Gattaca es una película de 1997, escrita y dirigida por Andrew Nicol, quien escribiría el guion de El show de Truman un año después (reflexión aquí). Está protagonizada por Ethan Hawke (Vincent Freeman), Uma Thurman (Irene Cassini) y Jude Law (Eugene Morrow). En su estreno fue un fracaso de taquilla pero hoy en día ha adquirido un enorme prestigio entre la crítica y el público. Aunque los límites entre los géneros literarios o cinematográficos son a veces algo imprecisos, se suele situar a esta película dentro del género de la ciencia ficción, con elementos de cine noir y romántico.

Gattaca se centra en los avances de la ingeniería genética en una época (“en un futuro no muy lejano”, como es habitual: recuérdense los títulos 1984 y 2001) en la que ya es posible que los padres escojan el diseño genético de sus hijos “con lo mejor de los dos progenitores”. El matrimonio de la película tendrá dos hijos: uno “natural” y otro diseñado. Al primero, nada más nacer, se le hace un test genético y se predice su corta vida dada su predisposición a enfermedades cardíacas. En realidad, es una cuestión de probabilidad pero que se toma como dato cierto. Al ver los padres que la vida de su primer hijo va a ser muy limitada, también socialmente, al ser No apto o Inválido para muchas tareas, deciden diseñar a su segundo hijo.
La trama de la película es habitual en su estructura básica: el hijo natural, dominado por su pasión de viajar al espacio, engaña a la empresa Gattaca pasándose por otro. Domina los cálculos de viaje, supera las pruebas físicas… Pero poco antes del viaje para el que ha sido escogido, hay un asesinato. Aparecen los detectives, se convierte en sospechoso, no podrá sortear los análisis de identidad, tiene una historia de amor con una compañera…
Preludio. La ciencia ficción
La expresión, “ciencia ficción” fue utilizada por Hugo Gernsback en la década de 1920 (en su honor, los Premios Hugo para obras de este género). Son muchas las novelas y relatos, así como cómics, películas y series de televisión que desde hace décadas han tenido, y tienen, una gran aceptación por parte de un público amplio. Es un género que permite imaginar diferentes posibilidades humanas y sociales, convirtiéndose en un instrumento de exploración antropológica y sociológica muy interesante y eficaz al imaginar futuros posibles en los que el desarrollo científico y tecnológico es determinante en las nuevas formas sociales de vida. Este rasgo exploratorio lo comparte con los cuentos que hablan de manera simbólica sobre actitudes humanas fundamentales.
Veamos de manera esquemática algunas de las principales temáticas.
- Normalmente están ambientadas en el futuro, en una época donde la “conquista del espacio” está mucho más avanzada que ahora y se presenta como símbolo-resumen de este desarrollo. Aquí se producen encuentros con otras especies inteligentes. Pero muchas veces, su presentación no pasa de reproducir los problemas de guerra e invasiones siempre presentes en la historia humana. La problemática de la violencia es perenne, y se proyecta en esos nuevos mundos, reflejo del nuestro. La aportación antropológica en estos escenarios es pequeña.
- Estos problemas de dominio y guerra se extienden a las mismas creaciones humanas que se vuelven contra sus creadores. Las clásicas El planeta de los simios (F. J. Schaffner, 1968; reflexión aquí) o 2001 (S. Kubrick, 1968; reflexión aquí), así como la famosa serie iniciada por Terminator (J. Cameron, 1984) son buenos ejemplos de este miedo contemporáneo relativo a las amenazas de la técnica, a los efectos imprevistos o no buscados en primera instancia.
- La creación de robots o cyborgs da lugar a que aflore la perenne tendencia humana a crear sociedades en las que unas clases dominan a otras (aquí, los humanos a los robots). Se presentan sociedades divididas en grupos cerrados, sociedades de castas. Ya presente en algunas de las películas citadas, la presencia de lo distópico es frecuente en este género. Al reflexionar sobre tendencias y vigencias actuales, imaginan un futuro donde domina lo negativo dado que lo humano ha perdido su sentido, y donde el poder despótico (político o económico) define las sociedades futuras. Rollerball (N. Jewison, 1975; reflexión aquí), o Fahrenheit 451 (R. Bradbury / F. Truffaut, 1953/1966; reflexión aquí), son famosos ejemplos sin dejar de señalar una obra culminante al respecto: la novela de G. Orwell, 1984 (de 1948).
