… el bien creciente del mundo depende en parte de los actos al margen de la historia; que las cosas no nos vayan tan mal a ti y a mí como podrían haber estado, se debe en parte a los que vivieron fielmente una vida oculta y descansan en tumbas que nadie visita (George Eliot).

Con esta cita termina la película Vida oculta (“A Hidden Life”) escrita y dirigida por Terrence Malick y estrenada en el Festival de Cannes de 2019. Basada en hechos reales, la película narra la historia, entre 1939 y 1943, del campesino y soldado austríaco Franz Jägerstätter (interpretado por August Diehl), quien no quiso jurar lealtad al Führer, quien no quiso batallar en una guerra que él consideraba injusta. Esta objeción de conciencia tuvo un altísimo precio personal, tanto en su persona como en la de su familia: su mujer, Franziska Jägerstätter (Valerie Pachner) y sus tres hijas, principalmente. Franz fue ejecutado, y su familia sufrió, además de su pérdida, un gran aislamiento por parte de sus vecinos. Durante sus ausencias en el cuartel y la cárcel, el matrimonio intercambió cartas que, junto a algunos textos escritos en el intervalo, se han recogido en un libro (utilizo la versión española con el título Resistir al mal. Carta y escritos de la prisión; Encuentro, 2022).
Malick conserva sus rasgos de estilo en esta película. Por un lado, el uso de las pausadas voces en off de los protagonistas, Franz y Franziska. Malick utiliza aquí fragmentos de las cartas citadas. Por otro lado el uso de la cámara, que muchas veces sigue de cerca a los actores, produciendo una fuerte sensación de cercanía y conexión personal con los personajes. Malick también busca la belleza visual de la naturaleza, que en este caso encuentra en los mismos majestuosos y verdes valles austríacos en los que se desarrolla gran parte de la acción. Pero se separa de sus últimas películas en un aspecto: ya no utiliza ese montaje que forja una historia no lineal y que las voces en off unificaban (Song to Song, 2017; reflexión aquí; o Knight of Cups, 2015; reflexión aquí, por ejemplo). Aquí es una historia con un argumento lineal, como en sus primeras películas (Malas tierras, 1973, reflexión aquí; o Días de cielo, 1978, reflexión aquí).
La resistencia a Hitler
La familia vive en Sankt Radegund, pequeña localidad de Austria. Como casi todos los del pueblo, se dedican a la agricultura, y al cuidado y cría de unos pocos animales. Forman un matrimonio de fe devota, católicos practicantes de su fe con sencillez y autenticidad.
En el referéndum del 10 de abril de 1938, Franz votó en contra del Anschluss, la anexión de Austria a la Alemania nazi. En este plebiscito, solo el 0,27% votó en contra en todo el país, un total de 11929 ciudadanos (hay que tener en cuenta que el voto no era anónimo). Esto le crea enemistades en el pueblo. Sus vecinos tienen miedo a que su rechazo por razones de conciencia les cree problemas.
Hace la instrucción militar en 1940. En la película se muestra su rechazo a la guerra al no aplaudir al ver los documentales que les ponen en el cuartel. Le dice a su mujer:
Esposa mía. ¿Qué le ha pasado a nuestro país, a la tierra que amamos?
Durante esta temporada sigue cultivando su vida de fe.
En la iglesia de los franciscanos, decorada magníficamente para la ocasión, dos soldados fueron acogidos en forma festiva en la Orden Terciaria franciscana. Queridísima esposa, entre estos dos soldados estaba también tu esposo. Espero que no te lo tomes a mal pues espero que tú tengas la misma intención que yo. Ello debe serte un gran consuelo, el que mi fe como soldado no se haya debilitado (carta del 9 de diciembre de 1940, durante la instrucción como soldado).
Tras este período, pasa una larga temporada en su pueblo, tiempo en el que su determinación se mantiene, aunque no exenta de dudas. Le dice a su párroco (en la película):
No podré ir a filas. Están matando inocentes.
