Continúo en esta entrada (reflexión anterior aquí) con algunas reflexiones sobre diferentes facetas del amor. Las historias de amor están atravesadas muchas veces de dolor.
Falsos amores: amores posesivos
Algo que se opone al amor personal es la pretensión de usar a la otra persona como medio. En el cine negro clásico destaca el personaje-tipo de la femme fatal que, usando su poder de seducción, pretendía, con éxito o no, usar al hombre para salir de una situación de opresión. Era un medio de liberación. Un buen ejemplo es Perdición (B. Wilder, 1944; reflexión aquí). Aparece la idea del afán de dominación, del cual se puede ser víctima y, a la vez, protagonista sobre otra persona. Puede verse, entre las películas comentadas, Deseos humanos (F. Lang, 1954; reflexión aquí).

La seducción busca, en este ejemplo, un modo de vida definido por una cierta ilusión de posesión: “me tienes a mí, a quien todos desean”. Con el manejo de tal promesa, se quiere doblegar la voluntad del hombre seducido. Se promete una vida exitosa, y se le obliga a realizar actos que pueden llegar a ser criminales. Aquí no hay amor, sino un uso del deseo en un juego de posesión y dominación. El amor afirma el ser de la persona amada y nunca se vivirá según la lógica de la posesión y la dominación.
Laura (O. Preminger, 1944; reflexión aquí), presenta otro tipo de amor posesivo. El que vive uno de los protagonistas, el periodista Lydecker, que se cree con derecho sobre ella al pensar que él ha sido el gran artífice de Laura, que la ha “educado”, para llegar a ser quien es. En realidad, se ha enamorado de una imagen, de un sueño que, si no le corresponde, merece morir. El “tú me perteneces” es lo contrario al amor.
Dificultades de origen social
Las historias de amor se dan en un contexto social. En Cinema Paradiso, los jóvenes enamorados no pueden proseguir con su relación por la razón perenne y universal de que ambos pertenecen a clases o esferas sociales muy diferentes y la familia de alguno de los dos, en este caso la de ella, impide la relación. Nadie sabe si en este tipo de situaciones la historia de amor llegaría a consolidarse más allá de las primeras fases. Pero en estas ocasiones, la relación se trunca desde fuera. Algo parecido en su estructura pasa en El nuevo mundo (T. Malick, 2205; reflexión aquí), donde las diferencias culturales enmarcadas en un sistema de dominación estructural condiciona las historias de amor. Cuando las diferencias sociales y culturales se muestran y perciben de manera tan nítida, la igualdad entre los amantes se puede llegar a eclipsar. Al menos, así lo ven otros. El amor crece y se desarrolla en la igualdad de valor de los que se aman. Hay diferencias socioculturales a las que se han dado o se dan una relevancia significativa: económicas, culturales, religiosas, de raza… Esas diferencias amenazan para algunos la idea de igualdad en el amor que, en realidad, todos compartimos. Amar aquí a veces se traduce en luchar para que los demás acepten ese amor.
A veces no se trata de luchar contra el rechazo de los próximos, sino contra nosotros mismos. En Historia de una escalera, de A. Buero Vellejo (1949; reflexión aquí), se describen causas y actitudes del inmovilismo social que empobrecen las trayectorias vitales. Los sueños e ilusiones forman parte de las historias de amor. En su etapa inicial, y más cuando los enamorados son jóvenes, el carácter proyectivo de la vida se vive con intensidad y de manera muy positiva. El amor, por sí mismo, es fecundo, mueve a obrar, a crecer juntos. Este impulso puede no desaparecer nunca, aunque se va modulando con el paso del tiempo.

La obra traslada la idea de que las actitudes personales se van cerrando, describiendo cómo algunos personajes se resignan a no aspirar a más. Los jóvenes ven a sus mayores como personas vencidas por la vida, que no han sabido o no se han atrevido a mejorar. Han renunciado a vivir de manera libre y se han sometido a expectativas sociales empobrecedoras. La pesimista conclusión de la obra será que la joven pareja reproducirá la forma de vida que no querían vivir. Una versión opuesta, esperanzada, la encontramos en la película de F. Capra, Vive como quieras (1938; reflexión aquí) en la que se describe muy bien el trabajo sobre las propias ideas que muchas veces estorban la realización de los deseos de fondo y que tanto impiden desarrollos vitales satisfactorios.
Consistencia humana
A la influencia de lo social en la vida personal hay que unir la disposición interior. En la película dirigida por F. Truffaut, basada en la novela de Ray Bradbury, Fahrenheit 451 (1966; reflexión aquí), el protagonista está casado con una mujer que vive según las expectativas sociales dirigidas desde el poder despótico a través de la televisión. Ella es un personaje hueco y la relación con ella sigue esa lógica de vaciedad. Él conoce a una mujer con verdadera consistencia humana que está interpretada por la misma actriz, un gran acierto de la versión cinematográfica. Se presentan así, de manera esquemática, dos posibilidades humanas fundamentales: vivir desde fuera, desde tópicos que no tienen mayor significación vital, o vivir desde dentro, con convicciones que estructuran la persona. Amar a alguien es amar a alguien real. Si la persona amada, o uno mismo, es una persona inconsistente, la relación amorosa no podrá prosperar.
Bergman es reconocido unánimemente como uno de los grandes directores de cine así como autor de guiones en los que analiza oscuros recovecos del alma. En Vergüenza (1968; reflexión aquí), la grave circunstancia externa lleva al marido, más que a la mujer, a responder con violencia, a dejarse llevar por el miedo. La guerra conlleva graves carencias vividas así como, en este caso, la aceptación a hacer o dejar hacer lo que en otras circunstancias nunca se haría. Esta corrupción moral va destruyendo la relación. Las dos personas, en diferentes grados, se van deshaciendo interiormente. La inconsistencia interior va aumentando.

