibujo es algo que Goya afirmaba (puede verse el escrito que dirige al Viceprotector de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando).
  • Ligado a la importancia del dibujo está la referencia a la Naturaleza

Que sin ella nada hay bueno, no solo en la pintura (que no tiene otro oficio que su puntual imitación) sino en las demás ciencias.

  • Pinta como ve, pinta masas en movimiento destaca Todorov. Perfiles y contornos imprecisos para una técnica “impresionista”: su pintura se asemeja al ver. No se trata de detener la mirada recorriendo el perfil de las cosas para hacer una copia  que permita al espectador, a su vez, recorrer de manera morosa todo lo pintado. Es la visión de conjunto la que da la visión “exacta”. Su admirado Velázquez reflexionará sobre lo mismo tal como refleja Buero Vallejo en Las Meninas.
  • Con la invención se pintan y dibujan las imágenes de la fantasía (imaginación) que muchas veces rompen las reglas naturales. Reglas físicas, formas de las cosas, yuxtaposición de motivos… A veces esto hará difícil la comprensión del significado de la imagen dejando un amplio margen para la imaginación del espectador. Parece que lo real tal como lo vemos no es suficiente para expresar determinadas emociones, para significar diversas situaciones.

  “Capricho” en arte habla de invención, fantasía que rompe con las reglas vigentes. Pinta lo real, pero lo pinta “inventando”, siguiendo un camino personal que exprese su mirada propia al servicio del mostrar el mundo humano. Y en el escrito citado dice Goya:

No hay reglas en la Pintura ( … ). La obligación servil de hacer estu­diar o seguir a todos por un mismo camino es grande impe­dimento a los jóvenes que profesan arte tan difícil.

Asmodea, 1820 – 1823. Técnica mixta sobre revestimiento mural trasladado a lienzo, 127 x 263 cm. Museo del Prado

Un aspecto destacable de la película La máscara (Chuck Russell,1994, con el histriónico Jim Carrey) es el hecho de que cuando los personajes se ponen esa máscara mágica, lo que sucede es que se multiplican los rasgos de carácter que les definen. Se intensifica lo que es cada uno (no solo el protagonista, también el antagonista) de una manera hiperbólica, haciendo real su deseo profundo y mostrando públicamente, con poder, su identidad. La máscara desvela la verdad del protagonista. Es un juego de ocultación y revelación. El “yo normal” del protagonista es tapado y se hace público la imagen del yo que desea ser pero que en la vida ordinaria no se atreve o no puede manifestar. Con las máscaras creamos un personaje que muestra una faceta de nuestra identidad quedando salvaguardada nuestra imagen social ordinaria. Es mostrar nuestro yo, o una de sus facetas, manteniendo el anonimato.

Este mecanismo de ocultación y revelación es el que utiliza Goya para desvelar los comportamientos vergonzantes, opresivos, hipócritas. Es una máscara que, a diferencia de lo dicho arriba, no es uno mismo el que se la pone, sino que se pone desde fuera. Es Goya quien pinta las figuras como si fueran máscaras y así, al deformar, revela. Los caprichos, Los disparates, Los desastres, utilizan la caricatura, la fantasía, la figura de las brujas, para desvelar la identidad moral de los tipos sociales. Dada la ocultación relativa de su significado, Goya pone títulos, frases, más o menos claras con las que se ilumina el sentido del dibujo.

En fin. Goya, como todo gran pintor, une a la destreza técnica el saber mirar lo humano para expresar lo que de intangible tiene. Autor de una obra variada, numerosa, su obra es fuente de contemplación y reflexión. Goya no solo sabe ver, sino que nos enseña a mirar.

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