Un proceso vital es todo recorrido existencial vivido a lo largo del tiempo. Más allá de lo involuntario, de los cambios que acontecen fundamentalmente en las primeras etapas de la vida y que estudia la psicología evolutiva, aquí lo abordamos desde la perspectiva de los cambios realizados por el sujeto en la edad adulta. Este trabajo sobre uno mismo tiene como una de sus bases principales el conocimiento de sí. El trabajo de lectura de la vida como ejercicio hermenéutico de la memoria, el descubrimiento de la vocación y el propósito en la vida, el examen de las convicciones y motivaciones que exigen de nosotros muchas veces una reorientación moral… Las crisis, por otro lado, son momentos cruciales en los que la situación misma exige un replanteamiento vital.
Vista la vida en su conjunto, cada uno de nosotros puede examinar y trabajar para alcanzar su desarrollo personal, una vida plena. Muchas veces son metas vitales sectoriales las que ocupan nuestra atención: las relaciones afectivas y familiares, el mundo del trabajo, aprender a tomar decisiones y no depender siempre de otros, tomar actitudes sobre el dinero, sobre cómo divertirse o cómo emplear el tiempo, cómo vestirse o cuidar la salud… y tantas otras cosas.
Pero no se trata solo de realizar cosas, de desempeñar labores, alcanzar objetivos… Más allá del contenido de las actividades que realizamos, está el trabajo sobre nuestra propia subjetividad como fuente de esas actividades. Es el mundo de las convicciones y motivaciones, los deseos profundos y los ideales, las resistencias internas y los miedos que atenazan, la idea y la valoración que tenemos sobre nosotros mismos.
Acontecimientos y proceso
A lo largo del tiempo, siendo como somos realidades eminentemente dinámicas, los acontecimientos y elecciones importantes jalonan el itinerario de la vida entendida como proceso, como realidad dinámica que se desarrolla en el tiempo, en el que suceden cambios y giros, etapas y rutinas.

Somos seres que elegimos, que vamos haciendo nuestra vida en un marco social. Las elecciones son de muy diversa índole e importancia y, a través de ellas, vamos dotando de una figura a nuestra vida. Somos realidades dramáticas, con argumento, como decía Ortega y Gasset. Nuestra vida es una tarea a realizar. Y no todo depende de nosotros, claro está.
Tanto a nivel histórico y social como biográfico, se dan dos dimensiones centrales que definen la estructura fundamental de la vida en su dimensión argumental: acontecimientos y procesos. Somos seres sociales: los acontecimientos históricos definen el marco en el que nuestra vida se desarrolla; hay acontecimientos sociales que determinan nuestra circunstancia, elecciones que otros tomaron y que afectan fuertemente en nuestras vidas. Que, por ejemplo, mis padres decidieran, o se viesen forzados, a cambiar de ciudad en la que vivir, explica que yo viva en una ciudad diferente a la prevista, lo que condiciona mi vida. Que haya una crisis económica, que viva en un país sin guerras…
A nivel personal, elecciones y decisiones fundamentales que tomamos, experiencias y vivencias concretas, pueden tener carácter de acontecimiento, de hecho dotado de un significado vital relevante. Hay acontecimientos que jalonan nuestra vida, hitos en el argumento vital, y de cuya importancia a veces nos damos cuenta con posterioridad.
Somos seres que interpretamos nuestras vidas. Esta labor hermenéutica la podemos realizar de una manera más o menos detallada. El pensar sobre nuestra vida, sobre los hechos fundamentales de la misma, es escribir una biografía, algo que podemos hacer de manera literal; si no la trabajamos, tenemos una forma algo vaga y poco consciente de la misma. Somos capaces de recoger nuestra vida en un relato que la haga inteligible a nuestros propios ojos. Ese relato, esa “identidad narrativa” (Ricoeur) puede cambiar en diferentes etapas y momentos ya que nuestros criterios y perspectivas se van modificado con los años.
Acontecimientos y proceso vital definen la estructura de la vida humana desde el punto de vista dramático, biográfico. Las artes narrativas cuentan historias. Las dos variables mencionadas estarán presentes en estas vidas imaginadas. A veces, el peso dramático de la historia será un acontecimiento, otras el propio proceso. En muchas ocasiones la historia entera será un acontecimiento que tiene él mismo un cierto carácter de proceso vital: una aventura, una historia de amor… Procesos orientados a tomar decisiones fundamentales, unos y otros, aquellos en los que se produce una transformación interior, son algunos tipos básicos.
En esta página hay reflexiones sobre algunas historias, muchas de ellas presentes en el cine, que narran procesos vitales. Al hilo de estas historias se pueden señalar algunas dimensiones básicas de estos procesos.
Crisis y vocación
Andrei Rublev (Tarkovski, 1966; reflexión aquí), el más famoso pintor de iconos de Rusia, vivió entre los siglos XIV y XV. La película nos lo presenta como un monje joven pintor, que entra en crisis y deja de pintar. Su vida parece estar definida por una doble vocación: la religiosa y la de pintor de iconos. El monje percibe que no hay unidad entre las dos, que la pintura de iconos no está alimentada e iluminada por la fe. Deja de pintar, calla. Hasta que reencuentra la unidad. Es un proceso de transformación interior que dura 23 años.
El hacer nuestra vida tiene como ingrediente básico el trabajo sobre uno mismo. Gran parte de este trabajo, en el que resuena el famoso mandato socrático del conocimiento y cuidado sobre uno mismo, está guiado por la autocomprensión. El conocimiento de sí y la aceptación de uno mismo, están íntimamente vinculados por aquello que el sujeto se siente llamado a ser. Como decían Ortega y los personalistas, el yo es vocación. En la vida, a través de las palabras de otros, de los acontecimientos, de historias contadas… descubrimos una llamada a ser y vivir de una determinada manera en la que el cada uno puede descubrir su lugar propio. Responder a esa llamada, como repetía Marcel, será la forma auténticamente humana y personal de vivir.
En la religión y en el arte se vive está dimensión vocacional de forma muy patente. En el caso de Rublev se viven las dos, y si se percibe falta de compatibilidad o coherencia entre las dos, sobreviene la crisis. La vocación es un ingrediente fundamental de la vida en su carácter dramático; la crisis es el otro gran momento. En todo proceso hay respuestas a llamadas y crisis en las que perdemos suelo.

