Pasión (“En passion”) es una película escrita y dirigida por Ingmar Bergman en 1969, protagonizada por un conocido y excelente elenco de actores habituales en sus obras. Los personajes principales son Andreas Winkelman (interpretado por Max von Sydow) y Anna Fromm (Liv Ullmann); les acompañan Eva (Bibi Andersson) y Elis (Erland Josephson), su marido, amigos de Anna.
Sobre el título
Los minimalistas títulos de crédito, acompañados de una música electrónica de corte experimental y vanguardista, son el comienzo abrupto de la película. Su estética recuerda a Persona (1966) y anuncian una obra en blanco y negro. Sin embargo, Pasión es una película realizada en color (la segunda, tras Esas mujeres, de 1964). En estos títulos no aparece el de la película, sino su número de registro, L-182, algo que los espectadores no entendemos. ¿Por qué lo hace Bergman? El número nos dice que es la película se trata como un documento que se registra en una lista de carácter administrativo. Es un recurso con el que ya desde el principio, se quiere dar a entender que la película es un producto de ficción, una obra. Los interludios de los actores intensificarán de manera mucho más clara este carácter de artificio.

El título, “Pasión”, lo conocemos antes de ver la película. En el momento del estreno, más que ahora, los espectadores conocerían el título a través del cartel anunciador. Conviene tener en cuenta que según dónde se viese, el cartel sería diferente. En el original sueco, aparecen la imagen de los cuatro protagonistas; en el estadounidense y en otro países, aparece Liv Ullmann en el centro, y además, el título cambia: La pasión de Anna. El cartel anunciador da una información que crea una expectativa sobre lo que vamos a ver.
Por otro lado, la palabra “pasión”, ¿qué sentido tiene? Podría perfectamente ser una pasión amorosa. Los carteles y la música inicial ya mencionada no dan ese tono a la película. Otro uso frecuente de la palabra “pasión” la asociamos al padecer, al sufrimiento, al dolor. La palabra, sin artículo determinado o indeterminado recuerda también, en la tradición cristiana a la que Bergman pertenece, la pasión de Cristo. Pero en el original sueco, es “Una pasión”, lo que lo aleja de esta asociación que algunos han realizado.
Viendo la película comprendemos que el título mantiene su ambigüedad: pasión como apasionamiento en lo que se siente y pasión como padecimiento, sufrimiento. Siendo así, el título está muy bien puesto.
Color y blanco y negro
Al uso “documental” de las escenas diurnas de exterior, se une el tratamiento más sofisticado de la luz en interiores. Junto a su habitual director de fotografía, Sven Nykvist, Bergman logra en la película momentos de una gran belleza plástica. Las escenas nocturnas del encuentro entre Andreas y Eva donde el naranja domina algunas tomas, la iluminación con velas de la cara de ella y, sobre todo, las sombras de los perfiles de los dos que recuerdan, otra vez, a Persona, son de una gran plasticidad pictórica. Este tratamiento de la luz, sobre todo cuando declina el sol, da a las escenas un tono más intimista, lo que permite un especial tono de confidencia y silencio.
Otro uso destacable de la luz y el color se da al final. La escena se va volviendo blanca, poco a poco, dejando un poso de intranquilidad en el espectador. El blanco deja aquí de ser argumentalmente luminoso, vital. Es la desaparición del color con el que se expresa la descomposición anímica del protagonista.

Por otro lado, se introducen en la narración bastantes imágenes en blanco y negro. Muchas de ellas son fotografías hechas por Elis, el arquitecto, que ha ido elaborando una enorme colección de fotografías. Una foto expresa algo de la personalidad de la persona retratada. Algunas de las que se muestran son de personajes de la misma película, convirtiéndose en una forma de hablar de los personajes realizada por los mismos personajes.