- En estas obras se reflexiona sobre el sentido de lo humano como tal. Qué diferencia a las personas de los robots que pueden llegar a tener un desarrollo que los haga indiscernibles de los humanos. Blade Runner (J. Cameron, 1982; reflexión aquí) y su interesantísima secuela, Blade Runner 2049 (D. Villeneuve, 2017; reflexión aquí) son dos excelentes muestras de ello.
Triunfo de la determinación
El tema de la herencia es omnipresente en Gattaca. Se nos dice que se pueden predecir con rapidez, al comienzo de la vida, las predisposiciones a enfermedades, la edad a la que seguramente el sujeto morirá. Queda claro en la película que no es un determinismo fatal. El protagonista, siguiendo un esquema argumental clásico, saldrá vencedor en su lucha personal contra las probabilidades vaticinadas, una especie de versión moderna del debate clásico entre destino y libertad. La película muestra un triunfo de la libertad, del espíritu, frente al supuesto destino que marca la herencia biológica. La película afirma que los genes sí son condicionantes en alto grado, pero no lo marcan todo. Lo importante, piensa el protagonista, es qué hacer con lo dado, con lo heredado.

Hay personajes que actúan como contrapunto al protagonista: su hermano menor, más fuerte físicamente que él, a quien le falta esa determinación, así como aquel a quien suplanta, paralítico tras un accidente. Este, que vende sus servicios (orina, sangre, células muertas de piel… y su silencio) quedó segundo en una importante competición atlética. Él creía que estaba predestinado a ser el mejor porque sus dotes le capacitaban para ello. Supongo que competiría con otras personas diseñadas como él. Pero aquí lo que se sugiere es que él no puede soportar el fracaso. Suponemos que a él le faltó determinación, esfuerzo al entrenar, o que sigue habiendo diferencias entre los diseñados como los hay entre los “naturales”. Pero no es solo una cierta debilidad de voluntad lo importante, sino la incredulidad de que perder o fracasar fuese una posibilidad. El saberse diseñado parece conllevar una seguridad sobre el futuro que transforma la experiencia humana básica al respecto. El poder sobre el origen parece conllevar un poder sobre el destino.
Se cita un caso más. El analista que controla la identidad de los aspirantes a astronautas revela al final que tiene un hijo que no fue tan bueno como le prometieron. Por eso deja al protagonista seguir en su empeño a pesar de saber que está cometiendo fraude. Por lo visto, los genetistas también se equivocan en su diseño. No cumplen lo que prometen, aunque parecen estar muy seguros del poder de la técnica.
Por lo tanto, la película señala límites estructurales de los avances científicos: los errores son posibles, tanto en el diseño como en el análisis de las predisposiciones y el cálculo de las predicciones. La película no se centra directamente en la epigenética, en la influencia del medio ambiente natural y social, de la educación familiar… pero podemos deducir que se afirma su influencia de forma indirecta.
El otro gran límite estructural afirmado es que no somos solo nuestro ADN. Somos capaces de elegir, orientar y conducir lo que somos. Lo importante es qué hacer con lo que somos, con las capacidades que los padres han diseñado para su hijo. Añadido a esto, está indicada de manera implícita la idea de que, si se pueden diseñar las cualidades del futuro hijo, los padres tenderán a pedir siguiendo los modelos vigentes. El peligro de uniformidad es evidente, lo que se muestra en que todos los aspirantes que entran en Gattaca visten igual. La falta de originalidad empobrece la riqueza plural de la naturaleza, de la vida.
En los ejemplos y peticiones actuales que se conocen, y también en la película, aparecen siempre las mismas capacidades como las más valoradas: la inteligencia técnica relativa al cálculo y la excelencia corporal pensada, sobre todo, para los deportes. ¿Cual es el óptimo humano? La película no se hace esta pregunta. Aquí tenemos otro problema. La imagen de la excelencia humana es como la vida en general: tremendamente plural. ¿Por qué valoramos tanto determinados ideales y no otros? No se cita nunca en las propuestas, que yo sepa, si se puede diseñar la excelencia moral o si es algo que se buscase. Supongo que se dirá que eso no se puede diseñar de antemano, que sigue siendo prerrogativa del espíritu, que forma parte de la epigenética. Pero el óptimo humano buscado tiene características muy especiales y reducidas en este planteamiento.