Perder suelo es vivir la ausencia, aunque sea parcial, de un fundamento que nos sostenga. Una idea o convicción, un desempeño laboral continuado, una relación estable, la fe religiosa… En todos estos elementos vitales se pueden experimentar carencias de sentido y vigor que provocan la necesidad de una reorientación de la vida. En este caso, el protagonista experimenta una cierta falsedad, una falta de coherencia entre las dos vocaciones. ¿Dónde apoyar la vida?, ¿desde qué supuestos vivirla?
La crisis obliga a un trabajo sobre sí, a un replanteamiento de posiciones vitales. Hará falta una cierta transformación interior para vivir desde supuestos que se consideran más verdaderos, para ser capaz de captar esa llamada a una forma más veraz de vivir.
Una variante de la vocación es el propósito. El tener un propósito en la vida es una idea central que La strada (F. Fellini, 1954; reflexión aquí) describe muy bien. Sentirse necesario para alguien, sentirse útil, analizar las propias fortalezas, reconocer las fragilidades, son parte de un proceso de autoconocimiento que liga el proceso vital a la búsqueda del sentido.
Elecciones fundamentales y trabajo sobre las “representaciones”
Una variante del par crisis/vocación está muy bien ilustrada en la película Educando a Rita (L. Gilbert, 1983; reflexión aquí). La protagonista vive una crisis sentida como insatisfacción vital. En la insatisfacción sentimos que hay deseos hondos no satisfechos, sueños no cumplidos, que nuestra vida se ha quedado corta. “¿No hay más?, ¿esto es todo?”, pueden ser preguntas o quejas que expresen esta desazón.

Rita desea y lucha por un florecimiento personal a través de la creatividad literaria. Ese parece ser su camino, su vocación. La vitalidad sentida tras la decisión de emprender un nuevo rumbo en su vida es contagiosa. El atractivo de esta vocación alimenta su determinación en el trabajo que exige este proceso de crecimiento, un proceso en el que sabe que se irá descubriendo a sí misma. Este trabajo estará unido, como nos dice la protagonista, con un cambio interior, como en el caso anterior. Quiere tomar decisiones por sí misma, quiere ser interiormente libre, no vivir una vida marcada por expectativas sociales heredadas. No se trata de elegir lo que se supone que debe elegir una persona “de mis características” psicológicas o económicas.
El protagonista de Vive como quieras (F. Capra, 1938; reflexión aquí) también vive una insatisfacción. Se espera de él que cumpla un papel social concreto. Con ayuda de otros, descubrirá lo que en el fondo quiere, siendo así más libre y feliz. Este trabajo de descubrimiento, que le dará fuerzas para dar un salto existencial, para atreverse a vivir como en el fondo quiere, está posibilitado por un trabajo, ya mencionado, sobre la autocomprensión. Aquí el acento está puesto en las ideas o “representaciones” (Epicteto) que hemos interiorizado a lo largo de nuestra vida. Para tomar determinadas elecciones fundamentales necesitamos liberarnos de ideas y de miedos que atenazan, de resistencias internas; hay que renunciar a algunas seguridades que a pesar de jugar un papel beneficioso, pueden cerrar trayectorias más deseables.
El análisis citado de lo que en el fondo queremos tiene una variante muy interesante en Stalker (A. Tarkovski,1979; reflexión aquí). Los protagonistas descubrirán que sus deseos de fondo, sus recónditos anhelos, son de naturaleza ambivalente. Por eso no se atreverán a traspasar el umbral que haría posible su cumplimiento. La película narra ese proceso de autoconocimiento, pero se detienen antes de alcanzar la meta. Tal vez, después de esta experiencia, cambiarán sus vidas. No lo sabemos.
En la siguiente entrada continuaré con esta reflexión de síntesis.



