“La llegada” (2016): reflexiones sobre el lenguaje

Al entrar en contacto con una especie alienígena, la humanidad se ve en la necesidad de comunicarse con ellos. Esta situación sirve para tratar, entre otros temas, algunas problemáticas ligadas al lenguaje. La llegada es una película entretenida que plantea bien el tema, a la vez que explora imaginativamente algunas cuestiones humanas como la de la vivencia humana de la temporalidad. La llegada (“Arrival”) es una película de 2016 dirigida por Denis Villeneuve. Basada en un relato de Ted Chiang, La historia de tu vida, cuenta con Amy Adams en el papel de la lingüista Louise Banks, protagonista de la película. Otros personajes principales son el físico Ian Donnelly, interpretado por Jeremy Renner, y el coronel Weber,  Forest Whitaker.

La acción se desarrolla en algún lugar del  estado de Montana, en Estados Unidos. A este lugar llega una nave alienígena, que queda suspendida en el aire y con un estado gravitatorio propio en su amplio espacio interior. Serán un total de doce naves en diferentes puntos del planeta. Los dos civiles reciben el encargo de ponerse en comunicación con los alienígenas y así saber de dónde vienen y, sobre todo, por qué han venido, cuáles son sus intenciones.

Teniendo en cuenta que diversos países están haciendo lo mismo, en varias ocasiones se nos muestra que las discrepancias entre ellos son grandes, que las estrategias que se siguen con los alienígenas de la nave son diferentes. Hay una fundada suposición de confrontación bélica, aunque es muy difícil de creer que este enfrentamiento fuese ganado por los terrestres, dada la incomprensible y avanzada tecnología de los visitantes.

Lenguaje, razón, sociedad

Unas palabras de Louise, la protagonista:

La lengua es la base de la civilización, el pegamento que une a un pueblo y la primera arma que se esgrime en un conflicto.

Aristóteles es el autor de la más famosa definición que se ha dado del ser humano: el hombre es un animal racional. En realidad, esta expresión, “animal racional”, es la traducción que hizo Cicerón al latín del original griego que dice que es un animal dotado de logos. Es usual explicar al respecto que la palabra “logos” se puede traducir en este contexto tanto como “razón” como por “lenguaje”. De hecho, esta famosa caracterización está dentro del argumento con el que Aristóteles quiere explicar esa otra definición que ha dado sobre el ser humano al comienzo de su Política cuando dice que es un “animal político” (no simplemente “social”, como también tradujo Cicerón).

Aunque los miembros de otras muchas especies se comunican entre sí y, por lo tanto, están dotados de lenguaje, el lenguaje humano es diferente, ya que con él, como sigue argumentando Aristóteles, comunicamos a otros las razones por las que esto o aquello es justo o injusto, cualidades intrínsecas a las acciones o situaciones. Sobre estas cuestiones podemos pensar y discutir, con dificultad, más allá de los intereses propios, lo que manifiesta nuestro carácter racional; no solo que sea beneficioso o perjudicial para cada miembro de la especie, de forma individual o como grupo.

Gracias al lenguaje podemos usar plenamente nuestra capacidad racional y, así, poder tener un mundo al poder forjar conceptos abstractos. Al conocerlo, el mundo es verdaderamente real para nosotros, y lo tenemos en cuanto que conocido, pudiendo, así, obrar en consecuencia. En otra película ya comentada, El milagro de Ana Sullivan (Arthur Penn, 1962), este poder tener se muestra con mucha claridad. En La llegada, tanto los terrestres como los alienígenas, se muestran como seres racionales. Que todo ser vivo inteligente esté dotado de lenguaje es una tesis admitida en esta película. La unión de razón y lenguaje es clara.

Además de para ejercer nuestra capacidad racional, el lenguaje “hace sociedad”. Los humanos nos movemos entre la soledad y la convivencia, entre la posibilidad, muchas veces necesaria, de quedarnos a solas, de cultivar la interioridad, y el convivir con los demás, respecto de lo cual la soledad forzosa, no querida, es algo que se vive como una carencia que hay que afrontar.

Gracias al lenguaje podemos desarrollar el difícil arte de la convivencia al que estamos orientados. Sin sociedad, las personas no podemos llevar una vida plenamente humana, no podemos desarrollar nuestras capacidades. Y para que haya sociedad humana, el lenguaje es esencial. En este sentido, como dice la frase citada de esta película, “la lengua es la base de la civilización”.

