Marc Chagall, la pintura como cántico

Marc Chagall (1887-1985) es uno de los pintores más apreciados del siglo XX. Se realizan muchas exposiciones, se escriben estudios y publicaciones de divulgación logrando así que las imágenes de sus obras sean muy conocidas. Su estética colorista, sus temas esperanzados y alegres (muchos de ellos) son un contrapunto positivo a las barbaries de nuestro tiempo. Uno de los pintores máximos del siglo XX (y tuvo muchos este siglo pasado), Chagall muestra la dicha de la vida sin ser ingenuo, sin estar ajeno a los dolores de nuestro tiempo.

Chagall en París,1921 (Wikimedia commons)

En 2012 tuvo lugar en Madrid una exposición organizada por el Museo Thyssen y Caja Madrid. Exigido por su doble localización, la gran muestra estuvo dividida en dos grandes temas: El camino de la poesía (Rusia/Francia/Estados Unidos, 1909-1947) y El gran juego del color (Francia, 1948-1985). Como es habitual, hay un catálogo donde además de las reproducciones de las obras expuestas hay estudios sobre su obra. Las citas serán de este catálogo. Y aquí el lector interesado tiene una guía pedagógica que se puede descargar.

La exposición recorrió toda la trayectoria biográfica y pictórica del autor bajo dos categorías centrales de su obra: poesía y color. Otras dos categorías complementarias serán también hilo conductor como explica el comisario de la exposición, Jean-Louis Prat: fuentes e invención -tradición y vanguardia-.  Chagall se mantuvo fiel a sus raíces durante toda su vida (raíces rusas y judías) a la vez que buscaba la invención, la creatividad. Regreso constante a la fuentes y apertura a la vanguardia hacen de él un pintor único, diferente, con un lenguaje pictórico bellísimo y muy personal. Poesía, color, fuentes, invención, serán, por lo tanto, las cuatro categorías bajo las que se ordena su obra en esta muestra. Como toda exposición, esta propone un recorrido de su obra y por lo tanto, una lectura de la misma, una “narrativa” de su trayectoria. Aquí me voy a detener en la primera de ella: la pintura como poesía, como cántico.

Over the town, 1918 (Galería Tretiakov, 45 x 56 cms.)

Henry Miller dijo de él que era “un poeta con alas de pintor”. En esta sintética afirmación se dicen varias cosas. Las alas hacen referencia directa a su presencia constante en los cuadros de Chagall y, con ellas, a algo más abstracto: la idea de ascensión y de vuelo, grandes metáforas presentes en su obra.

Pero también se dice, y es lo principal, que es poeta. Esto se ha afirmado muchas veces de Chagall. Parece que asociamos con naturalidad sus imágenes a la poesía. ¿Por qué? ¿Por qué nos parece que Chagall es más poeta que Goya, por poner un ejemplo? Si “poeta” lo decimos de Picasso, tendemos a torcer el gesto. No nos cuadra. ¿Qué se entiende por poesía entonces? ¿Cómo entender la pintura como poesía?

Apollinaire: “sobrenatural”

Chagall conoció a muchos poetas en su primera estancia en París, a partir de 1911. Blaise Cendrars, André Salmon y el más famoso de todos, Guillaume Apollinaire. En años posteriores le seguirán otros muchos. Entre ellos, Rafael Alberti, Boris Pasternak, Louis Aragon. (Puede  verse el estudio de Ángeles Caso  en el Catálogo, Las alas del poeta, pp. 73-87).

Homenaje a Apollinaire (Adán y Eva) (1911-1912), Van Abbemuseum, Eindhoven (200 x 190 cms.)

Apollinaire escribió un poema tras la visita al pintor:

tus cabellos entretanto son como un trolebús

a través de Europa vestida de fuegos multicolores

(Poema Rotsoge, 1914)

En este poema recuerda los cuadros vistos en su estudio y a algunas de las imágenes a las que hará referencia:

un hombre en el aire de un ternero (…)

y me puse a llorar al recordar nuestra infancias.

Las referencias a las imágenes de Chagall parecen destacar dos aspectos.

