PROCESOS VITALES EN EL CINE (y 2)

Prosigo en esta entrega con las reflexiones sobre diferentes dimensiones de los procesos vitales que muchas películas narran. Hago referencia a películas analizadas en esta misma página.

Un trabajo de memoria

El trabajo de autoconocimiento, necesario en todo proceso de maduración, tiene en el ejercicio de memoria una faceta importante. Hay películas que han mostrado esto de manera indirecta. Por ejemplo, la célebre Fresas salvajes (I. Bergman, 1957; reflexión aquí), es un ejercicio de memoria del protagonista, ya mayor. Con sus recuerdos y sueños, con la valoración sobre su carácter realizada por personas cercanas, el protagonista realiza un ejercicio de memoria cuando ya se anuncia la cercanía de la muerte. Es un ejercicio de autoconocimiento bien realizado, pero la proximidad de la muerte nos hace ver que hubiese sido mejor realizarlo en etapas anteriores para poder cambiar, para poder vivir mejor.

Por otro lado, la película muestra dos aspectos interesantes sobre el proceso vital. En primer lugar, la presencia en la vida de aciertos y fracasos vitales, algo que se da en todas nuestras vidas. El cómo encararlos formará parte del trabajo sobre uno mismo. La dificultad e, incluso, la parálisis ante el fracaso, muestra otra posibilidad del mismo proceso. El proceso se puede detener. El amor no correspondido de su juventud detiene su crecimiento personal al obturar la principal trayectoria proyectiva e ilusionante de su vida. Este cierre afecta a la vivencia de su vida familiar y laboral. Con el tiempo se convierte en una persona “dura”, “cerrada”, que vive una parálisis que solo al final se revelará como tal. 

Otro acercamiento indirecto al trabajo de memoria como forma de autoconocimiento se realiza en El cocinero de los últimos deseos (Y. Takita, 2017; reflexión aquí). El protagonista va conociendo la vida de un familiar de otra generación con el que no tuvo trato y, al hacerlo, se va conociendo mejor a sí mismo. Algo que subraya la película es la importancia de sopesar las motivaciones que están en la base de la realización de aquello que apasiona. 

Una variante sobre el trabajo de memoria se da cuando la película es toda ella un trabajo de recuerdo. El espejo (A. Tarkovski, 1975; reflexión aquí) es una original y bella película que con un orden más evocador que cronológico, se convierte en un ejercicio de comunicación emocional con el que el espectador puede conectar de manera íntima. Eso es algo que pretendía hacer el director ruso, algo muy en la línea de lo que comentamos. De hecho, el autoconocimiento y la llamada de atención pueden suceder a través de todo aquello que observamos: la naturaleza, los acontecimientos sociales y, muchas veces, las artes, que sirven como espejo de nosotros mismos y nos ofrecen posibilidades vitales de forma atractiva. En esta película, esta intención es directa.

Aunque este espejo y apertura de posibilidades pueden vivirse en una experiencia de choque, de contraste que nos interpela, normalmente hace falta una actitud de apertura, un estar abierto para poder ser tocado por aquello que nos llama a responder con nuestra vida.

La necesidad de consejo

En todo lo anteriormente señalado, otras personas de confianza pueden jugar un papel fundamental. El consejo dado tiene a veces un papel decisivo en nuestras vidas. En el trabajo sobre las representaciones, la detección de resistencias internas, así como el percibir la crisis como ocasión de crecimiento, iluminar el sentido de la vocación… En todo ello, otros pueden jugar un papel iluminador. Somos seres necesitados de consejo.

Un amigo extraordinario (M. Heller, 2019; reflexión aquí) cuenta la historia de Fred Rogers que, a través de un programa de televisión, educó emocionalmente a varias generaciones de niños estadounidenses. Cuenta la labor de acompañamiento y consejo que realizó con un periodista que quería hacerle varias entrevistas para realizar un reportaje sobre la persona detrás del personaje público. La capacidad de escucha de quien aconseja está muy desarrollada, algo bien reflejado en la película.