La lengua como arma

Que la lengua sea la primera arma que se esgrima en un conflicto es una frase de significado algo impreciso pero que designa una problemática muy importante. Caben variantes conocidas de esta problemática.

La coexistencia de lenguas en un mismo espacio sociocultural. Las lenguas son señas de identidad de una cultura y, por lo tanto, de las personas que se inscriben en ella. Se puede considerar que una es la lengua de los dominadores, que sea la única que se use en la administración, con lo que se obliga a todos a conocerla si se quiere acceder a determinados servicios. O que una sea la lengua “culta” y la otra, la que habla la gente ”vulgar”. Y otras variantes que podemos imaginar. Parece ser que hay muchos casos en los que se da una asimetría en la valoración de cada una de las lenguas que entran en pugna, lo que hace de ellas signo e instrumento de polémica, de conflicto.

La “comunicación de masas”. Es algo generalmente admitido: si queremos que los mensajes lleguen a muchos, tenemos que simplificarlos. El peligro es claro: la argumentación se desdibuja y la dimensión retórica en la que lo emocional es tan fuerte, se agudiza. Nace el lema, el eslógan o el titular, que se repite muchas veces de manera machacona, que se asocia a imágenes… El eslógan es una forma eficaz de comunicación ya que facilita que los mensajes sean recordados con facilidad. Pero la simplificación que muchas veces conlleva, empobrece la idea que nos hacemos de determinadas realidades.

Asociado a lo anterior, en muchas ocasiones se pretende cargar, o vaciar, de significados a determinadas palabras. Toda lengua es histórica. A lo largo del tiempo, hay palabras que nacen y otras que caen en desuso, palabras a las que se les van añadiendo significados o lo van cambiando… Por otro lado, hay palabras “importantes”, esas palabras que designan realidades esenciales, claves en una cultura, como persona, alma, poder, amor, extranjero, sexualidad, dinero, pobre, Dios, justicia, mujer… Son muchas, y en cada época se subrayan más unas que otras. Se pueden usar como arma si se entra en una “batalla social de significados”. ¿Qué significaba ser judío en la Alemania de los años 30? Con el lenguaje, que siempre va unido al pensamiento y a lo afectivo, podemos convertir al vecino tanto en enemigo como en alguien a quien queremos emular. Es un arma poderosa.

Los dobles significados

En la película La llegada se explica con claridad que entender una frase no es tan fácil como parece. Adverbios, pronombres o verbos puede jugar un papel deíctico, al señalar algo dando y modulando una significación. La expresión “tu abrigo”, la entenderemos sabiendo a quién nombramos con ese “tú”, que lo es respecto de un yo. Nuestras formas  verbales temporales que designan el futuro o pasado desde un presente implican que hay que saber cuál es el ahora.

Forest Whitaker, Amy Adams y Jeremy Renner en «La llegada» (D. Villeneuve, 2016)

En la película, Amy, la lingüista, diría que eso de “salir el sol” es una forma de hablar que literalmente es extraña y falsa, o que “abrigo” es normalmente una prenda, aunque buscar abrigo no es siempre buscar una prenda. Además, no siempre es buscar un lugar en el que pasar menos frío o no mojarse, ya que a veces buscamos abrigo en ciertas instituciones o grupos. Un ejemplo sencillo y curioso: tengo entendido que la palabra “cheyene” significaba para los propios cheyenes “humano”, por lo que si decían, “nosotros, los cheyenes”, la expresión es significativa…

El contexto, o si lo que hablamos lo decimos en una situación dialógica directa, importa mucho para entender los significados de nuestros mensajes. Usamos emoticonos para expresar una intención al escribir ya que sabemos que lo escrito se puede interpretar mal, aunque muchas veces escribamos como si estuviésemos hablando. Escribir y hablar son dos formas básicas de comunicación muy diferentes entre sí.

Por lo tanto, hay más que palabras que forman frases. Hay contexto, entonación, gestos, que importan mucho para comprender bien los mensajes. Por no hablar del uso de metáforas, la ironía… En el lenguaje escrito usamos la cursiva, las comillas, las mayúsculas. Además, muchas veces, cuando explicamos, sobre todo hablando, hacemos dibujos, gesticulamos. Aunque no es tan fácil hacerlo bien, podemos decir algo cantando, incluso haciendo música sin palabras. En resumen: la comunicación lingüística es algo más que palabras que forman frases. Un abrazo en determinado contexto puede decir mucho más que un buen discurso.

