Jorge Guillén, poeta de la alegría. Poemas del despertar en “Cántico” (1928/1950)

Jorge Guillén (Valladolid, 1893 – Málaga, 1984) es uno de los grandes poetas españoles del siglo XX. Perteneciente a la Generación del 27, fue lector de español en La Sorbona (1917-1923) y Oxford (1929-1931) y profesor de literatura en las universidades de Murcia y Sevilla tras realizar un doctorado sobre la obra de Góngora. Tras exiliarse en 1938, dio clases en Montreal y después, en el Wellesley College de Boston, desde 1941 a 1957. Entonces se traslada a Málaga aunque sigue impartiendo clases en diferentes países. Recibió el Premio Cervantes en 1976 y fue nombrado Académico de Honor de la Real Academia en 1978.

Tomada de pexels.com

Aire nuestro es el título de su obra poética completa compuesta por varios poemarios que fue publicando a lo largo de los años. Cántico, en sucesivas ediciones: 1928 con 75 poemas, 1936 con 125, 1945 con 270, y en 1950 con 334. Su segundo gran poemario es Clamor, dividido en tres partes (1957-1963) al que le siguen Homenaje (1967), Y otros poemas (1973) y Final (1981). Ya comenté los poemas iniciales (aquí y aquí) de Aire nuestro que figuran como Prólogo de la obra completa. Ahora quiero ir comentando algunos poemas de su obra más conocida, Cántico. Utilizo la edición preparada por Óscar Barrero publicada por Tusquets en 2008. Citaré con números el lugar que ocupan los poemas: la parte y la subdivisión si la hay.

Son varios los poemas que Guillén dedica a la experiencia del despertar en el que asiste a la presencia de lo real. A lo largo de Cántico, sobre todo al comienzo de cada una de las cinco partes, Guillén describe de manera detallada el aparecer del mundo, la experiencia de volver a asistir a la presencia de lo real. Algunos poemas que tratan este tema son: Más allá (1, I; verdadero resumen de su visión al respecto), Los nombres (1, I), Tiempo perdido en la orilla (1, I), Alborada (1, II), Cuna, rosa, balcón (1, III), Luz diferida (1, III), Paso a la aurora (2), Amor a una mañana (2), Fe (3, II), Amanece, amanezco (3, III), Buenos días (3, IV), Ahora sí (3, V), Los balcones del Oriente (4), Gallo del amanecer (4), Mundo en claro (5, I), Del alba a la aurora (5, II).

Guillén es poeta de la alegría, de una alegría vivida como temple de ánimo fundamental despertado por la experiencia sencilla y directa del hecho de ser.

Ser, nada más. Y basta.

Es la absoluta dicha.

(Más allá)

La dicha de ser y de querer ser

¡Ah!

De pronto, sin querer,

Heme aquí. ¡No soy fantasma!

(Mundo en claro)

Así comienza el poema, con esta feliz constatación de volver a experimentar que es, que está. Que es real y no un “fantasma”, como si el dormir, el no poder asistir con conciencia a lo que es, conllevase una irrealidad, una inconsistencia que le lleve a considerar su ser como algo inconsistente, ligado a la mera imaginación, al sueño.

Lo oscuro pierde espesor.

Triunfa el cristal.

(Mundo en claro)

Albert Bobois-Pillet, Las orillas del Marne al amanecer, 1888 (fuente: WikiArt)

Ser o ser real, parece decir el poeta, es la primera palabra para una conciencia despierta que asiste a la maravilla de lo que es. O como él dice: “heme aquí”, queriendo simplemente afirmar que es, que está. Esta expresión, “heme aquí”, ha tenido casi siempre un carácter responsivo. Es una vieja expresión, presente en el castellano antiguo de Berceo, utilizada para indicar el hecho de personarse, para manifestar el hacerse presente ante alguien, como respuesta a una solicitud, a un requerimiento o pregunta. Tiene una fuerte referencia bíblica, profética, y ha sido utilizada en las traducciones como en el caso, por ejemplo, de Isaías 6, 8: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí”. El poeta transforma el carácter tradicionalmente responsivo de esta expresión con una manera de declarar al mundo que está.