Los buenos libros, la buena literatura no sustituirán a una persona que aconseje bien, pero sí permiten descubrir facetas enriquecedoras para la vida humana. Fahrenheit 451 (F. Truffaut, 1966; reflexión aquí) es una distopía que describe cómo el poder despótico quiere que desaparezcan los libros ya que ellos pueden alimentar la conciencia reflexiva y crítica de una ciudadanía que el poder quiere adormecida. Los libros desvelan deseos de otras formas más ricas y humanas de vida, ampliando nuestro proyecto vital al desvelar y hacer surgir el deseo de una vida mejor con el cual construir nuestra identidad personal.

A la capacidad de escucha de la persona que aconseje se une la capacidad de receptividad, el estar disponible al consejo por parte de la persona aconsejada. El oficio de aprender (F. Favrat, 2022; reflexión aquí), narra el proceso de aprendizaje de una joven con escasas oportunidades vitales de formación. Narra bien la necesaria apertura y el dejarse conducir, actitudes atravesadas por dificultades en este proceso. El hacerse cargo de la propia vida es aquí también, como en ejemplos anteriores, objeto de decisión. Para ello, el consejo y el apoyo exteriores pueden ser una ayuda necesaria.

Reorientación moral 

El largo camino a  casa (R. Peirce, 1990; reflexión aquí) cuenta el boicot a los autobuses urbanos que las personas de raza negra realizaron entre 1955 y 1956 como protesta por la segregación racial, lo que provocará una crisis que obligará a tomar posición a todos los habitantes. La coprotagonista, la empleadora, experimenta un proceso de reorientación moral muy importante. Educada en la segregación, cuenta la experiencia que de niña tuvo de una convivencia normal entre chicas de las dos razas. Eso, que quedó sepultado durante su vida posterior, es un germen que brotará ahora: luchar contra la animadversión de sus vecinos por hacer aquello que es justo. La educación recibida, la posición social privilegiada, el posicionamiento de su marido, serán resistencias a vencer. Es un proceso moral que va a tener, junto a la entereza de la protagonista de raza negra, una influencia muy beneficiosa en la niña que lo observa todo y que nos cuenta la película siendo ya mayor.

Las resistencias internas a vencer están muy marcadas en Centauros del desierto (J. Ford, 1956; reflexión aquí). El odio visceral del protagonista hacia los indios nativos que han matado a la familia de su hermano, a la vez que secuestran a su sobrina a quien busca sin descanso durante años, alimentará su decisión de matarla por “haberse convertido en una de ellos”. En el protagonista se da un proceso de autoconocimiento progresivo que le llevará a cambiar su decisión tras haber madurado y transformado sus convicciones.

Los códigos culturales que hemos interiorizado a lo largo de los años pueden ser a veces un obstáculo para el crecimiento moral, una dificultad que impida ver con claridad situaciones de injusticia. Ser educado como racista explica que uno sea racista desde edades tempranas. Pero es algo propio de la madurez, temprana o tardía, el poder hacerse cargo, el caer en la cuenta de que todas esas ideas y sentimientos que motivan su obrar deben ser corregidos. Uno empieza a ser responsable de sus directrices morales cuando ya tiene capacidad reflexiva. El cuidado y trabajo sobre sí incluye también la revisión de estas ideas que versan sobre grupos de personas con características diferentes a las propias. Analizar por qué me molesta la presencia de otros en contextos considerados como propios, debería ser una obligación moral.

El protagonista de Vivir (A. Kurosawa, 1952; reflexión aquí) decide dar un giro a su vida tras enterarse de que tiene una grave enfermedad. En el poco tiempo que le queda quiere vivir de una manera provechosa. Ha llevado desde hace años una vida mortecina, apagada, anquilosada. Quiere vivir hasta la muerte. Pasará por etapas: del mero divertimento, al ayudar a un grupo de vecinos a construir un parque y mejorar sus vidas. La crisis que supone la noticia fatal de su dolencia provoca ese giro. Primeramente no sabe qué hacer. Le costará descubrirlo. Esa dificultad e incertidumbre son propias de los procesos de cambio.

Las circunstancias obligan a replantear la vida que exige un salir de sí en favor del otro. Eso es algo que pasa a uno de los protagonistas de El rey pescador (T. Gilliam, 1991; reflexión aquí). Tras entrar en una profunda crisis al saber que un loco asesino citó sus palabras para justificar su crimen, se encuentra con uno de los familiares de los asesinados. Quiere reparar algo el mal del que se siente culpable ayudando al viudo en su loco proyecto. También aquí se dará un momento de cambio durante el proceso: el paso de la actitud narcisista tan marcada en él, a la apertura necesaria para ayudar verdaderamente al otro.