En otra de sus películas, Fresas salvajes (1957; reflexión aquí) el protagonista recuerda su vida con dolor. La dedicación excesiva al trabajo empobreció su relación matrimonial. El amor necesita tiempo y dedicación como bien sabemos. Su nuera le recrimina una gran dureza de corazón que conlleva una gran incapacidad para amar. Es una rigidez interior recubierta de rigorismo moral que tiene en la base fracasos amorosos no asumidos.
El amor es el gran motor vital. En el ámbito de las relaciones personales, el amor como motor requiere que este sea un verdadero amor que busque el bien del otro. En otros ámbitos de la vida, el amor hacia uno mismo puede mover mucho, pero esto se opone al amor relacional. En este ámbito el amor es fuerza de superación, una fortaleza que ayuda al desarrollo de actitudes personales. La relación fortalece a sus miembros. Vivir situaciones como algunas de las mencionadas supone un desafío a la hora de encarar la vida. No debería caber una mirada ingenua sobre el amor que llevase a afirmar que todo lo difícil se puede superar con facilidad. Eso sería una frivolidad. El carácter expansivo del amor potencia el anhelo de superación de los que se quieren, y puede ser una convicción que sostenga la lucha en tiempos de incertidumbre.
Amor y conexión personal
Un aspecto muchas veces presente en el amor relacional es la presencia de una conexión especial entre las dos personas que se aman. En las películas de la trilogía Antes del… amanecer/atardecer/anochecer (R. Linklater 1995/2004/2013; reflexión aquí), los dos protagonistas experimentan esta conexión desde el inicio. Están a gusto juntos, y en las conversaciones que mantienen, rasgo distintivo de las películas, se vive esa especial afinidad. La comunicación, la confianza, la complicidad, el respeto, así como las diferentes formas de compartir su intimidad, son rasgos que definen un amor relacional verdadero.
Siempre habrá diferencias que molesten, algo a cuidar en el paso del tiempo, pero la voluntad de estar juntos, el amor como motor de florecimiento personal, estará presente. Vidas pasadas (C. Song 2023; reflexión aquí) cuenta una original historia de amistad y amor. Entre otras facetas, la película muestra de manera clara la amistad como ingrediente del amor relacional. A veces se distingue, y con razón, entre amistad y amor de pareja: se puede ser amigos sin vivir lo que entendemos por un amor de pareja. Pero la viceversa no se cumple: el amor de pareja debe incluir la amistad. Lo hará de una manera especial, propia, diferente a otras amistades. Pero la complicidad, el tener vínculos de unión, o las características enumeradas en el párrafo anterior, se dan en la amistad. La alegría del estar juntos y la compenetración son otras formas de describir esta conexión y afinidad especiales.

En el amor se vive la referencia a un tú concreto, referencia que forma parte del yo. Experimentar la mutua respectividad es una forma de vivir esa conexión. En ella, cada uno se muestra sin disfraz, sin representar un papel. Esa autenticidad es un cierto descanso, como cuando vuelve a casa desde la calle. Ser yo verdaderamente. Si no vivimos la complicidad con otros, siempre actuaremos como representando un papel social, no en el sentido de fingir quien no se es, sino en el sentido de actuar de manera parcial: como cliente, como vecina, como alumno…
Ser yo verdaderamente se experimenta, según todo esto, en la relación con la persona con quien se comparte una vida. La referencia al tú es fuente principal de la identidad del yo. El amante se sabe y se experimenta como el tú de la persona amada. “Tú”: ese será su verdadero nombre, como tan bien describió Pedro Salinas en La voz a ti debida (1933; reflexión aquí).
Hacia la maravilla
To the Wonder es una película de T. Malick de 2012 (reflexión aquí) que expresa de manera condensada muchas de las reflexiones vistas. La referencia a la maravilla indica que el amor es lo culminante en la vida, que aúna en sí el anhelo fundamental, así como la dicha vivida en la alegría del estar juntos. El amor une y transforma a los amantes que, en su historia de relación pasan por altibajos. En las historias de amor hay historias de dolor en las que la incomunicación se hace presente.
Esto último es un ingrediente siempre presente aunque se presenta de diferentes formas y grados.