  • Imágenes “locas”: vacas, hombres dentro de vientres de ternero, colores (fuegos). Será Apollinaire quien califique la obra de “sobrenatural”. Ese juicio será importante, casi determinante. De hecho le gustó a Chagall.
  • Y asociadas a estas imágenes “sobrenaturales”, la evocación a la infancia ya perdida para Apollinaire, aunque no para Chagall. La imaginación infantil que forja imágenes inverosímiles, que inventa un mundo de fantasía y que tan gratamente se recuerda. Esos sueños eran, en cierto sentido, verdad. Señalaban un modo de ser que en la madurez realista se olvida: la asociación de la exploración del mundo con la fantasía, el juego como actividad infantil esencial. Ya mayor dirá que su arte no tiene nada de fantástico.

Quiere pintar el lado invisible de las cosas lo cual parece ser el desarrollo adulto de la experiencia infantil que guarda. Pintar lo invisible con imágenes de aire surrealista fue el primer camino que siguió Chagall para expresar su visión del mundo. Esta manera de proceder que mantuvo toda su vida fue lo que llevó a la poeta Blanca Andreu a titular su libro “De una niña de provincias que se vino a vivir a un Chagall” (premio Adonais 1980).

Pintar lo invisible: evocación y ascensión

 “Pintar lo invisible” es una expresión utilizada con relativa frecuencia. Se utiliza, por ejemplo, para hablar de El Greco que pinta la irrupción de lo divino en el mundo. En el ámbito de la pintura religiosa se utilizan imágenes simbólicas, muchas de ellas de raíz bíblica. En Chagall vamos a ver dos formas de  “pintar lo invisible” ligadas al tiempo: evocación y ascensión.

La evocación hace referencia a la memoria. Las imágenes de Chagall hacen referencia a sus orígenes, y le recordaban a Apollinaire y a nosotros, imágenes infantiles, imágenes dichosas. La pintura de Chagall tiene un fuerte poder evocador que nos trae a la memoria la poesía infantil, la creatividad imaginativa con la cual vamos haciéndonos cargo del mundo y de nosotros mismos. Apollinaire une esta evocación de la infancia a una cierta nostalgia por el “paraíso perdido”. Pero para Chagall parece que no es así. Los recuerdos de la infancia, la misma infancia, permanecen. El mundo soñado en la infancia es el que permite, traducido a su edad adulta, expresar el mundo invisible con el  carácter evocador de sus imágenes.

Libération (1937-1952) del Tríptico “Resistencia, Resurrection, Liberation”. 166 x 88 cms.

Evocar también hace referencia a la imaginación ya que al evocar asociamos una realidad con otra. ¿Qué nos evocan personas volando o con la cabeza verde? A Chagall algunos recuerdos, asociaciones oníricas basadas en vivencias propias. Y a cada uno, cosas diversas. Ese carácter evocador abierto es íntimamente poético.

El recurso poético por excelencia de la evocación es la metáfora. Es famosa la frase de Breton que afirma que con Chagall la metáfora hizo su entrada triunfante en la pintura moderna (fue él mismo quien le considera precursor del surrealismo). Con la metáfora el poeta nos transporta a otros lugares (que es lo que literalmente significa meta-fora). La metáfora la asociamos a la palabra. Pero también están las metáforas visuales: ¿qué evocan los colores de Chagall?, ¿qué significan las figuras geométricas básicas que utiliza?  ¿De qué nos hablan los animales?

Además de la evocación, la ascensión. Volar hace referencia también a la imaginación. Con ella “volamos”, “ascendemos”, “viajamos”… La imaginación es un elemento esencial del arte (y de la vida) y que está explícitamente expresada en nuestro pintor dada la fantasía de sus composiciones, la maravilla de sus imágenes y colores. Vacas, gallos y muchos otros animales;  personas que vuelan o que tienen la cabeza vuelta del revés; que bailan sobre sobre tejados; colores que lo cubren todo… Con esas imágenes metafóricas Chagall no solo alude al pasado, sino al futuro del sueño, del ideal. Si hablamos de elevación, hablamos de ir hacia lo alto, metáfora perenne del crecer, metáfora de lo superior, de lo trascendente, del ideal.

Es en el presente desde donde se evoca y aspira. Es el presente donde se unen las raíces albergadas en la memoria y la presencia de lo nuevo a lo que aspiramos. Y ambas forman parte de este mundo que no se ve pero que está presente.