Al final es llamado a filas. Es ahí cuando no jura lealtad a Hitler, razón por la cual le hacen preso. Franz pidió no entrar en una guerra en la que se mataban inocentes pero sí consintió en realizar labores de asistencia sanitaria (en la película Malick muestra que Franz se niega incluso a eso). El 6 de julio de 1943 fue interrogado por el Tribunal Militar del Reich donde fue condenado a muerte por “desmoralizar a las fuerzas armadas” tras mantenerse en su postura. El 9 de agosto fue guillotinado a las 4 de la tarde. Mientras tanto, la familia sufre la repulsa creciente de sus vecinos. Muchos años más tarde, la Iglesia reconoce su vida y actos declarándolo beato, siendo Benedicto XVI papa, el 26 de octubre de 2007.
Hubo más casos como el suyo, como el de los sacerdotes católicos Georg Häfner y Franz Reinisch. De este último, el protagonista de la película supo en la cárcel, lo que le confortó y confirmó en su decisión. Otros se negaron también a jurar lealtad o criticaron con fuerza el régimen: muchos murieron en campos de concentración o fusilados por pertenecer a la resistencia, también a la resistencia no violenta como la del movimiento “Resistencia Rosa Blanca” de los hermanos Sophie y Hans Scholl (más información aquí). Como el mismo Franz dice a su mujer:
Te informo asimismo de que en Enns hay una campesina que sigue sin permitir a sus hijos que acudan a las juventudes hitlerianas. Se trata de algo bastante poco frecuente (carta del 5 de marzo de 1943).
Fe y conciencia
Para Franz Jägerstätter, el dictado de la conciencia estaba unido indisolublemente a su fe cristiana. La vida moral y la fe forman en él una unidad natural. Ciertamente, para una persona religiosa, la vida moral encuentra su fundamento en la fe de la que también es expresión, aunque la vivencia de la religiosidad no se reduce a la vida moral. Para el cristianismo Jesucristo se presenta como maestro y testigo de la verdad, como modelo que invita a su seguimiento. Sus enseñanzas, que también son de naturaleza moral, tienen valor incondicional ya que la fe afirma que es el Hijo de Dios encarnado y, para la fe, sus palabras y su comportamiento son palabras y acciones humanas de alguien que es Dios. Por supuesto, el cristiano necesita comprender dado que la fe cristiana no es una fe ciega. El cristiano tiene dudas muchas veces, tiene que discernir, pedir consejo, como hace el protagonista de la película.
Que los católicos nos tengamos que poner, sin más, a disposición de la peor y más peligrosa potencia anticristiana que haya existido, como instrumentos suyos, es algo que no quiero ni querré creer jamás (Cuaderno 2).
A pesar de todo, el protagonista lo ve con claridad. A pesar de las discusiones de sus vecinos, del enorme dolor que está causando y que tanto sufrimiento le causa a él, su conciencia le dicta que él no puede colaborar con este mal tan enorme.
Quisiera poder ahorraros todo el sufrimiento que estáis padeciendo por mi culpa. No obstante, conocéis las palabras de Cristo, quien dijo: «El que ama a su padre o a su madre, a su esposa o a sus hijos más que a mí, no es digno de mí» (carta del 8 de agosto de 1943).

Queda claro en la película que no es una cuestión de defensa de la Iglesia o de la religión cristiana. Se trata de la negativa a obedecer las órdenes de una persona y régimen claramente injustos. Simplemente, está mal. Lo que está ocurriendo en Alemania y Austria lesiona gravísivamente la dignidad de las personas. Y en esto, el dictado de su conciencia tiene valor absoluto, a pesar de que sabe desde un principio que esta conducta le puede acarrear la muerte. Su conducta expresa que hay verdades y bienes a defender que valen una vida.
Se da, así, una doble obediencia, que en él se unifican: a su conciencia y a Dios. La religión cristiana, religión de la gracia, afirma también que Dios mismo ayuda, ilumina, da su vida. Los hechos, las palabras de las personas, los mismos estados de ánimo, son mediaciones a través de las cuales la palabra de Dios y su vida se comunican y se hacen presentes. Creo que este conjunto de ideas hay que tenerlo en cuenta para entender la visión del protagonista y sus motivaciones.