La película subraya la imprecisión de muchas de nuestras expresiones y la necesidad de tener esto para poder entenderse con los alienígenas, de explicar aspectos que damos por sentados. Si ya hay problemas entre nosotros, entre personas de diferentes culturas donde las diferencias pueden entorpecer el entendimiento, más grave será si no compartimos la misma naturaleza, si pretendemos comunicarnos con miembros de otra especie como imagina esta película.

Un debate de fondo que plantea esta película: si es un ideal la existencia de un lenguaje unívoco, claro y distinto, que no diese lugar a imprecisiones. Creo que el lenguaje humano no es impreciso, aunque lo señalado sobre “el problema de los dobles significados”, sin duda da lugar a incomprensiones.

Nuestro conocimiento de la realidad siempre es parcial. Lo que decimos expresa nuestro pensamiento, y es nuestro conocimiento el que falla dada su limitación, así como la posibilidad de error. Conocemos por analogía muchas veces al percibir las semejanzas que hay entre los seres individuales. Y esa analogía es también una propiedad de nuestro lenguaje con el que somos capaces de expresar con rigor lo que pensamos e, incluso, lo que no conocemos con exactitud. El uso de metáforas y símbolos no es un signo de pobreza de nuestro lenguaje, sino todo lo contrario. El lenguaje poético, evocador, nos lleva más allá, y si está bien utilizado, puede seguir siendo preciso y, a la vez, abriendo espacio de comprensión.

La escritura

La película La llegada hace referencia a formas de escritura que no guardan correspondencia directa con el habla, que no se pueden leer en voz alta. Se nos dice que un sistema de escritura de esta clase es el que usan los alienígenas. La primera sorpresa que se llevan los protagonistas es que los dibujos circulares que usan no se parecen en nada a nuestro sistema de letras/palabras/frases.

Sabemos que la escritura de la música fue un avance decisivo en este arte. Los pneumas antiguos que se dibujaban sobre las palabras eran muy imprecisos para reconocer hoy cómo debe sonar la pieza musical. El tetragrama/pentagrama, el sistema de notación, y todos los demás signos (sostenido, compás, regulador… glissando, clúster…) que se han ido ideando hasta hoy, constituyen un lenguaje que se puede escribir y leer. Pero aquí, leer será producir los sonidos significados por esos signos. El lenguaje musical no es un sistema de escritura que se puede leer hablando; es escritura semasiográfica, como la notación matemática, informática, los jeroglíficos, los ideogramas (el signo de reciclaje, por ejemplo), que forman parte de nuestra vida ordinaria.

Los sistemas de escritura humana han sido, y son, muy variados. Las escrituras china o japonesa se alejan mucho, sobre todo en su origen, de la nuestra. En la película, de manera acertada, se contraponen solo dos: el alienígena y el alfabético que utilizamos en las lenguas de nuestro entorno.

Los alienígenas de la película parecen emitir sonidos. Pero la comunicación se realizará a través de la escritura. El proceso de entendimiento será complejo, y está resuelto con brillantez con una simbiosis entre perspicacia lingüística y uso de las matemáticas, de la geometría. También se da entre ellos y los protagonistas una especie de diálogo, que ayuda al entendimiento, lo cual no ocurre siempre en la vida real. A veces tenemos noticia de personas que han sabido traducir textos escritos en una lengua que nadie habla hoy. Esto enseña que una lengua es un sistema relativo de signos, una estructura en la que los diversos signos se relacionan entre sí según unos patrones, una realidad con estructura lógica.

Lenguaje y pensamiento

El tema de las relaciones entre lenguaje y pensamiento es controvertido. ¿Hablar un idioma concreto influye, determina, la manera de pensar? ¿Se piensa distinto si se piensa en francés o en coreano?

Si no existe una palabra en un idioma, ¿lo significado por esa palabra se vive de manera diferente? Julián Marías señaló que la palabra “ilusión”, en el sentido de sentimiento positivo relativo al futuro (“me hace mucha ilusión…”) es una palabra que no existe en algunos idiomas de nuestro entorno. ¿Qué pasa entonces, que los alemanes no se ilusionan? No tener palabras para nombrar algunos colores,  ¿hace que se perciban distinto?, ¿que se distingan peor?