La ambivalencia fundamental del progreso
Una problemática moral transversal es la ambivalencia constitutiva del progreso: mientras se buscan mejoras en un orden, esas mismas técnicas abren campos de acción que plantean graves interrogantes morales. Este hecho se refleja brillantemente en Gattaca.
Los avances en la genética se han realizado con la finalidad, en primera instancia, de prevenir y curar enfermedades. La terapia génica puede servir para curar o paliar la atrofia muscular, por ejemplo, pero esas mismas técnicas, con las adecuaciones necesarias, también pueden servir para potenciar el rendimiento atlético de personas sin esa dolencia. En este segundo caso, ¿es legítimo que atletas sanos utilicen estos medios para mejorar su rendimiento? ¿Dónde quedan los dones naturales y el esfuerzo que tanto valoramos en los atletas?

Se plantea el debate como un juego de ganancias y pérdidas. Los interrogantes provienen de la posibilidad de un mal uso de las nuevas técnicas o, incluso, de los métodos de investigación empleados. ¿Merecen la pena algunas investigaciones?, ¿merece la pena el avance en la física nuclear si con ello son posibles las bombas atómicas? El problema es más crudo y grave en realidad: porque se quiso construir una bomba atómica, la ciencia avanzó haciendo posible otros usos excelentes en otros ámbitos.
La presencia de estas problemáticas, de esta ambivalencia tan intensa, da a la película un claro carácter distópico, muy propio de las novelas o películas “de anticipación” como también se ha denominado a este tipo de obras. Las distopías afirman que las supuestas utopías alcanzadas por la humanidad tienen un reverso negativo más fuerte que los logros alcanzados. El futuro es peor en realidad, no mejor. No solo peor, sino muy malo, un fracaso de lo humano. Se paga un precio muy alto por querer alcanzar lo que se considera mejor.
Eugenesia liberal
La palabra “eugenesia” es un neologismo creado en 1883 por Francis Galton dentro de la corriente del darwinismo social. La eugenesia (etimológicamente, “bien nacido», como “Eugenio”, nombre de uno de los protagonistas) defiende la mejora de la especie a través de la mejora de la herencia genética. En algunas asociaciones y estados de Estados Unidos se promovió, en las primeras décadas del siglo XX, la reproducción de los más aptos (considerados así por su coeficiente intelectual, su salud física…) así como el reverso negativo de esto: campañas de esterilización forzosa de los considerados como menos aptos. Luego vino el caso extremo y criminal de Hitler que explica la mala fama de la eugenesia.

Se corrigieron planteamientos. Lo que, sobre todo, se critica hoy es el carácter coercitivo de los tratamientos de la eugenesia. Ya no se debate sobre esto. Los Estados no tienen legitimidad para ello. Pero el tema de la eugenesia sigue ahí. En la actualidad, las diferentes legislaciones sobre la reproducción asistida se enfrentan al problema de si los futuros padres pueden elegir el perfil y características de los donantes para así, controlar, los rasgos de su futuro hijo. Por otro lado, la legislación no permite mejorar la potencia muscular con este tipo de técnicas. ¿Estaríamos dispuestos a permitirlo? Hoy por hoy, las legislaciones actuales parecen remisas a permitir este tipo de usos. Todavía tiene mucha fuerza la distinción entre la cura de enfermedades y la mejora del rendimiento o el diseño de los futuros hijos. Gattaca plantea abiertamente esta problemática dibujando una sociedad en la que esto está claramente permitido, afirmando de este modo que es una posibilidad técnica y científica hacia la que nos vamos encaminando.
Esta problemática ha generado un intenso debate ético-filosófico. N. Agar denominó “eugenesia liberal” (1998) a este nuevo ideal pensando en la posibilidad de que los padres pudieran elegir y diseñar aspectos básicos de los hijos a través de la bioingeniería. Ante esa posibilidad de elección que las nuevas técnicas posibilitan, el Estado se mantendría neutral. Pero esta neutralidad, que la película también afirma, tiene su reverso. Se crearían nuevas castas y aparecerán los “inválidos”. Los padres quieren lo mejor para sus hijos y, por lo tanto, no quieren que sus hijos estén predeterminados a ocupar y realizar roles sociales subalternos. Los críticos de la eugenesia liberal, y la película entre ellos, se hacen eco de la presión que la nueva situación crearía. No hay coerción estatal, pero sí una gran presión social.