Si Dios no me hubiera concedido la gracia y la fortaleza para poder morir por mi fe cuando se me ha planteado tal exigencia, quizás habría hecho lo mismo que la mayoría (textos desde cárcel, julio y agosto de 1943).
Cabe una objeción de conciencia no cristiana, hecha al margen de la fe. Aparece también en la película la noble idea de Sócrates/Platón: más vale sufrir una injusticia que cometerla (Gorgias 474b). Aquí está en juego la verdad sobre el ser humano: si cometo una injusticia, me hago injusto, nos dice Sócrates, mientras que si la sufro, no soy injusto. Este alto ideal moral es semejante al de Susana en el libro bíblico de Daniel (13, 23): “Prefiero caer en vuestras manos sin pecar, que pecar delante del Señor”.
El bien por hacer y, tal vez más claro a veces, el mal que no se debe hacer, se aparecen a la conciencia moral con una enorme fuerza. En este caso, se trata de no colaborar con un mal extremo. Su “no debo hacer esto” se experimenta como un “no puedo”. Nuestro protagonista no había recibido en su vida mucha instrucción escolar, pero escribe bien y razona mejor.
Él me rescató de esta situación desesperada inspirándome el pensamiento de que no puede ser pecado desobedecer órdenes que nos obliguen a hacer algo malo. Tomemos otro ejemplo que guarda gran similitud con lo que nos ha sucedido a los austríacos. Como sabemos, es un deber sagrado obedecer a los padres. Imaginemos a un padre muy codicioso que ordenara a sus hijos que robaran a los vecinos y, si alguien se defendía, que le prendieran fuego. Desobedecer esas órdenes sería castigado directamente con la muerte o con la expulsión permanente de la casa paterna. ¿También seguiría siendo deber de esos hijos hacer caso a su padre, porque Dios ha ordenado obedecer a los padres? Creo que todos sabemos lo que tendrían que hacer esos hijos ante semejantes órdenes, y hasta qué punto los obligarían los mandamientos de Dios. En realidad, los actos que tendrían que cometer esos hijos son una insignificancia comparados con lo que ahora se nos ordena hacer de parte del Führer.
Final
Franz Jägerstätter tenía una conciencia moral muy honesta, tanto como determinación por no hacer el mal. Su vida es heroica, y las enseñanzas de sus escritos, son clarividentes en su sencillez.
Podemos juzgar el acto de suicidio pero nunca al que lo comete (carta del 18 de abril de 1943).
Cumple el mandato evangélico de no juzgar. Lo dice de manera repetida: no juzga a sus compatriotas, pero tiene muy claro el mal que se está cometiendo. Su negativa a obedecer es muestra de valentía y de que la potencia del bien, aunque a veces no lo parece, es mayor que la del mal. Una forma pura de benevolencia es el perdón, algo que pide a su mujer y sus hijos en una carta:
Amaos y perdonaos unos a otros pues la mayoría de las personas llenan de amargura sus vidas porque no son capaces de perdón y de reconciliación (carta del 6 de junio de 1943).
La vida de Franz no se entiende sin el apoyo e influencia de Franziska, su mujer. Ella le escribe a su párroco:
Puesto que Franz siempre se esforzó en cumplir los mandamientos, no habrá sido un gran pecado el hecho de no haber prestado obediencia al Estado y tengo la esperanza de que, con la ayuda de Dios, habrá alcanzado seguro su destino eterno. Siento muchísima tristeza por él, pues con él he perdido un buen marido y un padre estupendo para mis hijas. Además, puedo asegurarle que nuestro matrimonio fue uno de los más felices de nuestro pueblo. Muchos nos envidiaban. Pero el Señor lo ha pensado todo de otro modo y ha soltado el bello lazo. Me alegro de que nos podamos encontrar en el cielo, donde ninguna guerra podrá separarnos(5 de septiembre de 1943).




Estupenda película y estupendo comentario, muchas gracias.