En esta inclusión de imágenes en blanco y negro destaca el sueño que Anna cuenta a Andreas. Bergman pone imágenes en blanco y negro a las palabras que lo narran. Es un recurso por el que queda claro al espectador que estamos ante otro plano de realidad, sin posibilidad de confusión. Pero es que, además, las imágenes provienen de otra película suya, Vergüenza (1968). Quienes no la hayan visto o no la recuerden, las imágenes son simplemente las de un sueño. Además, esta película también estaba protagonizada por Liv Ullmann y Max von Sydov. Para quienes sí las recuerden, es un recurso curioso, uno más del director. Algunas de las imágenes, además, ilustran un sueño en Vergüenza; otras son breves escenas descartadas de la misma película. Este constante recordatorio del carácter de obra de ficción en Pasión está al servicio de una idea mayor: la película es un análisis de la psicología de los personajes, un estudio en forma de película.
Otras imágenes que se intercalan varias veces en el desarrollo de la película son las de una carta que Andreas lee al sacarla del bolso de Anna y que tendrá una importancia argumental mayor. Seguramente son imágenes en color, pero dado el blanco del papel y el negro de la tinta, funcionan como contraste cromático que se añade a lo anterior.
Incomunicación y aislamiento
En las películas de Bergman domina un planteamiento existencial pesimista. Las problemáticas vitales, muchas veces ligadas a las derivadas de las relaciones afectivas, están muy presentes en sus obras. Citando solo las ya comentadas en esta página: vidas atravesadas por fracasos (Fresas salvajes, 1957; reflexión aquí); la muerte como única certeza y la crisis de fe (El séptimo sello, 1957; reflexión aquí); la incoherencia moral y la mentira (Persona, 1966; reflexión aquí); el deterioro y la vergüenza moral (Vergüenza, 1968; reflexión aquí).
La incomunicación es uno de los temas fundamentales de su obra y de esta película en particular. En Pasión vemos desde el principio mucha soledad. El protagonista vive solo en lo que sabremos muy pronto que es una isla. Otro vecino mayor que él, que será el quinto protagonista de la película, también vive solo. Conforme van apareciendo los pocos personajes restantes, esa soledad se va a evidenciar como aislamiento. No es una soledad forzada por el quedarse solo de manera involuntaria, aunque algo de esto hay. Es una mezcla de soledad forzada y elegida, un quedarse solo por no saber o por no poder convivir.
Actrices/actores que hablan sobre sus personajes
Los actores principales responden a preguntas sobre los personajes en aparentes entrevistas insertadas en la narración (“interludios”). Es un ejercicio muy curioso: los actores hablan de sus personajes, explican cómo los ven y, por lo tanto, cuáles son los aspectos de su actuación que deben trabajar. Es un genuino ejercicio estilístico, de cine que se supone que no es cine, ya que aparenta ser un documental. Aunque lo que dicen esté escrito por el mismo Bergman, la apariencia de ser pensamientos propios de los mismos actores es muy verosímil. Este recurso es diferente al de “romper la cuarta pared”, donde el personaje, no el actor/actriz, se dirige al espectador directamente.

Este recurso, que acentúa el carácter ficticio de la obra, se utiliza, además, como forma de análisis de la historia, de los personajes, ya que sirve para hacernos partícipes de una reflexión, se supone que bastante autorizada porque los actores habrán estudiado bien la psicología de los personajes que interpretan, y que ayuda al espectador a entender lo que pasa.
Los personajes tienen una psicología compleja, y estas reflexiones realizadas en tercera persona permiten sintetizar y mostrar algunas facetas de esa psicología en menos tiempo del que hubiese sido necesario en una forma narrativa convencional. Las reflexiones de los actores son de interés y muestran ese aislamiento que los define. Veamos lo que dicen.
Andreas, el protagonista, vive solo porque su mujer, con la que todavía espera volver a reencontrarse, lo dejó. Max von Sydow dice que su personaje es complejo, que
intenta ocultar su identidad. Intenta no expresar ninguna emoción. Y este escondrijo se ha convertido en su prisión.