Esta fenomenología del despertar, del aparecer de lo que es que se hace presencia, se completa con la constante afirmación del dinamismo de la realidad que atraviesa esta visión poética. Lo que es y se muestra, manifiesta también su “brío para ser». Ser apunta a ser más, lo cual el yo lírico lo vive en primera persona, como “quiero ser».  Llevados por el poeta, con su escritura densa y clara, nos recuerda algo básico y esencial: la vida tiene en sí misma su propia luz, somos, y somos animados con la fuerza de la aspiración a ser más.

Corre la sangre, corre

Con fatal avidez.

A ciegas acumulo

Destino: quiero ser.

(…)

Todo me comunica,

Vencedor, hecho mundo,

su brío para ser

de veras real, en triunfo.

(Más allá)

También Claudio Rodríguez en El don de la ebriedad (1953, comentado aquí) participa de estas ideas. La propia lógica del ser y de la vida expresan ese dinamismo que quiere ser, esa fuerza.

La flor vive

tan bella porque vive poco tiempo

y, sin embargo, cómo se da, unánime,

dejando de ser flor y convirtiéndose

en ímpetu de entrega.

(Libro 1, IX)

Ser, vivir, es lo básico y, a la vez, lo plenario como dirá Guillén. La luz que va iluminando todo lo que rodea al yo que despierta, que entre sombras guarda su carácter de enigma, hasta que la claridad lo invade todo.

La gracia de Aparición

Y ágil, humildemente,

La materia apercibe

Gracia de Aparición:

Esto es cal, esto es mimbre.

(Más allá)

Guillén habla de la “gracia de la Aparición”. El yo que despierta está ante las cosas que se le aparecen como regalo. Esta aparición nos habla del darse a conocer, del manifestarse, algo que en estos poemas se analiza con detalle. Veamos algunas dimensiones del acto de aparecer.

  • Por una lado, la luz que ilumina y que permite que sean vistas, hace posible este aparecer.

  • Por otro lado, el disponerse de las mismas cosas a manifestarse (“apercibir”), como si en ellas hubiera una fuerza (“brío para ser”).

La luz y el disponerse de las cosas, permiten que la aparición se entienda como nombre. Las cosas vistas se van reconociendo en el despertar, son “nombres”.

Albor. El horizonte

Entreabre sus pestañas

Y empieza a ver. ¿Qué? Nombres,

están sobre la pátina.

(Los nombres)

  • Y el mismo estar despierto, la conciencia intencional del yo lírico como forma de apertura dispuesta a acoger esta “gracia”, esta “dádiva”. Una apertura modulada por la alegría que expande existencialmente la conciencia y que dispone a la acogida.

Que a conciencia me arrebate

De una vez la primordial

Aparición.

(Del alba a la aurora)

 

–La fe en un mundo de gracia,

Regalado–

(Mundo en claro)

                    Dádiva

De un mundo irremplazable:

voy por él a mi alma.

(Más allá V)

Como dice en Más allá, este aparecer del ser es “avasallador” e “implacable”, a la vez que apunta a un “más allá”. Y es una presencia que descubre la realidad íntima del yo lírico en la sencilla experiencia del vivir un nuevo día. Una presencia que hace ser a través del aire que llena los pulmones.

La concordancia que colma

Soy, más, estoy. Respiro.

Lo profundo es el aire.

La realidad me inventa,

Soy su leyenda. ¡Salve!

(Más allá)

“La realidad me inventa” a la vez que “me embarga” (Alborada). Se realiza un movimiento complementario entre el salir de sí que sigue la lógica del asombro y del sentirse arrastrado, y aquello que me llena con su presencia logrando así ser leyenda de lo real, ser en el que se pueda leer lo plenario.