Son dos conjuntos de preguntas que señalan dos niveles del problema. Simplificando bastante:

  • Por un lado está el vocabulario, el léxico. Si la pobreza o riqueza del mismo influye en la manera de pensar, así como en el modo de sentir, de configurar la experiencia.
  • Y por otro, el nivel sintáctico, la estructura lógica de la lengua. Para volver al ejemplo anterior: ¿los coreanos piensan de manera diferente, argumentan de modo distinto que los franceses por el hecho de hablar y escribir en una lengua de una familia muy diferente a la francesa?

La controversia está sobre todo en este segundo nivel y es en el que se centra esta interesante película. Hay un momento en el que se cita a un par de autores que defendieron, con matices entre ellos en realidad, que el lenguaje determina el pensamiento. Se trata de Sapir (1884-1939) y Whorf (1897-1941). En su formulación más débil, algunas de esas tesis se aceptan hoy en día. Que haya o no palabras para nombrar diferentes realidades, tanto utensilios como, por ejemplo, árboles, colores o sentimientos, influye algo en la manera de pensar y de vivir. Configuramos nuestra experiencia vital de forma lingüística en la que ponemos nombre, o no, a lo que pasa.

La película se decanta por una postura en esta controversia al afirmar que el lenguaje determina la forma de pensar (lo cual dificulta entender que se pueda traducir, entre otras cosas). La lengua alienígena contiene en sí misma una forma diferente de vivir la temporalidad no lineal según el antes y después sucesivo. Al vivir la temporalidad circular, la protagonista empieza a “recordar” el futuro. Saber usar ese idioma le lleva a vivir el tiempo de otra manera: le vienen imágenes que nosotros los espectadores creemos que son recuerdos y que ella no sabe lo que significan…

Esta situación ficticia es muy fantasiosa, aunque es algo que en la película funciona muy bien. La temporalidad la expresamos lingüísticamente, de forma principal, en los tiempos verbales, con modulaciones en su vivencia dependiendo del idioma. Que haya  muchos tipos de futuros y pasados (perfecto, imperfecto, condicional…), los diferentes modos verbales (subjuntivo, indicativo, imperativo), nos da la posibilidad de nombrar y entender nuestra relación con el pasado y futuro. Pero ampliar la facultad cognoscitiva hacia un futuro no determinista gracias al lenguaje creo que solo es un recurso cinematográfico efectista.

Lo que sí provoca con eficacia la película es la reflexión sobre determinadas hipótesis que se asemejan o participan de la tesis ficticia radical de la película. Si conociéramos el futuro con seguridad, ¿decidiríamos lo mismo? Lo más probable es que no. En realidad, ¿podríamos decidir de otra manera? El pasado es necesario en el sentido de que no lo podemos cambiar , aunque sí la lectura que hagamos de él. ¿Cabe un futuro necesario?

Aquí aparecen las paradojas de los determinismos fatalistas de las tragedias griegas, por ejemplo. Si vaticinan que el heredero al trono dejará la corte, lo mejor sería facilitarle un modo de vida que haga poco probable querer dejarla. Y justo, eso mismo, es lo que posibilita que se conozcan aspectos de la condición humana que le empujen a irse, como se cuenta de Gautama Siddharta, el Buda. El padre de Gautama quiso cambiar el futuro y, al querer hacerlo, el destino se cumplió.

 

Las historias y películas de ciencia ficción sirven para hacer una exploración imaginativa de algunas características humanas. Al “someter” a los protagonistas a  condiciones extremas, qué sea lo propiamente humano y cómo se viva son cuestiones que emergen con fuerza en este género. Algunas películas ya las he comentado aquí.  Las profundas exploraciones que Tarkovski hace en Solaris (1972) o Stalker (1979) en las que habla de la necesidad de la fe, la identidad, los deseos profundos. La misma condición humana y su carácter personal son temas centrales de Blade Runner (1982) y Blade Runner 2049 (dirigida esta también por Denis Villeneuve como la película que nos ocupa, de 2017), o el papel de la técnica, la inteligencia artificial que interrogan sobre el sentido de lo humano de 2001 (1968).

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