Anna, a la que conoce casi por casualidad, vivió un accidente en el que murieron su marido y su hijo. Dice Liv Ullmann:
Simpatizo con la necesidad de verdad de Anna y entiendo que quiera que el mundo tenga cierta apariencia. Pero resulta que esta necesidad, este deseo de verdad, es peligroso para ella, ya que si el entorno no es el adecuado, si no obtiene la aceptación que necesita, se refugia en mentiras y engaños.
Eva, experimenta su vida como la de alguien que no importa a nadie. Bibi Anderson imagina que al personaje le gustaría ser profesora de niños sordos que han vivido el aislamiento de una manera más intensa que la suya:
Para mí, Eva es una mujer que, al final, creo que ya no tiene fuerzas para ser consciente de su propia falta de coherencia, que no es más que un producto de lo que otros hacen de ella. Y de que nunca tendrá descanso ni conocerá su propio valor. Eso me hace pensar que intentará suicidarse.
Elis, el arquitecto, se distancia de todos sus congéneres con su actitud de sarcasmo e indiferencia. Erland Josephson dice de su personaje:
Ha decidido que el sufrimiento de la gente no le quitará el sueño. Cree ser totalmente indiferente a los ojos de los demás y a las condiciones en las que vive.
Una película basada en la palabra
Los personajes reflexionan sobre diferentes temas, analizan sus vivencias en diversos monólogos y diálogos. No hay palabras huecas. Todo es significativo. Podemos destacar algunos elementos de estilo al servicio de la importancia de los diálogos.

Uno de los inventos del cine es el primer plano: ver en una pantalla el rostro de una persona, o incluso solo una parte de él. De esta forma, nos acerca lo más personal y significativo de una forma insospechada hasta entonces. Ver a Liv Ullman contando sus vivencias en un plano fijo de más de cinco minutos ocupado prácticamente entero por su rostro, en una actuación, como siempre en ella, alejada de cualquier sombra de histrionismo, es una experiencia cinematográfica para el espectador.
Añadido al primer plano, Bergman utiliza muchas veces planos fijos para monólogos y diálogos. Una de las escenas finales en la que los dos protagonistas dialogan, sentados frente a frente, los utiliza según quién esté hablando, con una iluminación muy cuidada.
Estos recursos, planos fijos y primeros planos, tienen sentido dada la importancia de la palabra en esta película. El primer plano por un lado, y la quietud sostenida en el tiempo del plano por otro, subrayan el carácter personal y la importancia de la palabra. Lo que se dice, los sentimientos vividos en estas conversaciones, se comunican así con fuerza expresiva.
Una película sobre la violencia
La acción se desarrolla en una isla unida por un ferry al continente, poblada por habitantes que viven en granjas, muchas de ellas, con ganadería variada. Una historia que corre en paralelo a las relaciones entre los protagonistas, es la de la presencia del trato cruel y mortal contra muchos animales. Es una violencia gratuita realizada por una persona que no llegaremos a saber quién es. Pero ante estos hechos, algunos granjeros acusan a Johann, el vecino de Andreas que vive solo. Acabará suicidándose tras recibir una paliza.
La violencia física de Andreas contra Anna es muy extrema al final. Es un estallido que brota de un dolor muy antiguo. Es la traducción exterior de una violencia interior que socava su integridad moral. Todos los protagonistas son violentos: Anna lo es a pesar de su sueño de vivir la verdad; Andreas ha sufrido humillaciones que explotan ante las mentiras; Elis, el arquitecto, fotografía la violencia, símbolo de la condición humana; y para Eva, la más aislada y, en principio, la menos trágica, podría acabar suicidándose como dice la actriz que la interpreta. La muerte, la mentira, la violencia en definitiva, forman un conjunto atroz, junto al aislamiento comentado arriba.
Pasión, una gran película de Bergman. Una película sobre el aislamiento y la violencia asociada realizada con recursos expresivos originales y eficaces que muestran la excelencia cinematográfica de su autor.