Todos estos procesos tienen como elemento común un descubrimiento sobre cómo vivir. Las circunstancias exigen replantear sus convicciones y posturas, salir de sí. Aquí, el proceso  se da como el paso desde el estar centrado en uno mismo hasta el luchar en favor del otro.

La búsqueda del amor

Muchas veces los procesos vitales están guiados por un anhelo fundamental. Y uno de esos anhelos, universales y perennes, es el del amor. Amar y ser amado es una de las necesidades básicas del ser humano. Song to Song (T. Malick, 2017; reflexión aquí) narra la crisis existencial de la protagonista provocada por una carencia de relaciones verdaderamente amorosas. Es una búsqueda de autenticidad, de verdad. Hay un anhelo y una reflexión que acompaña a la visión de las imágenes con un delicado uso de la voz en off. El trabajo de la protagonista que permite hablar verdaderamente de proceso es la experiencia de la búsqueda, del anhelo, acompañada de  incertidumbre, de falta de esperanza, de dolor.

Un proceso vital doble nos lo ofrece la trilogía Antes del amanecer/atardecer/anochecer (R. Linklater, 1995-2004-2013; reflexión aquí). El que sea una trilogía separada por varios años, permite contar una historia en un lapso largo del tiempo y asistir a momentos cruciales del proceso de la pareja protagonista. Es el proceso de la historia de amor: sus comienzos ilusionantes, los reencuentros, las circunstancias de la relación. 

La presencia del mal

Las trayectorias vitales pueden verse interrumpidas por el choque de un acontecimiento que provoca una gran pérdida. La muerte de un ser querido obliga a reorientar la vida por la ausencia de la persona amada. El proceso de duelo está descrito de formas diferentes en películas como Azul (K. Kieslowski, 1993; reflexión aquí), Cerezos en flor (D. Dörrie, 2008; reflexión aquí), o en El rey pescador (T. Gilliam, 1991; reflexión aquí). Chantal Maillard describe con detalle el dolor producido en su poemario Hilos (2007; reflexión aquí).

El mal sufrido en una guerra puede también desencadenar un proceso de envilecimiento como el que describió Bergman en Vergüenza (1968; reflexión aquí). El mal de naturaleza política se presenta de muchas maneras. En la obra de Ionesco, Rinoceronte (1959; reflexión aquí), describe el proceso de transformación interior de la ciudadanía en tiempos de poder despótico. En los dos casos, el papel del miedo como motor de protección ante la amenaza juega un papel principal como motivación de estos procesos degradantes.

Búsqueda de la identidad

Todo esto, visto en su conjunto, va permitiendo responder a la pregunta “¿quién soy yo?”. Es la pregunta sobre la identidad personal, sobre el quién de cada uno. Dos películas singulares tratan sobre este tema de forma original. Por un lado, La doble vida de Verónica (K. Kieslowski, 1991; reflexión aquí). Esta enigmática y delicada historia utiliza la figura del doble para describir esa búsqueda en un relato sobre la intimidad emocional de la protagonista.

Más complicado es el acercamiento al tema que realiza Bergman en Persona (1966; reflexión aquí). El proceso de autoconocimiento que va realizando la enfermera está conducido por la admiración y el anhelo de imitación hacia la actriz a la que está cuidando. Es un proceso de identificación que se verá resquebrajado cuando percibe falsedad en la actriz. La identidad personal se presenta como conquista, como esfuerzo de personalización en la que está muy presente la idea de representación teatral.  

Final

La categoría de proceso vital es importante para dar cuenta de la condición humana. Es normal que el cine y las demás artes narrativas describan estos procesos en los cuales acontecimientos significativos se convierten en hitos importantes. Cuando el sujeto ve la necesidad de trabajar sobre sí para orientar su vida de manera más personal y consciente analiza su vida, sus motivaciones, así como las ideas rectoras que rigen la interpretación de su vida, para ir tomando elecciones fundamentales con las cuales reorientar su vida de manera más plena y libre.

No todo depende de nosotros. La libertad conquistada está condicionada por circunstancias que escapan a nuestro control. Afrontar las crisis y asumir las diferentes pérdidas se mezclará con el análisis de los anhelos fundamentales y la búsqueda de la propia identidad. 

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