Imaginación poética: “ver un mundo nuevo”

La imaginación de todo artista es una imaginación poética con la cual es capaz de ver “un mundo nuevo”. En su libro Mi vida (escrito a sus 35 años) afirmó:

No me gustaría ser como los otros; quiero ver un mundo nuevo.

¿Qué significa esta sugerente afirmación? Chagall quiere ver un mundo nuevo. ¿Un mundo que no existe? ¿Un mundo diferente al nuestro? ¿Una forma de pintar nueva, diferente a la de los demás? ¿Un mirar con ojos nuevos?

La imaginación trabaja con las imágenes de la memoria, con lo que ve. Ese trabajo creativo sobre las imágenes “reales” lleva al poeta a “deformarlas» como diría Bachelard, y al hacerlo, muestra aspectos nuevos, desatendidos. Es ver el mundo con otros ojos al mostrar esa otra lógica que se acerca a la del sueño, a la de la fantasía. A él no le gustaba que le dijesen que sus obras eran fantásticas. Él hablaba de este mundo. Pero el uso antiguo de la palabra fantasía, ligado a imaginación creativa, sí se puede aplicar a su obra.

Ver un mundo nuevo: ver el mundo con ojos nuevos para ver en el mundo lo siempre nuevo que entronca con nuestro fondo. Para ver un mundo nuevo hay que crearlo. Y esa es la labor del pintor y de todo artista. Crear es poetizar, poetizar es crear. Más allá de la poseía en la palabra, el arte en general crea a través de la imaginación un mundo nuevo donde imperan otras leyes. Pero volvemos a lo de antes: un mundo nuevo es el mismo mundo visto con ojos nuevos que ve otras cosas en este mundo, donde las personas vuelan, y todo está cubierto de colores.

La novedad del mundo que él quiere ver al pintar es la maravilla. Chagall no anuncia las cloacas, el fango. Chagall muestra la luz, lo maravilloso. Este será el sentido del calificativo “sobrenatural” que utiliza Apollinaire. Chagall pinta con imágenes de este mundo natural un mundo nuevo con otras leyes (sobre-natural). Aunque lo religioso está íntimamente presente en el universo de Chagall, aquí lo sobrenatural no tiene ese sentido preciso. Aquí el sentido es de ir más allá de lo natural para pintar la verdad de este mundo y de nuestros deseos. La maravilla de ser, del amor.

Cántico (y clamor): Chagall y Guillén

La RAE nos recuerda que la lírica es lo “perteneciente o relativo a la lira, a la poesía apropiada para el canto o a la lírica”. Cuando oímos declamar, recitar poemas, la forma de ese habla es diferente a la normal, es distinta a la de una lectura de un texto en prosa. La declamación tiene algo de canto. Si la poesía dicha en voz alta se declama, la poesía es, por sí misma, canto. Y según la definición antedicha, toda poesía es lírica.

El lirismo lo vinculamos, por lo tanto, al canto, al cántico. La palabra “cántico” nos recuerda a la poesía de Jorge Guillén cuyo primer poemario lleva ese título (1928-1950). Jorge Guillén es un poeta de la dicha que canta la maravilla de lo real cuya manifestación primera la apreciamos en el alba y en el despertar, situaciones donde dominan el blanco de la luz y el azul del cielo. También es una palabra precisa para nombrar la poética de Claudio Rodríguez (El don de la ebriedad, 1953). Guillén y Chagall parecen ser almas gemelas.

La obra de Chagall complementa el cántico ante la maravilla con el clamor, título del segundo poemario de Guillén (1957-1962), la voz que denuncia el dolor de las víctimas, el sufrimiento y las injusticias. Chagall también los pintó. Pero la palabra principal, será la positiva. Por lo tanto, la esperanza será lo principal. Chagall nos muestra con su obra que se puede vivir desde la esperanza. Como para Guillén, para quien la esperanza es la sustancia misma de lo viviente (en: Final, –Fin del mundo? II-, 1981).

A pesar de las dificultades por las que pasa nuestro mundo, nunca perdí en mi interior el amor en el que fui educado, ni la esperanza del hombre en el amor. En nuestra vida como en nuestra paleta de pintor solo hay un color que da sentido a la vida y el arte: el color del amor.

(Cita de Mi vida  tomada de  Jacob Baal-Teshuva, Chagall, Taschen, 2003).
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