Por otro lado, el papel de la influencia de la biografía y el entorno es algo defendido por muchos expertos hasta el punto de afirmar que es tan importante la genética como la epigenética. Ya lo hemos mencionado respecto a la película: la conciencia de las posibilidades humanas estaría marcada por el saberse diseñado. Esta es una realidad que afecta a la experiencia de la propia vida, al modo de estar en el mundo, lo cual es determinante para la misma vida. Si las capacidades están diseñadas de antemano, se va introduciendo la idea determinista de que se hará muy bien aquello de lo que se es capaz. Aquí, la tesis de la película es que lo importante es saber qué hacer con los dones (diseñados o no, en realidad), no los dones-aptitudes en sí mismas. Aunque hay un detalle que aparece en la película: un famoso pianista interpreta el más famoso Impromptu de Schubert con doce dedos. No es que sus capacidades sean más altas, es que se ha cambiado la anatomía humana.
He tenido presentes dos famosas críticas a la eugenesia liberal. Habermas, en El futuro de la naturaleza humana. ¿Hacia una eugenesia liberal? (2001), y Michael Sandel, quien prosigue la crítica desde presupuestos algo diferentes en Contra la perfección. La ética en la era de la ingeniería genética (2007).
La incidencia sobre la naturaleza humana
Hacerle algo al cuerpo de la persona es hacérselo a la persona. Al acariciar o pegar estamos acariciando no un cuerpo, sino a una persona. Claro que es un gesto corporal, que se siente, pero tiene una esencial significación humana. Al pretender diseñar el mapa genético de cara a la mejora contando con la herencia de los progenitores, se está incidiendo directamente en la identidad ontológica del nuevo ser que se convierte, parcialmente, en objeto de elección por parte de otros. La imprevisibilidad, la “innovación radical” de la que hablaba Julián Marías al explicar el carácter personal del ser humano, se pondría en entredicho. Lo indisponible del quién de cada uno se torna ahora disponible. Es verdad que lo importante es qué hacer con las aptitudes que se tengan, pero lo diseñado condiciona, orienta. El margen de libertad y autonomía se acorta si lo que soy ha sido objeto de elección paterna/materna y social.
Sandel hace una sugerente crítica final a la eugenesia. Toma de W. F. May la idea teológica de “apertura a lo recibido”. Sandel asume esta idea sin darle significación religiosa. El perfeccionamiento buscado por la bioingeniería traería, según el pensador estadounidense tres consecuencias derivadas del predominio de la actitud de dominio que no reconoce el carácter de don de las capacidades y los logros.
- El rechazo a las promesas de mejora de la ingeniería genética es una defensa de la apertura de lo recibido que se despliega en el estar abiertos a lo inesperado, así como a dominar el ansia de control desmedido.
- Rechazar estas promesas supone aceptar la idea de que no somos totalmente responsables de cómo somos. Las nuevas propuestas aumentan de manera desmedida la responsabilidad ya que conllevan aceptar que cada vez, todo es o podría ser, objeto de elección, y no algo contingente y no dominable.
- Si fuésemos diseñados, según Sandel, nos haríamos menos sensibles a las desgracias de otros al ver a los más “bajos” en la sociedad, no como desfavorecidos, sino simplemente como “no aptos».
Anexo final

Gattaca contaba con un presupuesto relativamente reducido. La ambientación de la película, los edificios y los coches no son inventados ni fruto de efectos digitales. Decidieron ir hacia el pasado y filmar en edificios existentes de líneas puras, de mediados del siglo XX la mayoría. No solo era más barato, sino que imaginaron un futuro, que de suyo es muy difícil de imaginar, utilizando cosas de un pasado reciente con un aire funcional y simple, limpio y con muchos espacios diáfanos, donde se expresa mucha soledad. Esta forma de imaginar el futuro, bastante frecuente, se opone a la muy influyente Blade Runner con sus ciudades futuristas, populosas y llenas de anuncios de neón. Puede verse está página con fotos de algunas de las localizaciones.