La misma experiencia del vivir me impulsa “más allá”. Esa presencia luminosa “me inventa”, dota de vitalidad expansiva al yo que habla en estos poemas. Esta invención, este hacer ser, tiene como base literal el respirar. Al hacerlo, siento ser, el yo siente la vida, el existir en presente perdurable. Y el querer ser, el ser para ser, empuja a ir más allá, siguiendo la lógica de la vida, de lo real. La pujanza, el ímpetu que empuja a ser se vive afectivamente como alegría. El yo lírico parece decirnos que al ser la realidad la que le inventa en cuanto que asiste a su presencia, es esa presencia la que hace ser, una presencia de la que depende, como nos dirá Guillén. Aquí no hay atisbo de pobreza o carencia, de pérdida. Solo ganancia, llegar a ser. Esta dicha es el polo opuesto a la angustia en la que se vive la nada, la inconsistencia, angustia en la que se sufre el no poder respirar, base real y símbolo de la vida para Guillén.

Una convicción. Se entraña

Mi ser en mi ser. Yo soy.

(Mundo en claro)

Tras la rotunda afirmación inicial arraigada en la experiencia diaria, la descripción poética del proceso del despertar incluye la idea clave del sentir una unificación íntima: “se entraña mi ser en mi ser”. Ya el básico hecho de respirar, al que Guillén da tanta importancia como acto sensible en el que experimentamos la concordancia, el ajuste con el mundo, manifiesta esta propiedad de la vida tan importante. “Entraña” habla de un dentro físico que apela a lo íntimo, siendo lo entrañable lo íntimo y aquello que despierta un fuerte afecto.

Y con la reunificación íntima, el ajuste con el mundo:

Y se congracia

La respiración –hay paz

Tuya en la noche estrellada–

Con el latido del orbe

(Mundo en claro)

En definitiva:

No hay ventura

Mayor que esta concordancia

Del ser con el ser.

(Mundo en claro)

Cuando el yo lírico experimenta este ajuste, vive la plenitud y la alegría de ser de la que ya hemos hablado. Acoger la aparición es una experiencia que colma el anhelo y deseo humanos.

Ese cielo de ahora

–Aire que yo respiro–

De planeta me colma.

(Más allá VI)

Claridad, potencia suma:

Mi alma en ti se consuma.

(Amor a una mañana)

Carlos Bousoño, en Invasión de realidad (1962, comentado aquí) expresaba, como deseo en este caso, tras la crisis religiosa, algo parecido:

Tu don de serte vivo,

tu realidad, me baste.

Depender en alegría

Chagall, La joie, 1980 (litografía)

        Son varias las claves que han aparecido hasta ahora.

  • Ser, el hecho de tener conciencia de ser, de estar aquí, que es la “absoluta dicha”. Ser es experimentar una forma de plenitud, fuente de alegría.

  • Ser es querer ser, querer crecer, seguir siendo. El ser tiene carácter de pujanza.

  • La concordancia entrañada del ser propio con todo lo que es, del “ser con el ser” en definitiva. La alegría se nutre de este ajuste en el que el yo se expande.

  • El vivir se muestra como una experiencia de consumación. Si lo real colma (“mi alma en ti se consuma”), es que hay un deseo de ser que se satisface, y que lo que colma tiene carácter de don, regalo, dádiva.

Dependo en alegría

De un cristal de balcón,

De ese lustre que ofrece

Lo ansiado a su raptor

(Más allá)

La sencilla concordancia entre las cosas, el sentirse partícipe de un mundo que invita a vivir, el recuerdo de las cosas sencillas como el cristal de una ventana en la que reflejan las cosas, el sol, las caras… El yo íntimo siente su relación armoniosa, su dependencia con todo lo demás. No una dependencia que hable de falta o carencia de algo que debería tener. Es una dependencia “alegre”, un sentir como necesaria la interrelación con las cosas.

No es el canto épico de las hazañas o de las grandes gestas. Es el canto de lo básico y sencillo, del mismo hecho de ser. La sencilla experiencia del despertar, del respirar, el asistir a la

Amorosa perfección

De la vida cotidiana

(Mundo en claro)

Cántico es la expresión de la alegría.

Vuelve a su luz

Inmortal, a esta diaria

Tensión de amor el prodigio

Del mundo. Amor: escala,

Única tal vez, a vida

Sin término–

(Mundo en claro)

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